Pero papá…

Hoy es el día del padre y como tal recomendaré un cuento en el que el protagonista es un papá muy simpático y un tanto despistado. Esos papás que nos hacen arrancar una sonrisa.

Pero papá…, de Mathieu Lavoie e ilustrado por Marianne Dubuc (Ed. Juventud).

3984

Marianne Dubuc es la ilustradora de esta simpática familia de monos. Es la hora de ir a dormir y papá les desea las buenas noches a sus dos hijos, pero es un tanto despistado y se olvida de todo: de los pijamas, de los muñecos, de los vasos de agua… ¡e incluso de la cama! Un sinfín de excusas por parte de los niños para no irse aún  a dormir… con las que nuestros peques se lo pasarán en grande e incluso se podrán sentir identificados… ¡Que levante la mano quién haya pedido un vaso de agua justamente en el momento de ir a dormir!

Es un cuento sumativo, a nivel visual; las ilustraciones se van completando a medida que los hijos le piden a papá alguna cosa nueva. Así que las primeras imágenes son de fondo blanco y se va llenando de los objetos que papá se va había olvidado.

 

 

Realmente es un cuento bonito y divertido para compartir con nuestros hijos. Le da un toque de humor a la rutina de la noche, y, además, es papá quién se encarga de ella… como en muchas casas.

Un libro con el que disfrutarán sobre todo los niños y niñas a partir de 3 años.

 

Si queréis conocer más libros en los que el padre es el protagonista, leed las siguientes propuestas o seguid el HT #leemosconpapa en twitter:

http://www.lamamafaelquepot.com/2015/03/Leemos-con-papa.html

Revisión 4 meses y más

Aina ya ha cumplido los 4 meses y fuimos al pediatra para su revisión. Va bien de medida y peso, le pusieron sus vacunas y ya nos explicaron qué alimentos le podemos ir introduciendo.

Una de las primeras preguntas que nos hizo la infermera fue que qué marca de leche habíamos comprado para Aina (pues sabía que había empezado ya a trabajar). Cuando le dije que ninguna me miró sorprendida y ella misma me dijo que qué bien que pudiera darle aún de mi propia leche. Cuando llegó el momento de la revisión por parte del pediatra, la infermera le hizo notar que la niña estaba hermosa y perfecta de peso para el tiempo que tiene y va y le dice en tono como “burleta” (hacia él, pues es un poco anti-lactancia materna… o más bien pro-leche de fórmula) que la niña está así de bien alimentada con lactancia materna exclusiva; espero unos segundos para decirle y hacerle notar que “y además, la madre ha empezado a trabajar y han seguido con la lactancia”. Lo dijo en plan logro triunfante para tirarle por tierra sus creencias anti LM. Me hizo gracia la respuesta del pediatra pues no podía negarse a la evidencia y solo acertó a decir que si me sale suficiente leche pues que sigamos así.

Luego fuimos comentando los alimentos que se pueden introducir a partir de los cuatro meses, y hemos empezado con las frutas, tal como hicimos con Biel. La primera con la que hemos empezado ha sido la naranja (en forma de zumo) y al cabo de tres días le introducimos la pera (con Biel fue el plátano, curioso como de pediatra a pediatra cambian el orden de las frutas). De momento va bien, a ver qué tal con la manzana y el plátano que serán las siguientes. Nos dijo que los cereales en todo caso los empecemos a los cinco meses, ya que ve que está bien de peso y aguanta lo suficiente por la noche.

El caso es que desde hace unos días (dos-tres días) que la niña ya no me duerme tan seguido por la noche. Lo máximo que aguanta son cuatro horitas. Y este fin de semana me he pasado la noche levantándome a buscarla a la cuna y pasándomela de teta en teta pues ha tenido despertares frecuentes. No sé que le debe pasar que de repente ya no duerma tanto… ¡ya no puedo presumir de dormilona! 😉

Y nada, el miércoles será un día duro pues tengo cursillo y llegaré hacia las ocho-ocho y media de la noche. Estaré doce horas fuera de casa… doce horas sin mis peques. A ver como paso yo el día, pues por la tarde no podré sacarme leche (al mediodía sí).  En fin. Que parece que los cambios nos van afectando a todos, incluso a la peque. Ya os iré contando.

