Revisión 18 meses y más

Ya hace tiempo que no os cuento nada de los peques en sí, así que hoy toca un poco de entrada “recogida de datos” a modo de diario.

El día 25 de marzo Aina cumplió los 18 meses y fuimos a la revisión del pediatra, como tocaba. Tanto la infermera como la pediatra se quedaron alucinadas de lo espabilada que está mi hija y no paraban de decirme lo grande que está y lo viva que es. Las preguntas sobre el desarrollo casi que las pasamos por alto porque las cumplía todas con creces. En cuanto a medidas, pesa 10,8kg y mide 82 cm. Comparándola con Biel, pesa más que él con dos años y mide igual que él a esa edad. De altura está en el percentil 80… una torre! Así que ahora ella sería el Biel a los dos años.

Dice ya varias palabras. Cada día va ampliando su vocabulario, sorprendiéndonos a todos lo que llega a decir y hacerse entender. Ya desde hace un tiempo dice frases cortitas del estilo: “Vull agua” (Quiero agua), “Vull teta”, “A dormir”, “El tete dormint”… También incorpora sonidos si no sabe decirlo y quiere hacerse entender. Es muy tozuda y tiene mucho genio. Cuando le dices “NO” a algo es capaz de montarte un pollo  en plan pataleta, tirarse al suelo, cruzarse de brazos… enfin, la “dramas” que le digo yo. Aunque por otro lado es super cariñosa y simpática. Es muy abierta a la gente y le encanta decir y que le digan cosas. Hasta me da vergüenza tener que entablar conversaciones con personas del metro o del autobus porque ya está ella en plan relaciones públicas.

Seguimos con la teta, como habréis deducido antes al decir que una de las cosas que pide es teta, aunque ya solo me la pide a modo de relax, para dormirse o cuando está cansada o se ha hecho daño. Come de todo pero en este aspecto Biel es mejor comedor que ella. Con nosotros no quiere comer ningún tipo de triturado, todo tiene que ser a trocitos y según qué. En cambio con la abuela sí que come purés y papillas.

Duerme con nosotros, ya directamente practicamos el colecho con ella desde que nació por el tema de las tomas nocturnas. Hay días que somos cuatro en la cama… ya podréis imaginar lo cómodos que estamos mi marido y yo que somos los que estamos en las puntas.

Al igual que hicimos con su hermano, tampoco va a la guardería pero como habréis deducido no es un tema que nos preocupe especialmente. Espabilada es un rato y no tiene problemas para relacionarse con otros niños. Le gusta mirar cuentos aunque al ser más movida que Biel, su capacidad de atención es menor. Así que le explicamos cuentos a modo exprés. Aunque el otro día recibí unos de una editorial nueva, El Patio, de los que hablaré más adelante, y al ser cortitos han sido los primeros que ha mantenido la atención de principio a fin. ALELUYA.

Por otra banda, el otro día tuve entrevista con la tutora de Biel y me dijo que a rasgos generales va bien en la escuela. A nivel de contenidos es un niño que tira y que tiene una gran memoria. Es un niño inteligente aunque tiene mal genio a veces… Las rabietas le pierden y es un aspecto a ir trabajando. Yo estoy muy contenta con el curso que está haciendo. Ha aprendido muchas cosas y cada día va contento y nos explica lo que va haciendo. Ha hecho amiguitos y parece ser que es querido. No puedo babear más por él porque es imposible.

Y nada, así vamos haciendo. Los dos están en plan ebullición de conocimientos y aprendiendo cada día. Los dos en etapas distintas pero similares. Los dos creciendo juntos, con sus discusiones y sus cariñitos. Pasan del amor al odio y del odio al amor en cuestión de segundos. Dan muchísimo trabajo pero no lo cambio por nada del mundo.

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Y de nuevo… dormir

Antes me he parado a leer una de las entradas antiguas que explicaba las rutinas de sueño de mi hijo cuando era pequeño, y me he parado a sonreir de lo diferente que está siendo con mi hija… ¡Quién me lo iba a decir!

Hablaba yo de los métodos que se pueden encontrar por internet y de las rutinas que llevaba a cabo con mi niño, pero no hay nada como la experiencia; y es que cada niño es un mundo y yo tengo a dos casos bien distintos.

