Trabajar la convivencia en los centros educativos

Hoy, de la mano de boolino, os traigo un libro diferente a los que suelo reseñar. Sin embargo, no deja de ser de interés para la educación de nuestros hijos ya que trata sobre el tema de la convivencia. El libro en cuestión se titula Trabajar la convivencia en centros educativos. Una mirada en el bosque de la convivencia, de Pedro Mª Uruñuela (Ed. Narcea).

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Como bien se puede entender por el titulo, el libro está centrado, sobre todo, para la construcción de una convivencia positiva en los centros educativos, por lo que estaría destinado principalmente a docentes pero, como he comentado antes, es interesante como punto de reflexión de qué es la convivencia y porqué se dan casos de quiebra de ésta. Así que como padres también es una lectura interesante si cae en nuestras manos.

La primera parte es una reflexión general sobre las razones de trabajar la convivencia. Nos define qué es, que situaciones pueden quebrarla y dan algunas estrategias para abordar los problemas y también trata de la autoridad del profesorado.

Hay una segunda parte que es básicamente práctica y plantea ocho posibles actuaciones para el trabajo:

  • Cómo establecer normas
  • Gestión del aula
  • Plan de convivencia y sus elementos
  • Estrategias para el éxito escolar: motivación, cambios de metodología…
  • Desarrollo de la inteligencia interpersonal
  • Gestión y transformación pacífica de los conflictos: resolución, mediación…
  • Protagonismo del alumnado y de las familias
  • Apertura del entorno: el aprendizaje-servicio

 

Al principio, en la mirada general al tema de la convivencia, ya nos hace reflexionar sobre la evolución de nuestra sociedad: ha habido una gran evolución en cuanto a tecnología; en cambio, ha habido poca o nula evolución social o relación interpesonal. Poco a poco los centros se van actualizando y desarrollan esta inteligencia interpersonal con la gestión de las emociones, con el desarrollo de las habilidades sociales… pero aún queda un largo camino por hacer porque debemos desaprender algunos modelos sociales que nos han sido inculcados desde bien pequeños y éstos son los que generan los conflictos.

Lectura imprescindible para poder analizar y profundizar sobre el tema de la convivencia y poder abordar los conflictos con mayor eficacia. Si os interesa en la página de boolino lo podéis encontrar.

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Lactancia y trabajo: mi experiencia. #SMLM2015

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Empezamos la Semana Mundial de la Lactancia Materna y, como cada año, os hablo de mi experiencia con ella. Este año se han centrado con el tema de la lactancia y el trabajo, de como conciliar ambas cosas.

Dieciséis semanas son las que dan de permiso de maternidad. Cuando la madre se tiene que incorporar al trabajo, el bebé no tiene ni los cuatro meses de vida. Contradictorio con los seis meses que la OMS recomienda de lactancia exclusiva, ¿no? Pues bien, éste es un hecho que provoca cierto temor a muchas madres que hemos tenido que incorporarnos pronto al trabajo. La principal duda que surge es si podremos seguir con la lactancia exclusiva. ¿Cómo lo podremos hacer si tenemos que pasar muchas horas lejos de nuestro bebé?

A medida que se va acercando el momento surgen muchas dudas de si podrás hacerlo o no, de si aguantará el bebé tanto tiempo sin la teta, de si aguantarás tú la subida de la leche y se junta con el bajón y estrés de separarte del bebé después de tantas semanas. Así que puedes llegar a creer que ha llegado el momento del destete o que éste se producirá pronto, pero no tiene porqué ser así. De hecho, no es fácil conciliar lactancia y trabajo al principio de todo, pero es posible.

¿Qué hice yo? Yo opté por la opción más común que es la de extraerse leche en algún momento de descanso durante la jornada laboral. Era engorroso porque tenía que ir equipada cada día con el extractor, bolsitas para almacenar la leche y una neverita para transportarlas luego de camino a casa. Requería paciencia y tiempo, pues extraerse leche no siempre es fácil, y menos cuando vas estresada o agobiada. Yo había días que me desesperaba porque parecía que no sacaba suficiente leche y otros días que estaba más tranquila, la leche fluía más.