Y de nuevo… dormir

Antes me he parado a leer una de las entradas antiguas que explicaba las rutinas de sueño de mi hijo cuando era pequeño, y me he parado a sonreir de lo diferente que está siendo con mi hija… ¡Quién me lo iba a decir!

Hablaba yo de los métodos que se pueden encontrar por internet y de las rutinas que llevaba a cabo con mi niño, pero no hay nada como la experiencia; y es que cada niño es un mundo y yo tengo a dos casos bien distintos.

Biel siempre fue un niño más inquieto a la hora de dormir. Recuerdo la primera noche en casa que nos volvimos locos porque no me subía la leche y fue cuando le dimos el primer biberón. Nos aguantó unas dos horas seguidas durmiendo. ¡Fue un gran logro! Contando que era la primera noche, era normal, pecamos de los nervios de primerizos, pero Biel continuó siendo un niño de dormir más bien poco. Con la toma de biberón de la noche, que le dábamos después del baño, aguantaba un máximo de cinco horas, y desde que se despertaba lo pasábamos a la cama donde yo le iba dando el pecho cada vez que despertaba. Como mínimo se despertaba un par o tres de veces por la noche. Y así hasta más mayorcito que hicimos el intento de pasarlo a la cuna, que ya no tomaba pecho, y fuimos combinando cama y cuna… Luego ya es verdad que estuvo un año y algo durmiendo con nosotros y eventualmente en su cama. Así que colechábamos. Cuando lo hacíamos dormía del tirón. Ahora duerme ya en su cama, pero siempre tenemos que ir a dormir con él y a media noche nos lo encontramos que viene hacia nuestra cama donde ya se queda hasta la mañana, llegando a ser a veces ¡cuatro en la cama!

Aina, por el contrario, está demostrando ser una niña muy dormilona de noche. Durante el día le cuesta coger el sueño, sobre todo si estamos fuera de casa. Si estamos fuera como mucho aguanta media hora dormida. En cambio en casa puede hacerse una siesta de dos horas tranquilamente. La gran diferencia está en la noche. Le doy el pecho y cuando ya está dormida la paso a la cuna y allí se queda durmiendo hasta la mañana. ¡¡Me ha llegado a aguantar ocho horas seguidas de noche!! Hoy ha ido más allá y me ha demostrado que puede dormirse sola en la cuna. Le he dado el pecho en el sofá y se me ha desvelado, luego al intentarle dar el pecho en la cama me ha dicho que “nanai” así que la he dejado en su cuna (que está en nuestra habitación) con la musiquita de uno de los muñequitos que le trajo Papá Noel, y poco a poco ha ido cogiendo el sueño hasta dormirse del todo… Ahora a ver hasta cuando aguanta, pero si sigue como estas últimas semanas no espero menos que seis horas seguidas.

Imagen niño cama A la cama M. Ben-Arab

 

Así que ya veis, no hace falta hacer nada en especial. Cada niño es un mundo y cada niño tiene sus necesidades. Aina por ahora es así, se toma su teta y bien llenita y feliz se pone a dormir; en cambio Biel necesita más del calor de sus papis para poder dormirse. Conclusión: no hay que agobiarse e intentar acoplarse de la mejor manera para dormir. 

El traslado a su cama

Como bien sabéis nosotros no tenemos ningún problema en practicar el colecho aunque alguna vez habíamos probado de trasladar el peque a su cuna. Durante el verano no hubo problema, pero desde setiembre a ahora no había manera. Solo quería dormir con nosotros.
Pensando pensando en como hacer que durmiera en su cama sin tener que pasar por métodos traumáticos, pensé en la opción de convertir su cuna en mini camita, así que un buen día le quitamos los barrotes. El niño estaba encantado de la vida, parecía que tuviera una habitación nueva. Se pasó la tarde subiendo y bajando de la cama, sentándose en ella, jugando un poquito encima… pero la prueba final nos esperaba por la noche. Yo tengo claro que lo que le pasa a mi peque es que le gusta dormirse notando la presencia de su madre o su padre así que una vez cenó y se tomó la leche, fuimos a la cama donde nos tumbamos los dos mirando las estrellas que tenía proyectadas en el techo y escuchando música relajante (de una lamparita que tiene). Poco a poco se fue durmiendo y yo me pude separar de él. 
Su cama
A media noche se despertó solo un par de veces, que simplemente con darle el chupete o hacerle una caricia se dormía enseguida. La segunda noche la durmió del tirón hasta las 6:30 (hora que empieza a haber movimiento en casa) y así hasta el día de hoy. Resulta ser que lo que le agobiaba de la cuna eran los barrotes, él quería una cama de mayor, como la que dormía con nosotros. Lo bueno es que aunque se despierte a media noche no se levanta de la cama.
A ver hasta cuando dura, pero de momento estamos encantados… aunque, todo sea dicho: ¡¡las primeras noches le eché mucho de menos!!