Biel siempre fue un niño más inquieto a la hora de dormir. Recuerdo la primera noche en casa que nos volvimos locos porque no me subía la leche y fue cuando le dimos el primer biberón. Nos aguantó unas dos horas seguidas durmiendo. ¡Fue un gran logro! Contando que era la primera noche, era normal, pecamos de los nervios de primerizos, pero Biel continuó siendo un niño de dormir más bien poco. Con la toma de biberón de la noche, que le dábamos después del baño, aguantaba un máximo de cinco horas, y desde que se despertaba lo pasábamos a la cama donde yo le iba dando el pecho cada vez que despertaba. Como mínimo se despertaba un par o tres de veces por la noche. Y así hasta más mayorcito que hicimos el intento de pasarlo a la cuna, que ya no tomaba pecho, y fuimos combinando cama y cuna… Luego ya es verdad que estuvo un año y algo durmiendo con nosotros y eventualmente en su cama. Así que colechábamos. Cuando lo hacíamos dormía del tirón. Ahora duerme ya en su cama, pero siempre tenemos que ir a dormir con él y a media noche nos lo encontramos que viene hacia nuestra cama donde ya se queda hasta la mañana, llegando a ser a veces ¡cuatro en la cama!

Aina, por el contrario, está demostrando ser una niña muy dormilona de noche. Durante el día le cuesta coger el sueño, sobre todo si estamos fuera de casa. Si estamos fuera como mucho aguanta media hora dormida. En cambio en casa puede hacerse una siesta de dos horas tranquilamente. La gran diferencia está en la noche. Le doy el pecho y cuando ya está dormida la paso a la cuna y allí se queda durmiendo hasta la mañana. ¡¡Me ha llegado a aguantar ocho horas seguidas de noche!! Hoy ha ido más allá y me ha demostrado que puede dormirse sola en la cuna. Le he dado el pecho en el sofá y se me ha desvelado, luego al intentarle dar el pecho en la cama me ha dicho que “nanai” así que la he dejado en su cuna (que está en nuestra habitación) con la musiquita de uno de los muñequitos que le trajo Papá Noel, y poco a poco ha ido cogiendo el sueño hasta dormirse del todo… Ahora a ver hasta cuando aguanta, pero si sigue como estas últimas semanas no espero menos que seis horas seguidas.

Imagen niño cama A la cama M. Ben-Arab

 

Así que ya veis, no hace falta hacer nada en especial. Cada niño es un mundo y cada niño tiene sus necesidades. Aina por ahora es así, se toma su teta y bien llenita y feliz se pone a dormir; en cambio Biel necesita más del calor de sus papis para poder dormirse. Conclusión: no hay que agobiarse e intentar acoplarse de la mejor manera para dormir. 