A ser posible, es conveniente que antes de que llegue el día hayas practicado de extraerte leche con el extractor y que hayas probado de darle leche en un biberón al bebé. Esto último a mí me costó pues mi niña solo quería teta. Lógicamente yo no podía darle el biberón porque se me negaba en redondo, así que lo hacía mi marido o mi suegra. Tras probar varios biberones y tetinas dimos con el que más le gustaba (más o menos).

Además, se recomienda sacarse la leche en las horas que se tiene más, que suele ser por las mañanas, así puedes reservar esa leche para cuando sea necesario. Esto también es importante de hacer cuando se haya empezado a trabajar. Yo me levantaba un pelín antes para extraerme la leche y guardarla. Si la niña estaba despierta directamente le daba el pecho.

Como he dicho, los primeros días son un poco complicados puesto que la leche sube enseguida y al llenarse los pechos vas incómoda, por eso, si es posible, debes acordar con los compañeros o con el jefe, qué momento tendrás para extraerte la leche y sobre todo, lo debes hacer en un espacio donde te sientas cómoda y estés tranquila.

Yo lo logré, y eso que sufría por la niña, tan enganchada a la teta. También logré superar el engorro de ir con el extractor todo el día e incluso llegó el momento en que la producción se leche se adaptaba a lo que la niña demandaba, así que ya siendo más mayor la niña logré no tener que extraerme la leche durante la jornada laboral y aguantaba hasta llegar a casa. Eso sí, también debes tener en cuenta que al llegar a casa debes colocarte el bebé al pecho para que te lo vacíe, porque sino puede ser doloroso y molesto el tener el pecho tan lleno.

Ahora mi bebé, que ya no es tan bebé, tiene 22 meses y seguimos con lactancia. Dentro de poco cumplirá los dos años y por esas fechas yo suelo ir de colonias y me tengo que ausentar de casa dos días y medio. El año pasado nos sucedió igual, y de hecho hablé de mis miedos sobre el tema de separarme y al final resultó que lo superamos. Tengo que reconocer que durante los días de colonias me era difícil extraerme la leche durante el día, ya que estaba más pendiente del trabajo que tenía que hacer que nada; y por la noche, que era cuando dormían, yo estaba tan cansada que poco quería ponerme con el extractor. Además sacaba muy poca leche aun teniendo los pechos duros como piedras. En ese caso opté por la extracción manual en la ducha, que fue lo que me salvó durante esos días. Así que en unos meses veré cómo irá de nuevo, si será igual que el año pasado o si irá mejor. En este caso, el hecho de separarme de mi niña durante unos días, es el que me produce bajón y tengo sentimientos encontrados: por una parte pienso en el destete y por otra parte me da una pena infinita que esto sucediera porque veo que ella aún no quiere destetarse ni yo tampoco (por mucho que reniegue a veces y tenga momentos de relación amor-odio con ella).

En definitiva, mi experiencia me dice que ES POSIBLE conciliar trabajo y lactancia. Requiere tiempo, paciencia y sobre todo un círculo cercano que te apoye en la decisión que has tomado.

¿Y cuándo toca vivir tranquilo?

Una vez más llega esa época del año que parece que haya un gran agujero en el que entras y parece imposible salir. Me ahogo al mínimo imprevisto o trabajo extra y me enrabio de pensar en el poco tiempo que tengo para hacer todo lo que se debería hacer.

Y es que, una vez más, llega mi conflicto interior, mis disputas conmigo misma, mi querer y no poder, mi querer y no querer, el deber que pesa, las responsabilidades fuera y dentro de casa…

El dilema de siempre. Priorizar. ¿Pero qué priorizo? Porque ahora mismo me da la sensación de no llegar a nada, de estar saturada, que no me entra nada más en la cabeza.

