Citas literarias (I)

Ya comenté hace unos días que una de mis pasiones era leer y que si me animaba os hablaría de libros también en el blog. Pues bien, más que hablar de un libro en concreto, en cuanto a trama y temas se refiere, os traigo una cita extraída del libro que ocupa ahora mismo mi mesita de noche: Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. 
Aún no he acabado de leerlo pero de momento me está gustando. No es un novelón en mayúsculas ni tiene muchas pretensiones, pero es ágil de leer y tiene ciertos pasajes que son bonitos y dignos de ser recordados. Además, habla de mujeres, de las relaciones entre ellas, con sus familias y amigos, y de la visión que tienen de ellas mismas. ¿Os lo habéis leído o tenéis intención de hacerlo?
Aquí va la cita:

A Joséphine le hubiese gustado detener el tiempo, quedarse con ese momento de felicidad y guardarlo en una botella. La felicidad, pensó, está hecha de pequeñas cosas. Siempre se la espera con mayúsculas, pero llega a nosotros de puntillas y puede pasar bajo nuestras narices sin darnos cuenta.

¿Qué os parece? Siempre esperamos el gran momento de felicidad pero ésta se encuentra en las pequeñas cosas que vivimos durante el día a día, y tenemos que saber disfrutar de estos pequeños momentos. Por ejemplo, al principio de este verano, en el mes de julio (¡qué lejos queda ya!) fuimos de vacaciones a San Sebastián. Allí vivimos momentos bonitos, momentos especiales, recorrimos la ciudad montones de veces, allí nuestro niño daba sus primeros pasitos por el mundo, empezaba a despuntar sus momentos de independencia. Unas vacaciones geniales, para qué negarlo. Pues bien, en sí no pasó nada del otro mundo pero precisamente por eso, que disfrutábamos de cada pequeño gesto, de cada sonrisa, de cada beso, hizo que la estancia en Donostia fuera excepcional. Y éste sería solo un ejemplo de estas vacaciones fuera, ¡pero hay miles de ejemplos!
Y vosotros, ¿ya buscáis la felicidad en las pequeñas cosas?
Besito en el peine del viento

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Mamás blogueras, mamás radiofónicas

Hoy escribo porque he tenido el honor de haber podido asistir al programa de radio El millor de l’estiu (de Radio 4) junto a dos madres blogueras: Paris, del blog http://diario-de-un-embarazo.blogspot.com.es/, y Silvia, de http://sermadreunaaventura.com/  y de http://mimenusinleche.com/ (por vía telefónica). 
Todo surgió tal y como Paris explica en su entrada al blog: se pusieron en contacto con ella y pidieron que llevara a unas mamás blogueras al estudio para tener una charla informal sobre el mundo de la maternidad, la comunidad de madres blogueras que hay en la red, los motivos que tenemos para escribir… Y en vistas de que nadie contestaba a su petición, ella decidió quién podría acompañarla. Le agradezco que pensara en mí y que me preguntara si quería ir, y aunque al principio dudé e incluso llegué a pensar (y decir a la familia) que no iría a la radio, me lo pensé mejor y opté por ir. Es una oportunidad que me ha dado esta amiga bloguera, a la que hoy por fin he puesto cara y voz, y qué mejor experiencia puede haber que ir a la radio para hablar de mi blog y de todo lo que ha significado para mí este año de Una Mamá Bloguera (que por cierto, hoy, día 30 de agosto, cumple un añito).
Así que he estado con días de nervios, de pensar que no me saldría una palabra, que me quedaría en blanco, que no sabría que decir… Pero finalmente hoy hemos hablado de nuestros blogs, los hemos promocionado, y ha salido francamente bien. Estoy contenta de la experiencia en la radio, tanto de participar en el programa como de ver como funciona por dentro.