Al borde de un ataque de nervios

Madre de un niño de 28 meses y de una niña de 22 días. Me encuentro en pleno postparto, y es que pensándolo fríamente no hace ni un mes que di a luz por segunda vez. No hace ni un mes que somos cuatro en casa. Hace un mes no me imaginaba como sería tener dos niños en casa. 
Son lo más valioso que tengo, son lo que más quiero en el mundo… pero hay momentos en que te desbordas. El niño, que ya de por sí era nervioso y acostumbrado a que bailasen a su son, se ha encontrado de repente con una niña en casa que acapara la atención de mamá y papá, y de todo aquél que venga a visitarnos a casa. Y eso que no está desatendido. Para nada. Pero se han producido muchos cambios para él en este último mes:
La retirada del pañal. Empezamos el mes de septiembre, en vistas de que en verano fue un fracaso, y enseguida dejó de tener escapes y estábamos muy contentos con el tema. Llegó la niña y empezó de nuevo a tener escapes y mearse por todos lados… pero por suerte este tema está de nuevo encarrilado y lo llevamos bastante bien! Incluso nos atrevemos ya a salir a la calle sin pañal.
La bebé. Así es como la llama. Bueno, de hecho dice “la be” y eso que estamos fomentando que la llame por su nombre o que le diga al menos “la nena”… pero no, aún no tiene “confi” con ella y se refiere a ella así. De todas formas, tiene interés por ella: cuando llora nos lo hace saber (dificil no darse cuenta, por eso); quiere venir a “ayudar” cuando le ponemos el pijama, para ponerle crema en la pierna, aunque acabe lavándose en tu pijama el poquito de crema que le has puesto en el dedo porque no soporta tener las manos “sucias”; cuando llora le muestra todo lo que tenga a mano para que se distraiga, aunque la pobre no vea nada de lo que le enseña; le da besitos amorosos, incluso ahora sin que le pidamos que se los de. Eso sí, le dices de hacerse una foto con ella, a su lado, y huye como si se tratara de la peste.
Las literas. En el blog ya he hablado alguna vez del tema del colecho y de las veces que hemos probado que duerma en su habitación. En julio compramos unas literas para la habitación, ya que pasamos la cuna a la nuestra para tener a la niña con nosotros. Entre unas cosas y otras no tuvimos las literas hasta principios de octubre, así que pasamos la primera semana en casa durmiendo los cuatro en la misma cama gran parte de la noche. Luego, en cuanto las tuvimos hicimos el cambio de habitación a saco. Cada noche lo llevamos a su habitación y ya tiene que dormir ahí, aunque nosotros le acompañamos hasta que se duerme (no sin un drama porque quiere ir primero a nuestra cama — la suya durante mucho tiempo) y a media noche, cuando se despierta, mi marido va con él. 
Y así, con todo esto tenemos al pobre niño atacado de los nervios. Está fuera de órbita y de todo hace un drama. Juega nervioso, se le cae todo con frecuencia, haciendo ruido sin parar, la hora de la siesta está histérico y muchas veces no quiere dormir, grita… Y tú, como buena madre, que entiendes y sabes que está así por todos los cambios que ha tenido que pasar en tan poco tiempo (y que si a un adulto ya le cuesta asimilar los cambios imagina a un niño de dos años, que apenas sabe expresarse) hay veces que te desesperas porque no sabes como calmarle. Sí, me refiero a mí. Yo que no sé como calmarle. Bueno sí, miento. Debería empezar por calmarme yo, para transmitir tranquilidad. Pero, ¿cómo hacerlo? Me siento agotada, aunque no lo parezca. Quisiera poder tener tiempo y calma para dedicarme a él, pero de momento lo único que siento es que la niña me ha salido de alta demanda, que estamos casi todo el día enganchadas (suerte de haber descubierto el mundo del porteo ergonómico, los fulares y bandoleras) y que por mucho que quiera, en estos momentos no puedo dar más de mí y me cuesta calmarme (imagino que las hormonas tendrán algo que ver).

Y, como he dicho al principio del post, ellos son lo que más quiero en el mundo: los dos, a mi niño y a mi niña, pero hay momentos del día en que me desbordan y pienso que quién me ordenó meterme en estos líos. 

Nervioso él, nerviosa la niña, nervioso el marido y nerviosa la madre… ¿quién da más? 