Me gustaría poder llegar a casa y no preocuparme de los mil y un proyectos que se deben hacer (programar, preparar materiales, etc, etc). Me gustaría poder llegar a casa y no discutir con nadie, que no hubieran nervios, ni gritos, ni tensión…

Me gustaría poder hacer cosas para mí. O con mi familia. Echo de menos esas tardes que las dedicaba a ir a yoga. Esos ratos de desconectar de todo, de reunirte con otras madres, de conectarte contigo y con tu bebé… Ya no se puede hacer. Vorágine de estrés y gritos. Ahora mismo me da esa sensación. Tal vez no. Pero llego tan saturada de todo lo que se debe hacer, de los plazos, de las exigencias, del querer ser más y más…

Y luego está la otra parte. El gusto por hacer aquello que te gusta, de querer probar cosas nuevas y querer dedicar tiempo a prepararlo, de leer nuevos libros o cuentos y querer compartirlos… De querer seguir escribiendo este blog, con mis cosas, mis recomendaciones… Aunque haya veces que piense que tal vez yo ya no aporte nada, que nadie me quiera leer… luego pienso que eso me da igual, escribo porque me gusta.

Como he empezado diciendo, estoy en esa época del año que toca cerrar temas, que toca acabar proyectos, que todo corre prisa, que todo es urgente, que todo es prioritario y tú lo único que piensas es en querer ir más lenta, en que no hayan tantas prisas, que no hayan tantas exigencias con todo. Poder respirar. Poder llegar y descansar. En definitiva, poder vivir más tranquila.

Preocupaciones de una mamá lactante

Se acerca el otoño y con él las colonias del curso en el que este año, además, soy tutora. Hace un par de años ya hablaba de mi preocupación con este tema porque era la primera vez que me separaba de Biel, que tan solo tenía 16 meses. No sabía cómo lo sobrellevaría él ni cómo lo viviría yo. Pero al final resultó que fue todo bien y no supuso ningún trauma para ninguno. El tema de las colonias debería estar superado… ¡pero no! A dos días de irme vuelvo a compartir con vosotros mis miedos. Miedos, que por otra parte, llevo compartiendo hace días y que muchas de vosotras (esa tribu 2.0) me habéis ayudado y, aún así, siguen ahí.

Esta vez está relacionado con el tema de la lactancia. Cómo ya sabréis, con mi hija hemos conseguido una lactancia satisfactoria, llevamos casi 13 meses y no por ellos significa que vaya a menos, al contrario. El otro día, que tuve la reunión de padres de mi curso (que se hizo a las nueve de la noche), y estuve casi 17 horas sin dar el pecho, que es el tiempo que estuve fuera de casa. No me llevé el extractor, por lo que tampoco me pude sacar la leche durante la tarde (que podría haberlo hecho). El caso es que comprobé mis temores: si paso tanto tiempo sin extraer la leche los pechos se me llenan un montón y se endurecen una cosa bárbara, con dolor y todo, que solo me ocurría al principio del todo de la lactancia, cuando tenía la subida de la leche e incluso los primeros días de trabajo, al llegar la tarde, los tenía así de llenos si no me extraía la leche al mediodía (que sí lo hacía al principio). Ahí está el quid de la cuestión: durante estos días de colonias estaré muchas horas con los niños, A TODAS HORAS, por lo que extraerme la leche será casi misión imposible durante el día y tendré que reservarlo hasta entrada la noche, cuando estén todos durmiendo y reine la paz.

Pero visto lo visto tendré que buscar momentos durante el día para extraerme un poco para que no llegue la noche con los pechos tan endurecidos que sea imposible poder sacar nada (y el dolor añadido), así que tendré que hablar con mi compañera para que en momentos más tranquilos pueda hacerse cargo de los alumnos mientras yo dedico un ratito a tal faena…

Esto por una banda. La otra es cómo llevará la peque nuestra separación y cómo se enganchará luego a la teta, que espero que no sea el fin de nuestra lactancia.

En fin, ¿qué opináis? ¿Alguna de vosotras a pasado por alguna situación similar? Soy toda oídos.

Septiembre: ¡Vuelta al cole! o también ¡Bienvenido al cole!