Junto con la presentadora, Laura Gonzalez

Entramos Paris y yo al estudio 41 de Rne4 y tras una breve “preparación” de cómo iría el programa entramos en antena, junto con Silvia a través de conexión telefónica. Hablamos de la quedada que tendrá lugar el día 17 de noviembre de mamás blogueras en Barcelona, hablamos sobre los temas que solemos tratar en nuestros blogs, de las dudas que surgen y de la ayuda que supone tener a alguien más en tu misma situación, hablamos de las últimas entradas en nuestros respectivos blogs, dijimos que se tenía que dar mucho amor a nuestros niños y, sobre todo, dejarse guiar por el instinto maternal… En fin, se nos hizo corta la entrevista pero salimos contentas del resultado.
Ya por último os quiero dejar el enlace de la entrevista, para aquellos que aún no la hayais escuchado o para aquellos que la quieran volver a oir. Está en catalán, excepto los momentos que habla Silvia, ¡pero intentamos que se nos entendiera lo máximo posible!

Los terribles dos años… ¿y el terrible un año existe?

Pues eso. La pregunta del título del post lo dice todo. He leído algunos posts sobre “los terribles dos años”, en que los niños se rebelan y todo es “no” y montan numeritos por todo… Y yo me pregunto: ¿el terrible un año también existirá? Porque mi hijo solo tiene catorce meses, a punto de hacer los quince, y aunque no diga “no” se hace entender perfectamente cuando no quiere algo. Y es que no. Pobre de ti que digas o hagas algo que él no quiera. Menudo genio se gasta el niño: gritos, lloros, pataleo, golpes… En fin, un drama.
Hoy, sin ir más lejos, ha estado todo el día en este plan. Bueno, básicamente cuando yo veía que estaba cansado (se tumbaba sobre el sofá, me buscaba la oreja y se iba) y lo llevaba a la cama para que durmiese la siesta, entonces empezaba el show: gritos, lloros… Lo tenía que dejar ir, tampoco le iba a obligar dormir, pero al final, jugando en su cuna se ha dormido. Tozudo como él solo.
Luego, en el centro comercial, hemos ido a comprar ropita de otoño-invierno (al Primark, por cierto, la ropa de niño super bien de precio). Ha llegado el momento en que él quería caminar. Lo bajamos del cochecito e iba andando a su aire pero… ¡ay! Ha llegado el momento de ir a caja y menudos lloros otra vez porque lo llevábamos a un sitio donde no quería ir. Él quería andar por otro lado. Así que he salido de la tienda mientras mi marido aguardaba en la cola con la ropa y mientras yo cargaba con el niño en brazos parecía que lo iba matando: menudos berridos. Yo como si nada, pero por dentro me estaba muriendo de vergüenza y de rabia. ¡Qué poco paciente! Luego se ha dedicado a dar mil vueltas al bar que hay justo delante de la tienda, pero otra vez lloros y gritos cuando hemos intentado cambiarle la ruta…
En fin… ¿Es normal que sea así de tozudo ya? Lo más seguro es que sea su carácter y ya está… pero menudo Biel está saliendo…

Dormir y dormir (II)