Últimas semanas de embarazo

Ya estoy en la semana 38. Si naciera ahora la niña se podría decir que ha nacido a término, es decir, no se considera prematura. También he leído que en esta semana ya están formados sus órganos y que ahora simplemente se dedica a coger peso. Así que dicho esto: hija mía, sal ya, que queremos conocerte jeje
Desde la última vez que escribí sobre mi embarazo he tenido que volver a repetir la prueba del azúcar, por posibilidad de tener diabetes gestacional, ya que la niña estaba en el percentil 92. Así que fui una mañana al hospital, desconocedora de como sería repetir la prueba (en el otro embarazo solo hice la prueba O’Sullivan en la semana que tocaba y como salió bien y el embarazo también, no me hicieron repetir la prueba). Ahí me explicaron que la prueba como tal tenía una duración de 3 horas. 3 HORAS. Suerte que llevaba una libro, porque si no me da algo. Eso es lo que pensé primero. Luego me dijeron que me pincharían primero, para tomar muestra de sangre, luego me daban el líquido aquél, y luego tenía que esperar a cada hora, hasta 3, para irme pinchando. Así que en total cuatro pinchazos. Pero bueno, la realidad es que ese primer día solo me pincharon una vez, ya que el zumo me sentó fatal. Al cabo de media hora de habérmelo tomado me empecé a notar un sudor frío y que todo daba vueltas. Me tumbaron y devolví todo el zumo. Así que se anuló la prueba y tuvieron que volver a programármela. HORROR: solo de pensar que me tenía que volver a tomar el zumo ese… Unos días más tarde repetí la prueba. Esta vez iba acompañada de mi hermana por si me volvía a pasar el soponcio del mareo. Pero aquél día, imagino que porque estaba acompañada y distraída hablando con ella, me encontré mejor y pudieron pincharme las cuatro veces. Días más tarde me dieron los resultados y salieron bien, así que no tengo diabetes. Simplemente la niña viene grande.
Lo bueno de esos días es que hice un poco de dieta por si tenía diabetes (aunque sinceramente pasaba hambre solo de pensar en lo que no podía comer) y mantuve el peso (de hecho adelgacé unos gramos).  Así que si de una cosa estoy orgullosa en este embarazo es en el control de peso. He engordado ocho quilos, pero en realidad son cuatro, teniendo en cuenta que debido a náuseas y ascos en el primer trimestre de embarazo adelgacé cuatro quilos. Recuperé esos cuatro quilos y además he engordado otros cuatro. No está mal teniendo en cuenta que con Biel me engordé 16! Espero que en cuanto tenga a la niña mantenga el peso o incluso recupere el que tenía antes del embarazo de Biel.
Y en estas últimas semanas pues estoy pasando malas noches. Como veréis, escribir un post a las 06:30h de la mañana es lo más normal del mundo. Me levanto cada dos horas como máximo para ir al baño, y es que la niña presiona que da gusto. La barriga me pesa, con lo cual no me puedo mover con total libertad y me acaba doliendo todo, sobre todo la parte de la pelvis y cadera, donde noto todo el peso. Cada noche tengo rampas en las piernas (hay veces que incluso en las dos a la vez), muy dolorosas y que tardan en irse. Ya no me sirve lo presionar los dedos del pie hacia mí ni los masajes… Ahi queda el dolor durante un rato. Así que dolorida total y sin poder dormir. 
En cuanto a organización: ya hemos montado la cuna en la habitación pero las literas, que tenían que ponerlas hoy, no las tenemos porque calculamos mal una medida y quedaba muy justa (y no me gustaba). Así que estamos a la espera de si pueden cortar la madera o no… y según lo que nos digan pues hacemos una cosa u otra. El problema: estos 11 días que me quedan para salir de cuentas. Ya me veo practicando el colecho de 4 durante los primeros días. Tendré que cambiar mi imagen de “En mi cama somos tres” por el de somos cuatro.
Imagen de Sarai Llamas

En cuanto a síntomas de parto, poca cosa. Hubo un par de días que empecé a tener algo de contracciones, pero ni eran dolorosas, ni regulares. Pero ya me veíais ahí emocionada por si se volvían regulares. Pero que va. A seguir esperando.
Ahora, si la niña no llama a la puerta antes, el día 13 tenemos una última ecografía, en la que quieren controlar el peso del bebé y luego el día 19, que es cuando salgo de cuentas, la prueba de las correas. 
El caso es que poco queda ya. Ya han pasado casi 39 semanas y en nada habrá una nena en casa, una más en la familia, una más a quién querer con locura. Estoy deseando verla. No niego que también hay días en que todo se me hace un poco montaña arriba solo de pensar en como lo llevaré con mi hijo, ya que estamos muy unidos, pero prefiero pensar que lo llevaré con normalidad. No quiero que Biel piense que lo dejo de querer, pero también quiero que vea que se tiene que querer a la pequeña. Que su mamá ahora tiene que dar mimitos a los dos, pero que lo sigo queriendo mucho. Pero mucho. 

En mi cama somos tres

Imagen de Sarai Llamas

Con esta frase queda claro que en mi casa se practica el colecho. Ahora bien, analicemos como hemos ido a parar a dormir los tres juntos y qué opinamos al respecto.