Un año más llega el mes de septiembre, con él el fin de las vacaciones y a su vez la vuelta al trabajo, en mi caso, la vuelta al cole. Un año más, empezamos el día 1 con la puesta a punto al curso, con la entrega del calendario escolar, con sus días lectivos por trimestre, sus días de fiesta, y también las novedades relacionadas con el nuevo curso que entra. Mi novedad es que seré la tutora de 4º de primaria, grupo en el que siempre he estado y me siento a gusto con los niños de esta edad. Esta vez tendré que tomar las riendas del grupo, acompañarles en sus aprendizajes, en sus dudas, en sus éxitos, y no solo a ellos sino también a sus familias, y esto es de lo que yo peco más de novatilla, ya que apenas he tenido entrevistas con los padres y me da respeto.

Pero ese es mi septiembre de cada año.

Este año no solo soy yo la que empieza el cole una vez más sino que hay una personita muy importante que lo empezará por primera vez. A escasos dos días de empezar el cole tengo nervios por saber cómo se sentirá él en la clase. ¿Será de los que llorará mucho al principio y luego se le pasará? ¿Será de los que llorará días y días sin parar? ¿Será de los que no llorará y se lo pasará bien? ¿Será de los que no llorará pero estará deseando irse de allí? … No lo sé. El día 15 no podré acompañarle por la mañana. No lo veré entrar por esa puerta con sus compañeros de P3, de la clase dels Mussols, esos niños que le acompañarán durante la infancia. No lo veré porque yo también estaré recibiendo a los míos, a mis niños de cuarto de primaria. Pero tengo la suerte de tener reducción de jornada y que el lunes tenga la tarde libre, así que iré volando a casa para poder llevarlo y recogerlo a la tarde (no hace adaptación). Estos días ya he estado preparando su mochilita, con su bata, su chandal del cole que tendrá que llevar a modo de “uniforme”… Mi peque se hace mayor. A él de momento no le hace gracia todo esto y es que ser centro de atención le altera y cuando le pides probarse la mochila o la bata o cualquier cosa te monta un cirio, pero bueno… espero que el lunes tenga ilusión por llevarlo y formar parte de los Mussols. Sin duda os hablaré de su primer día, su primera semana, su primer mes… ¡no os libráis! 😉

Para él es su primer septiembre con un ¡Bienvenido al cole!

Preparando lecturas

A mediados de julio empecé las vacaciones oficialmente, pero aún no me considero de vacaciones ya que tengo que acabar de preparar cosillas de cara a septiembre (tema de unidades de programación, cambio de libros, nuevas asignaturas, etc…). Aún estoy esperando una llamada de la escuela para que me diga el horario de septiembre y las novedades… ¡a este paso me lo van a decir el mismo mes de septiembre!

Y he pensado aprovechar este mes de julio en lo que pueda para ir avanzando estas cositas, que quieras que no es tiempo, y así en agosto no abro ni pienso en nada del cole. ¡A ver si es posible!

Otra cosa que me mantiene ocupada estos días es un curso al que me he apuntado acerca de la Metodología Dialógica. Está bien pues te da una visión ámplia de este método, las secuencias a seguir, ideas de preguntas y diálogos que puedes usar cuando explicas una historia y así fomentar el desarrollo del lenguaje. Muy interesante. Me quedan un par de semanitas para acabarlo, así que este mes de julio estoy ocupada en estas cosas. Sobre todo aprovecho las noches cuando los niños duermen; como ahora, pero en este caso aprovecho para actualizar el blog y enseguida me pondré a trabajar un poquito.

En el curso, estamos en la parte práctica y tengo ganas de llevarla a cabo con mi hijo. Al menos, cuando pienso en los diferentes tipos de interacción pienso en él y cómo captarle la atención. También me irá bien para llevar a cabo en el colegio, pues sigue la forma de lectura que suelo hacer yo con mis alumnos, pero mucho más pautada y con consciencia. Para la práctica necesitamos seleccionar tres cuentos y preparar la lectura siguiendo la secuencia TIDAM (diferentes tipos de inducción -preguntas- para interactuar con los niños. Las siglas corresponden a Terminativas, Informativas, Distanciadoras, Abiertas y Memorísticas). De los tres cuentos, tengo uno ya seleccionado y a medio preparar: El Rey Hugo y el Dragón, de Peter Bently. Los otros dos aún estoy en duda, pero supongo que escogeré Malena Ballena (que ya medio trabajé en el colegio, así ahora lo preparo bien para la sesión del año que viene) y estoy entre Sopa de Calabaza o Splat el Gato… O ir a buscar alguno en la biblioteca, pues pasó un listado y hay cuentos muy, muy interesantes!