Hace ya un tiempo escribí sobre la rutina que llevábamos con nuestro hijo a la hora de dormir. Durante este año que ha pasado las rutinas no han cambiado mucho, aunque lógicamente ya no duerme en su moisés si no que lo hace en la cuna.
El mes de marzo decidimos hacer el cambio de moisés a cuna. Y es que teniendo un bebé tirando a pequeño, con nueve meses aún entraba en el moisés. Pero ya se iba haciendo más grande y necesitaba más espacio para dormir, así que decidimos hacerle dormir en su cuna. Esto no solo implicaba un cambio de cama sino que también un cambio de habitación. 
Preparamos su cuna, le hicimos la cama, le dejamos que estuviera dentro para que se fuera acostumbrando a ella… pero aún así nos costó que se amoldara al nuevo cambio. Así que tal y como hemos ido haciendo, nos hemos amoldado nosotros a él otra vez. Le dormíamos en nuestra cama y cuando ya estaba bien dormido lo trasladábamos a su cuna; dormía unas horas y cuando se despertaba a media noche porque no nos encontraba o por lo que fuera, lo íbamos a buscar y lo volvíamos a traer a la cama de matrimonio, donde ya se pasaba el resto de la noche.
Y así hasta esta semana. Empezó la semana como siempre, durmiendo en nuestra cama y lo trasladábamos, pero cuál fue mi sorpresa que cuando a mi marido le sonó el despertador para ir a trabajar (que justo ese día era el primer día después de vacaciones) mi hijo no estaba con nosotros en la cama. Había dormido toda la noche del tirón (unas nueve horas) en su cuna. Eso sí, se despertó justo cuando cerró la puerta y ya lo pasé a mi cama. El martes por la noche empezamos como siempre el ritual de sueño, pero estaba taaan cansado (habíamos ido ese día a la playa) que no podía coger el sueño. Así que empezó a ponerse nervioso: a pegar manotazos, intentar morderme, tirar el chupete… en fin, un tanto fiero. Yo, ya cansada, le dije que si continuaba de esa manera que lo sacaría de la cama y lo llevaría a la cuna. Me pegó un manotazo y directo que se fue a la cuna. Pensé que se pondría a llorar y yo ya estaba imáginandome que no aguantaría los lloros, pero cuál fue mi sorpresa que a los diez minutos se hizo el SILENCIO en casa. Me levanté, fui a su habitación y resulta que era la primera vez que se dormía solo en su cuna. Sentí una especie de alegría (por esta novedad) pero también pena porque ya se iba independizando de nosotros y de la cama. Durmió del tirón de nuevo toda la noche. Y hasta hoy ha dormido todas las noches enteras en su cuna, aunque sí que aún quiere dormirse abrazado a mi al principio. 
Y ante este cambio yo me siento rara. Tras casi quince meses durmiendo juntos los tres, noto que falta alguien en la cama. Y aunque es verdad que ahora, con el calor que hace, va bien que tengamos más espacio para nosotros y que, además, nos podamos mover con total libertad sin miedo de pisarle una manita, un pie, la cabeza, ahora la que no duerme del tirón soy yo porque me despierto cada dos por tres para comprovar que sigue durmiendo tranquilamente en su cuna.

Día de playa

Este mes de agosto lo estamos pasando en nuestra ciudad, ya que las vacaciones fuera las disfrutamos el mes de julio. Aún así, tampoco paramos aquí, aunque tuvimos que hacer un parón porque el peque se puso enfermo. De toda manera, de la amigdalitis y de la conjuntivitis ya está mejor.
Estos días hemos aprovechado para ir a la playa, y aunque no le acabe de gustar del todo, parece que poco a poco le va cogiendo el gustillo. Cuando llegamos a la playa y ve que le vamos a bajar de la Manduca se queja un poco, sabiendo ya donde está y que le intentaremos llevar a “nadar” al mar. Montamos todo el chiringuito (¡cuántos trastos para ir a la playa con niños!) y una vez estamos ya instalados nos vamos a bañar. Entonces a mi niño le entran todos los males. Esta mañana hemos hecho dos tandas de baño: en la primera no se lo ha pasado muy bien que digamos ya que ha llorado un poquillo; pero después de desayunar y de jugar un buen rato en la arena, hemos vuelto a meternos y ya ha entrado a gusto: ¡incluso me lo he podido separar de mi para que hiciera oscilaciones en el agua!
Bien agarrado… no sea que lo abandone en el agua…
El caso es que al final se lo ha pasado bien. En la arena sí, ya que juega bastante con las palas, cubos y demás (sobre todo metiendo y sacando del cubo) y en el agua al final también. Llegará el día en que se lo pasará mejor, por eso! jaja No desistiré en ello.
Hoy, además, quiero que sepáis que hemos ido a comer a un restaurante de San Pol de Mar, La Platjola, recomendado por Mammaproof, para celebrar que mi pareja y yo llevamos juntos 11 años. El sitio pintaba ideal para ir un día después de pasarse la mañana al sol. Así que nos decidimos y hemos hecho la súper excursión para encontrar este sitio y la experiencia ha sido satisfactoria. El sitio está bien, la comida buena, y el personal correcto, bastante atento. Había tronas y cambiador para bebés en el lavabo, que se agradece porque según en que restaurantes no hay y te las tienes que ingeniar cuando vas a comer con un niño. Además, estando cerquita de la playa se podía disfrutar del ambiente y de estar comiendo una paellita a escasos metros del mar. Os dejo la página web del sitio por si los que vivís por aquí Catalunya, o si os venís a veranear por aquí, os apetece ir: http://www.platjola.cat/ftp.Platjola.cat/Principal.html