No sé si he contado alguna vez que antes de que naciera Biel yo tenía claro que él dormiría en su cuna, nosotros en nuestra cama, etc, etc… Pues bien, por lo mismo que pasó con la lactancia que hasta que no te encuentras en situación realmente no puedes saber qué tan fácil es seguir con tus premisas pre-maternidad, nos hemos encontrado que al final dormimos los tres en la misma cama y no es un drama. Al menos para nosotros. Al menos algunos días.
Cuando Biel nació llevamos el moisés a nuestra habitación, para que tuviera al niño más cerca cada vez que se despertara para pedir pecho. Se despertaba mucho por la noche. Cada hora y media, máximo dos, el peque se despertaba. Yo lo pasaba a la cama y le daba el pecho. El se cogía a él y comía un poquito. Enseguida se dormía en el pecho y yo, muchas de las veces, me dormía con él. Cuando no me dormía lo volvía a pasar a la mini cuna hasta que se despertaba de nuevo y volvíamos a repetir el proceso. 
La cosa se fue complicando cuando empecé a trabajar, hará un año y un mes. Aún le daba el pecho por las noches y yo iba MUY CANSADA entre la vuelta al trabajo y el dormir poco por las noches. Así que cuando se despertaba para tomar pecho ya lo dejaba durmiendo a mi lado, no lo volvía al moisés. Al cabo de un mes de empezar yo a trabajar, Biel dejó de pedir pecho por la noche. Es decir, se despertaba pero no quería comer. Solo quería dormir con nosotros. Así que dejamos que durmiera con nosotros ya que era lo que mejor nos iba para poder descansar. 
Y así hasta el verano. Durante el verano, ya expliqué en alguna entrada, Biel parecía que empezaba a independizarse de nosotros. Hubo unos días en que se dormía solo en su habitación e incluso dormía del tirón nueve horas seguidas o más… Ya no pedía volver a nuestra cama.
Fue empezar el nuevo curso y él querer volver a la cama con nosotros a media noche. Ahora directamente, lo dormimos con nosotros y ya no duerme en la cuna, que lo hace solo en contadas ocasiones y siempre despertándose a media noche. Para nosotros es mucho más cómodo dormir juntos porque así no sufrimos de los despertares nocturnos y podemos dormir del tirón. Ahora bien, es cierto que a medida que crece se va moviendo más y da más golpes. Mi marido, sobre todo, sufre de sus patadas.
Hasta aquí sería algo normal (bajo mi punto de vista). Ahora bien, parece ser que no lo es y para la gente que no lo es da su opinión y clama que nos está tomando el pelo. El comentario number 1, sin embargo, se lo lleva la infermera de la pediatra durante la revisión de los 18 meses. Al preguntarnos que como dormía le dijimos que bien, que lo hacía del tirón. Preguntó entonces si lo hacía en su cama y nosotros dijimos que dormía en nuestra habitación. Entonces ella ya empezaba a encenderse y volvió a preguntar si es que teníamos la cuna al lado de la cama y dijimos que no, que dormíamos en la misma cama. Entonces nos dijo que esto no podía ser, que teníamos que ponerle a dormir en su habitación, que tenía que aprender a dormir solo y que, aunque fuera muy bonito verle, olerle, notarle, etc, ERA ANTIHIGIÉNICO. Eso nos dijo. Mi marido y yo callamos como tumbas y solo le dijimos que vale, que ok, pero que para nosotros era lo más cómodo y que veíamos bien que durmiéramos juntos. Ella calló y vino la pediatra. Ella nos volvió a preguntar que cómo dormía y al decirle que bien no indagó más. Nosotros no especificamos más, claro. La infermera, al cabo de un rato dijo que qué opinaba la pediatra de qué durmiéramos juntos y al decirle nosotros que no se lo habíamos comentado nos miró con cara de “no habéis dicho nada para que no os abroncara” y pareció que iba a por ella, pero dio media vuelta y simplemente nos dijo un buenas tardes de despedida…
Cierto es que para nosotros es lo más cómodo, pero también entiendo que mucha gente no sea partidaria de compartir cama con el peque, por X motivos… pero si nosotros lo hacemos, ¿qué tiene de malo? ¿Acaso dormirá con nosotros cuando sea un adolescente?¡¡¡Espero que no!!! Como maestra entiendo la importancia del querer educarle el sueño, que tenga una serie de rutinas y espacios que identifique como suyos. Como madre, el dormir con él, además, me da la tranquilidad de tenerle, de palparle, de saber que está bien. En la práctica no es tan fácil enseñar a dormir a un peque en su cuna… si él reclama a la madre, ¿por qué negarle ahora? A lo mejor es una manera de pedir que estemos por él, de no dejarle solo… No sé… pero solo sé que no me siento mala madre por dormir juntos los tres.