En mi cama somos tres

Imagen de Sarai Llamas

Con esta frase queda claro que en mi casa se practica el colecho. Ahora bien, analicemos como hemos ido a parar a dormir los tres juntos y qué opinamos al respecto.

No sé si he contado alguna vez que antes de que naciera Biel yo tenía claro que él dormiría en su cuna, nosotros en nuestra cama, etc, etc… Pues bien, por lo mismo que pasó con la lactancia que hasta que no te encuentras en situación realmente no puedes saber qué tan fácil es seguir con tus premisas pre-maternidad, nos hemos encontrado que al final dormimos los tres en la misma cama y no es un drama. Al menos para nosotros. Al menos algunos días.
Cuando Biel nació llevamos el moisés a nuestra habitación, para que tuviera al niño más cerca cada vez que se despertara para pedir pecho. Se despertaba mucho por la noche. Cada hora y media, máximo dos, el peque se despertaba. Yo lo pasaba a la cama y le daba el pecho. El se cogía a él y comía un poquito. Enseguida se dormía en el pecho y yo, muchas de las veces, me dormía con él. Cuando no me dormía lo volvía a pasar a la mini cuna hasta que se despertaba de nuevo y volvíamos a repetir el proceso. 
La cosa se fue complicando cuando empecé a trabajar, hará un año y un mes. Aún le daba el pecho por las noches y yo iba MUY CANSADA entre la vuelta al trabajo y el dormir poco por las noches. Así que cuando se despertaba para tomar pecho ya lo dejaba durmiendo a mi lado, no lo volvía al moisés. Al cabo de un mes de empezar yo a trabajar, Biel dejó de pedir pecho por la noche. Es decir, se despertaba pero no quería comer. Solo quería dormir con nosotros. Así que dejamos que durmiera con nosotros ya que era lo que mejor nos iba para poder descansar. 
Y así hasta el verano. Durante el verano, ya expliqué en alguna entrada, Biel parecía que empezaba a independizarse de nosotros. Hubo unos días en que se dormía solo en su habitación e incluso dormía del tirón nueve horas seguidas o más… Ya no pedía volver a nuestra cama.
Fue empezar el nuevo curso y él querer volver a la cama con nosotros a media noche. Ahora directamente, lo dormimos con nosotros y ya no duerme en la cuna, que lo hace solo en contadas ocasiones y siempre despertándose a media noche. Para nosotros es mucho más cómodo dormir juntos porque así no sufrimos de los despertares nocturnos y podemos dormir del tirón. Ahora bien, es cierto que a medida que crece se va moviendo más y da más golpes. Mi marido, sobre todo, sufre de sus patadas.
Hasta aquí sería algo normal (bajo mi punto de vista). Ahora bien, parece ser que no lo es y para la gente que no lo es da su opinión y clama que nos está tomando el pelo. El comentario number 1, sin embargo, se lo lleva la infermera de la pediatra durante la revisión de los 18 meses. Al preguntarnos que como dormía le dijimos que bien, que lo hacía del tirón. Preguntó entonces si lo hacía en su cama y nosotros dijimos que dormía en nuestra habitación. Entonces ella ya empezaba a encenderse y volvió a preguntar si es que teníamos la cuna al lado de la cama y dijimos que no, que dormíamos en la misma cama. Entonces nos dijo que esto no podía ser, que teníamos que ponerle a dormir en su habitación, que tenía que aprender a dormir solo y que, aunque fuera muy bonito verle, olerle, notarle, etc, ERA ANTIHIGIÉNICO. Eso nos dijo. Mi marido y yo callamos como tumbas y solo le dijimos que vale, que ok, pero que para nosotros era lo más cómodo y que veíamos bien que durmiéramos juntos. Ella calló y vino la pediatra. Ella nos volvió a preguntar que cómo dormía y al decirle que bien no indagó más. Nosotros no especificamos más, claro. La infermera, al cabo de un rato dijo que qué opinaba la pediatra de qué durmiéramos juntos y al decirle nosotros que no se lo habíamos comentado nos miró con cara de “no habéis dicho nada para que no os abroncara” y pareció que iba a por ella, pero dio media vuelta y simplemente nos dijo un buenas tardes de despedida…
Cierto es que para nosotros es lo más cómodo, pero también entiendo que mucha gente no sea partidaria de compartir cama con el peque, por X motivos… pero si nosotros lo hacemos, ¿qué tiene de malo? ¿Acaso dormirá con nosotros cuando sea un adolescente?¡¡¡Espero que no!!! Como maestra entiendo la importancia del querer educarle el sueño, que tenga una serie de rutinas y espacios que identifique como suyos. Como madre, el dormir con él, además, me da la tranquilidad de tenerle, de palparle, de saber que está bien. En la práctica no es tan fácil enseñar a dormir a un peque en su cuna… si él reclama a la madre, ¿por qué negarle ahora? A lo mejor es una manera de pedir que estemos por él, de no dejarle solo… No sé… pero solo sé que no me siento mala madre por dormir juntos los tres.