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Mis lecturas y apuntes

El caso es que también me gustaría poder grabar algun video o hacer algo cuando explico un cuento a los niños (mis hijos)… pero solo con pensar en como queda mi voz grabada me tira para atrás jeje Bueno, a ver si me animo a hacerlo…

Y nada, así ando estos días, liada para variar pero con otro ritmo y aprendiendo cosas nuevas que no están de más.

Malena Ballena

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Hacía tiempo que quería escribir acerca de este cuento. Éste fue el cuento del mes de febrero de My Little Book Box, en la franja de edad 6-8 años. Por temática del cuento, es perfecto para ser leído a partir de es edad porque es en donde aparecen los problemas de burlas de los compañeros, la inseguridad ante situaciones en la vida, así que con esta historia los podemos hacer reflexionar sobre estos aspectos.

No he realizado las actividades plásticas que se proponen en la caja, las dejaré para más adelante, pero sí que he tenido la oportunidad de leer el cuento y disfrutarlo en mi grupo de tercero de primaria. Os explico la experiencia:

Este trimestre lo hemos dedicado a la comprensión de cuentos, tanto de manera oral como escrita, he aprovechado por llevarles este cuento y trabajar la lectura de imágenes, de crear hipótesis, de hacer pequeñas preguntas de comprensión pero más enfocadas al análisis de las emociones que al contenido del cuento en sí. Les ha encantado la historia, y se lo han pasado muy bien con Malena; además, me encanta ver sus caras cuando les leo cuentos y en éste se les iba formando una sonrisa en la cara cada vez que Malena superaba uno de sus temores. ¡Y qué decir del final!

Os explico un poco de qué va: Malena Ballena, de Davide Cali e ilustrado por Sonja Bougaeva, es un cuento que habla de la aceptación de uno mismo (autoestima) y de la superación personal con un toque de humor. Malena es la típica niña gordita que sufre las burlas de sus compañeros. Un día, un monitor de piscina le dirá la frase que cambiará su forma de ver las cosas y le ayudará a superar sus miedos. Somos lo que pensamos que somos. Malena, que no tiene nada que perder por probar a imaginarse lo que podría llegar a ser, se imagina siendo un gigante, un erizo, un canguro, una estatua… todo con un objetivo que no deja de ser el de autosuperarse. Poco a poco lo consigue y vemos un cambio de actitud en la protagonista.

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Antes de leer el cuento hemos hecho una actividad de pre-lectura. Observando la portada del libro me han ido diciendo de qué se imaginaban de qué iría el cuento. Han salido muchas historias. Ninguna era la que luego se encontrarían. Esto les ha sorprendido y les ha gustado. Durante la lectura, nos ibamos fijando en las imágenes, en sus colores, en las expresiones de Malena, y discutíamos acerca de como se sentía y porqué. Al acabar, hemos hecho una actividad post-lectura. Al ser niños de 8-9 años, les he hecho pensar en algo que ellos tengan miedo o sientan inseguridad. Debían imaginarse en qué se podrían convertir para superar ese miedo. Debían hacer una pequeña narración explicando qué miedo o inseguridad sienten, qué pueden hacer para superarla y luego hacer un dibujo de aquello que se imaginaban qué eran.

Ya os contaré qué sale de estas reflexiones. Yo me he quedado satisfecha pues muchos se han parado en pensar en ellos mismos, en aquellas pequeñas cosas (o grandes) con las que se sienten inseguros y han reflexionado qué podrían hacer o en qué se podrían convertir para superarlas.

¿Qué os ha parecido este cuento? Os aseguro que con el final del cuento no puedes evitar sonreír y sentirte orgulloso de Malena. Sensación de triunfo total.

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