Revisión de los 15 meses y demás

Empiezo ya a desaparecer del blog y esto no me gusta nada. Me tengo que organizar para poder encontrar algún momento y escribir en él, pero ya me temía yo que en cuanto empezara a trabajar el ritmo iría decayendo poco a poco. Y es que ya llevamos casi tres semanas de curso y el tema de preavaluaciones, correcciones, reuniones de ciclo de primaria con sus respectivos deberes, todo esto empieza a coger forma y una tiene que ir ocupando sus horas en todas estas cosas porque en horario escolar no se puede. En fin, que la excusa está en el montón de trabajo que tengo y luego los ratitos que tengo libres, lógicamente se los dedico a mi peque.
A lo que iba. Hace una semana fuimos a la revisión de los 15 meses de Biel (que por poco le pilla ya en los 16). Todo fue bien, solo era revisión con la infermera y no nos dijo nada en especial. Su peso es de 9,220kg y su talla de 76 cm. Sigue siendo pequeñito, pero bueno, esta vez no nos ha dicho nada… A ver en la revisión de los 18 meses, en que estará la pediatra, a ver que dice respecto al peso, ya que en los 12 nos dijo que iba subiendo demasiado poco de peso. También se le puso un par de vacunas, entre ellas la de la varicela, que no entra por la seguridad social y se tiene que pagar a parte. ¡Cuestan un riñón! Así que espero que si tiene que pasar la varicela le sea muy flojita porque esto querrá decir que la vacuna ha hecho su efecto jeje. La infermera nos dijo que esta vacuna en realidad no hacía falta ponérsela a los niños que no van a la guardería (ya que no tienen riesgo de contagio) pero como su mami (o sea yo) trabaja en un cole con niños pequeños y que suele contagiarle de varios virus que corren por ahi, pues no estaba de más ponérsela. Era decisión nuestra. 
En cuanto a la comida sigue comiendo a trocitos pero también purés y cremas. Le chiflan las patatas fritas: ¡una pasada! Está comiendo tan tranquilo y ve una patata frita y ya puedes olvidarte de lo que estaba comiendo él… Hasta que no ha devorado como mínimo un par de ellas. 
Sigue siendo súper cariñoso y nos colma de besos y abrazos. Sinceramente: el mejor regalo que hay. También tiene su carácter y se sigue fustrando en cuando le dices que “no” a alguna cosa o cuando tiene que dejar de hacer algo en que está muy entretenido. Suele montar pollos bastante importantes, pero en cuanto le distraes con algo se le pasa. De su carácter también cabe destacar que es bastante tímido. Le cuesta abrirse a los desconocidos y se esconde entre nuestras piernas para no tener que enfrentarse al desconocido en cuestión (esto me pasaba a mí también de pequeña… ¡siempre entre las piernas de mi madre!)
En el tema del dormir hemos avanzado bastante ya que muchas noches ya se las pasa en su cuna, pero aún así hay noches que las pasa con nosotros. Yo sigo encantada de dormir con él aunque también es verdad que ahora ocupa mucho más en la cama y se mueve muchísimo! No es estraño verle enganchadísimo a uno de nosotros dos y de repente separarse y tirarse de cabeza hacia el otro. Se pega unos golpes con el cabezal de la cama que sufro en que pueda quedarse tonto jeje.
Por lo que se refiere al habla, no dice muchas palabras con significado. Solo se le entiende papa, mama, yaya… ni tan siquiera dice agua. Debe tener un cacao en la cabeza entre el catalán, el castellano y el inglés…  Un día repitiéndo lo que yo decía llegó a decir bye bye, pero ya nunca más lo dijo. En fin, espero que en estos meses su lengua se vaya desenvolviendo y diga alguna palabra más!
Y ahora quería compartiros la angustía que estoy pasando estos días de pensar en que queda tan poco para irme de colonias con mi curso. Pasaré dos noches fuera y solo de pensarlo me entra una pena tremenda. Serán las dos primeras noches en 16 meses que no duerma con mi niño. Siempre surgen los miedos (y tonterías) de pensar si se olvidará de mí durante esos días, si me echará de menos, si se alegrará en cuanto me vea al volver… En fin, ¡tengo una gran pena!
Y nada, por hoy creo que ya es bastante. ¡Muchas gracias por leerme todos los que estáis por aquí! Hasta la próxima.