Primera separación en 16 meses

Ya ha llegado octubre. En este mes había un par de cosas importantes, a parte de las ya relacionadas con el curso y festejos varios, como la llegada del otoño y la castañada. Una de las cosas importantes ya ha pasado: la reunión de inicio de curso con los padres de los niños. Reunión hecha, todo bien, una crucecita marcada en el calendario. Ahora bien, falta la siguiente cosa importante: LAS COLONIAS. 
En mi escuela las colonias las intentamos hacer lo más pronto posible (excepto en parvulario y ciclo inicial, que las dejan para el final de curso) y nosotros, en cuarto de primaria, solemos ir sobre estas fechas. Así que ya me veis preparando actividades pre-colonias, hablándoles a los niños de las mil y una activididades que haremos (vamos a un “campo de aprendizaje”) y de verles sus caritas de ilusión porque nos vamos de colonias. 
A mí me suelen gustar las colonias. Al sitio donde vamos estamos muy bien, no está lejos de nuestra ciudad y por lo tanto el viaje no se hace muy pesado. [Anécdota: Una vez fuimos a una casa de colonias a dos horas en autocar y casi me entra un soponcio… además que era una carretera de curvas y tuvimos los típicos percances de este tipo de viaje… (y yo en aquellas colonias iba embarazada de dos meses!! Así que imaginaros!). Pero este año no vamos a ese sitio, nos quedamos más cerca].  Pero el caso es que este año no voy con la misma ilusión de siempre. Este año me voy con una pena enorme. Sí, sí… a lo mejor pensareis que soy un poco pánfila pero es que no puedo dejar de pensar en que pasaré dos días sin mi niño. DOS DÍAS! Una eternidad para mí… 
Hoy ya le he empezado a decir que me iré dos días fuera, que no dormiremos juntos, que tendrá que dormirse con papá… en fin, pasaba un poco de mí pero espero que al menos vea que si de repente no estoy para dormir con él que sepa que es porque me he ido unos días, pero que volveré! A lo mejor ni se entera que me voy, a lo mejor ni me echa de menos… Seré yo la que necesitaré sus manitas acariciando mis orejas para dormirse, seré yo la que echaré en falta su risa, sus abrazos y besitos… CONCLUSIÓN: ¡quiero que sea ya viernes por la tarde! 
Luego el viernes llegaré y explicaré lo bien que han ido las colonias, lo divertido que ha sido vivir esta experiencia con los niños (siempre son especiales las colonias)… pero hasta que no pasen yo solo veo que estaré separada de Biel demasiadas horas.
Así que…
¿No puedo llevarme a mi peque conmigo en la mochila?
Me lo llevaría encantada.
Prometo volver a escribir en cuanto vuelva y explico qué tal la experiencia de mis primeras noches sin Biel, tras 16 meses juntos.