Los niños y el cine

Mi marido y yo ayer fuimos al cine a ver la película de Brave con unos amigos; pero no fuimos con el niño, que sólo tiene 14 meses. Y es que aunque me guste estar todo el tiempo con él y que descubra cosas nuevas, pienso que el tema del cine aún le queda un poco grande, como mínimo para ver ciertas películas de cierta durada.
El caso es que ayer fuimos por la tarde, sesión de las seis y media (que por cierto, empezaron un cuarto de hora tarde la película, ¿en qué cine se ha visto eso?) y como era de suponer había muchas familias con sus hijos para disfrutar de la nueva película de Pixar. Niños de todas las edades, pero sobre todo los que rondaban los 6-7 años. Hasta ahí todo normal. Pero llegó un momento en que vi que entraba un cochecito, y dentro había una niña de unos dos años. Me quedé un poco sorprendida porque para mí aún es muy pequeña como para poder disfrutar de la peli, pero bueno. El caso es que no solo entró un cochecito, ¡llegaron a entrar tres! (que yo viera, aparcados debajo de la pantalla). Uno de los niños tendría la edad de mi hijo, o incluso menos! Ahí sí que aluciné un poco.
Durante la película no paré atención a esos bebés que fueron a ver la peli, de vez en cuando escuchaba algun sollozo, pero nada del otro mundo (como mínimo no me percaté porque al menos estaban en las filas de atrás, y yo estaba en cuarta fila). Aún así, me chocó que fueran al cine con niños tan pequeños. Yo pienso en mi hijo y las veces que hemos puesto una peli Disney en casa y no aguanta las dos horas que suelen durar ni de broma! Y seguir el hilo de la narración aún menos. Así que, ¿qué sentido tiene llevarles desde tan pequeños? Además, la sala no estaba adaptada para esos bebés: sonido alto, luces apagadas con todo el brillo de la pantalla de cine, sin espacio en el que se puedan mover con libertad en el caso que se aburran y quieran menearse… No sé, según he leído en algun lado hay algunos cines que si que proyectan películas para madres/padres con bebés, pero no creo que la sesión de ayer por la tarde fuera uno de esos casos…
Eso sí, si tenéis niños más grandes o queréis disfrutar vosotros de la película, no dejéis de verla. La animación es preciosa, los personajes muy simpáticos y la historia está bien. Además, antes de empezar la película proyectan un corto de Pixar, titulado La Luna, que es precioso.
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Imprescindible (II): La BabyCook

Hoy toca hablaros de otro imprescindible en nuestro hogar, aunque todo sea dicho: más que imprescindible, práctico. Se trata de la Baby Cook. 
La utilizamos básicamente para cocer las verduras del peque. En unos veinte minutos, aproximadamente, las tienes cocidas y blanditas, listas para comer. A parte de la cesta de cocción, tiene unas cuchillas que sirven para triturar la comida, por lo que queda una papilla uniforme. 
Es práctica porque se pueden cocer todas las verduras a la vez, en poco tiempo y sin apenas manchar. Lógicamente, si se usa el triturador sí que mancha el recipiente, pero si lo que se quiere es usarlo para cocer las verduras queda bastante limpio.
En las instrucciones pone que también se pueden cocer las frutas, como la manzana, pero no lo hemos probado. Por lo tanto no puedo deciros que tal queda la fruta. Lo que es la verdura, queda buenísima.
Lo único malo que le encuentro es que el recipiente de plástico se quebró y tuve que pedir otro. No sé si es por el vapor que crea o porque salió defecto de fábrica. No lo sé. ¿Si la tenéis, os ha pasado alguna vez?