Dormir y dormir (II)

Hace ya un tiempo escribí sobre la rutina que llevábamos con nuestro hijo a la hora de dormir. Durante este año que ha pasado las rutinas no han cambiado mucho, aunque lógicamente ya no duerme en su moisés si no que lo hace en la cuna.
El mes de marzo decidimos hacer el cambio de moisés a cuna. Y es que teniendo un bebé tirando a pequeño, con nueve meses aún entraba en el moisés. Pero ya se iba haciendo más grande y necesitaba más espacio para dormir, así que decidimos hacerle dormir en su cuna. Esto no solo implicaba un cambio de cama sino que también un cambio de habitación. 
Preparamos su cuna, le hicimos la cama, le dejamos que estuviera dentro para que se fuera acostumbrando a ella… pero aún así nos costó que se amoldara al nuevo cambio. Así que tal y como hemos ido haciendo, nos hemos amoldado nosotros a él otra vez. Le dormíamos en nuestra cama y cuando ya estaba bien dormido lo trasladábamos a su cuna; dormía unas horas y cuando se despertaba a media noche porque no nos encontraba o por lo que fuera, lo íbamos a buscar y lo volvíamos a traer a la cama de matrimonio, donde ya se pasaba el resto de la noche.
Y así hasta esta semana. Empezó la semana como siempre, durmiendo en nuestra cama y lo trasladábamos, pero cuál fue mi sorpresa que cuando a mi marido le sonó el despertador para ir a trabajar (que justo ese día era el primer día después de vacaciones) mi hijo no estaba con nosotros en la cama. Había dormido toda la noche del tirón (unas nueve horas) en su cuna. Eso sí, se despertó justo cuando cerró la puerta y ya lo pasé a mi cama. El martes por la noche empezamos como siempre el ritual de sueño, pero estaba taaan cansado (habíamos ido ese día a la playa) que no podía coger el sueño. Así que empezó a ponerse nervioso: a pegar manotazos, intentar morderme, tirar el chupete… en fin, un tanto fiero. Yo, ya cansada, le dije que si continuaba de esa manera que lo sacaría de la cama y lo llevaría a la cuna. Me pegó un manotazo y directo que se fue a la cuna. Pensé que se pondría a llorar y yo ya estaba imáginandome que no aguantaría los lloros, pero cuál fue mi sorpresa que a los diez minutos se hizo el SILENCIO en casa. Me levanté, fui a su habitación y resulta que era la primera vez que se dormía solo en su cuna. Sentí una especie de alegría (por esta novedad) pero también pena porque ya se iba independizando de nosotros y de la cama. Durmió del tirón de nuevo toda la noche. Y hasta hoy ha dormido todas las noches enteras en su cuna, aunque sí que aún quiere dormirse abrazado a mi al principio. 
Y ante este cambio yo me siento rara. Tras casi quince meses durmiendo juntos los tres, noto que falta alguien en la cama. Y aunque es verdad que ahora, con el calor que hace, va bien que tengamos más espacio para nosotros y que, además, nos podamos mover con total libertad sin miedo de pisarle una manita, un pie, la cabeza, ahora la que no duerme del tirón soy yo porque me despierto cada dos por tres para comprovar que sigue durmiendo tranquilamente en su cuna.