Revisión de los 15 meses y demás

Empiezo ya a desaparecer del blog y esto no me gusta nada. Me tengo que organizar para poder encontrar algún momento y escribir en él, pero ya me temía yo que en cuanto empezara a trabajar el ritmo iría decayendo poco a poco. Y es que ya llevamos casi tres semanas de curso y el tema de preavaluaciones, correcciones, reuniones de ciclo de primaria con sus respectivos deberes, todo esto empieza a coger forma y una tiene que ir ocupando sus horas en todas estas cosas porque en horario escolar no se puede. En fin, que la excusa está en el montón de trabajo que tengo y luego los ratitos que tengo libres, lógicamente se los dedico a mi peque.
A lo que iba. Hace una semana fuimos a la revisión de los 15 meses de Biel (que por poco le pilla ya en los 16). Todo fue bien, solo era revisión con la infermera y no nos dijo nada en especial. Su peso es de 9,220kg y su talla de 76 cm. Sigue siendo pequeñito, pero bueno, esta vez no nos ha dicho nada… A ver en la revisión de los 18 meses, en que estará la pediatra, a ver que dice respecto al peso, ya que en los 12 nos dijo que iba subiendo demasiado poco de peso. También se le puso un par de vacunas, entre ellas la de la varicela, que no entra por la seguridad social y se tiene que pagar a parte. ¡Cuestan un riñón! Así que espero que si tiene que pasar la varicela le sea muy flojita porque esto querrá decir que la vacuna ha hecho su efecto jeje. La infermera nos dijo que esta vacuna en realidad no hacía falta ponérsela a los niños que no van a la guardería (ya que no tienen riesgo de contagio) pero como su mami (o sea yo) trabaja en un cole con niños pequeños y que suele contagiarle de varios virus que corren por ahi, pues no estaba de más ponérsela. Era decisión nuestra. 
En cuanto a la comida sigue comiendo a trocitos pero también purés y cremas. Le chiflan las patatas fritas: ¡una pasada! Está comiendo tan tranquilo y ve una patata frita y ya puedes olvidarte de lo que estaba comiendo él… Hasta que no ha devorado como mínimo un par de ellas. 
Sigue siendo súper cariñoso y nos colma de besos y abrazos. Sinceramente: el mejor regalo que hay. También tiene su carácter y se sigue fustrando en cuando le dices que “no” a alguna cosa o cuando tiene que dejar de hacer algo en que está muy entretenido. Suele montar pollos bastante importantes, pero en cuanto le distraes con algo se le pasa. De su carácter también cabe destacar que es bastante tímido. Le cuesta abrirse a los desconocidos y se esconde entre nuestras piernas para no tener que enfrentarse al desconocido en cuestión (esto me pasaba a mí también de pequeña… ¡siempre entre las piernas de mi madre!)
En el tema del dormir hemos avanzado bastante ya que muchas noches ya se las pasa en su cuna, pero aún así hay noches que las pasa con nosotros. Yo sigo encantada de dormir con él aunque también es verdad que ahora ocupa mucho más en la cama y se mueve muchísimo! No es estraño verle enganchadísimo a uno de nosotros dos y de repente separarse y tirarse de cabeza hacia el otro. Se pega unos golpes con el cabezal de la cama que sufro en que pueda quedarse tonto jeje.
Por lo que se refiere al habla, no dice muchas palabras con significado. Solo se le entiende papa, mama, yaya… ni tan siquiera dice agua. Debe tener un cacao en la cabeza entre el catalán, el castellano y el inglés…  Un día repitiéndo lo que yo decía llegó a decir bye bye, pero ya nunca más lo dijo. En fin, espero que en estos meses su lengua se vaya desenvolviendo y diga alguna palabra más!
Y ahora quería compartiros la angustía que estoy pasando estos días de pensar en que queda tan poco para irme de colonias con mi curso. Pasaré dos noches fuera y solo de pensarlo me entra una pena tremenda. Serán las dos primeras noches en 16 meses que no duerma con mi niño. Siempre surgen los miedos (y tonterías) de pensar si se olvidará de mí durante esos días, si me echará de menos, si se alegrará en cuanto me vea al volver… En fin, ¡tengo una gran pena!
Y nada, por hoy creo que ya es bastante. ¡Muchas gracias por leerme todos los que estáis por aquí! Hasta la próxima.