Rabietas

Imagen de Takatuka.com

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Este mes de marzo, nuestra caja de My Little Book Box contenía este cuento titulado Rabietas de Susana Gómez Redondo e ilustrado por Ana Aparicio Català.

Es un cuento que habla de los sentimientos que experimenta el niño en su día a día, sobre todo en la franja de edad a la que está dirigido el libro (a partir de 3 años). Los pequeños a partir de esta edad, o incluso antes (los famosos “terribles dos años”), pasan de la felicidad a la rabia en cuestión de segundos. Y pasan de verlo todo de color de rosa a acabar rabiosos y no ver nada de nada.

Está narrado en primera persona, por lo que el niño se puede sentir identificado con el protagonista. Además, cada emoción está ligado a un color, por lo que los más pequeños podrán comprender que cada color se refiere a una emoción y los asociarán rápidamente. Por ejemplo, cuando el niño está contento y FELIZ todo es de color ROSA. Luego llega el momento en que se le niegan sus deseos más immediatos por el motivo que sea, y llega el nubarrón, la tormenta interior, la marea roja que le acaba llevando a un GRANATE y ésta es la emoción de la RABIA. En ese punto se producen las famosas rabietas, que popularmente las asociamos a los dos años pero que se producen a cualquier edad en diferentes intensidades. Y entonces el cuento explica que el niño grita y grita, y que no entiende como sus padres están en BLANCO, como si no le oyeran, impasibles a sus gritos.

Al cabo de un rato, el niño se va tranquilizando y va recordando lo que debe hacer para calmarse. Una de las cosas que le llegan a la cabeza son las palabras de su madre que le dice (en catalán):

I em ve al cap això que diu la mare sobre les coses boniques i els xiuxiuejos: que ser a la voreta d’algú és millor parlar en veu baixa i a cau d’orella.

I al contrari: que quan les persones xisclen s’allunyen cada vegada més, perquè ja no cal que siguin a tocar, sinó a l’inrevés.

(Traducido:

Y me viene a la cabeza aquello que dice mi madre sobre las cosas bonitas y los susurros: que para estar cerca de alguien es mejor hablar en voz baja y al oído.

Y al contrario: que cuando las personas chillan se alejan cada vez más, porque ya no hace falta que estén cerca, sino al revés.)

Y es verdad… ¿cuántas veces estando enfadados nos sentimos tan y tan lejos de todo?

Cuando llega la calma, cuando los padres le explican bajito y tranquilamente que no debe enfadarse o simplemente le dicen que le quieren, su blanco y su rojo se vuelven a juntar y todo vuelve a ser de color rosa.

Como ya he dicho es un cuento que trata sobre las emociones, sobre todo la rabia y la felicidad, pero también es un cuento que habla de las frustraciones, de las emociones desbocadas y de la importancia de saber comunicarse y escuchar a los demás.

Este cuento nos será útil para poder conversar sobre esta emoción con nuestros hijos, una vez lo hayamos leído y ya se lo conozcan. Boolino nos propone en la guía de lectura una serie de preguntas que podemos formular durante la lectura: ¿Cuándo estás contento? ¿Cuándo te enfadas? ¿Qué notas cuando estás feliz? ¿Qué hace el papá del cuento cuando el niño grita? ¿Notas cuando te viene una rabieta?… Ejemplos de preguntas para entablar un diálogo con el niño y enseñarle a reflexionar y a hablar sobre sus emociones y sentimientos. Cuanto mejor identifiquen sus emociones y antes les enseñemos a hablar sobre ellas, antes aprenderán a gestionarlas de forma más racional.

Y para completar la caja, como cada vez, boolino propone tres actividades, las tres ideales para tratar el tema de las emociones. Las dos primeras, sobre todo, se centran en la rabia:

  1. Ris-Ras rabietas: deben rasgar y recortar distintos materiales que nos facilitan, como papel de color rojo, fieltro rojo, cartón ondulado y papel celofán para crear un collage. Se trata de plasmar sobre el papel el sentimiento de rabia. Una actividad entretenida y original. Y queda muy visual la explosión de la rabia.

Comparto con vosotros algunas imágenes de esta manualidad… ¡nos lo hemos pasado super bien!

Empezamos rasgando papeles

Empezamos rasgando papeles

Aina nos ayuda

Aina nos ayuda

Luego enganchamos bolitas de celofán

Luego enganchamos bolitas de celofán

Recortamos... ¡cosa que aún nos cuesta!

Recortamos… ¡cosa que aún nos cuesta!

Pintamos un poco

Pintamos un poco

Resultado final de nuestra obra de arte

Resultado final de nuestra obra de arte

 

2. Calmar la rabia: con un globo y una señal de STOP podremos jugar a identificar la emoción de la rabia. El que tiene la señal de STOP debe intentar dialogar con el que interpreta que está enfadado (el del globo). El intercambio de roles es un ejercicio interesante porque fomenta la empatía. Además, la señal de STOP es una herramienta útil que podemos incorporar en nuestro día a día cuando sucedan los enfado.

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Jugando con la señal y el globo

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Nuestro cuento, la señal y el globo

 

 

3. ¿Cómo me siento hoy?: boolino nos proporciona tres hojas de calendario y unos gomets de colores con los que deberemos dibujar la cara correspondiente a la emoción que hayamos experimentado a lo largo del día. Cuando llega la noche podemos hacer balance del día y explicar qué ha sido lo mejor y lo peor del día, elegir una pegatina del color asociado a su sensación y pegarla al calendario. ¡Un buen ejercicio sin duda!

 

Hace tiempo que no os lo recuerdo, pero ya sabéis que podéis clicar en el banner que hay en este blog para poder beneficiaros de un descuento en las cajas y además podréis disfrutar en familia de la lectura de cuentos escogidos especialmente para dialogar con nuestros peques, cuentos con valores, y de compartir tiempo en familia realizando las diferentes actividades que se proponen:

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Pero papá…

Hoy es el día del padre y como tal recomendaré un cuento en el que el protagonista es un papá muy simpático y un tanto despistado. Esos papás que nos hacen arrancar una sonrisa.

Pero papá…, de Mathieu Lavoie e ilustrado por Marianne Dubuc (Ed. Juventud).

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Marianne Dubuc es la ilustradora de esta simpática familia de monos. Es la hora de ir a dormir y papá les desea las buenas noches a sus dos hijos, pero es un tanto despistado y se olvida de todo: de los pijamas, de los muñecos, de los vasos de agua… ¡e incluso de la cama! Un sinfín de excusas por parte de los niños para no irse aún  a dormir… con las que nuestros peques se lo pasarán en grande e incluso se podrán sentir identificados… ¡Que levante la mano quién haya pedido un vaso de agua justamente en el momento de ir a dormir!

Es un cuento sumativo, a nivel visual; las ilustraciones se van completando a medida que los hijos le piden a papá alguna cosa nueva. Así que las primeras imágenes son de fondo blanco y se va llenando de los objetos que papá se va había olvidado.

 

 

Realmente es un cuento bonito y divertido para compartir con nuestros hijos. Le da un toque de humor a la rutina de la noche, y, además, es papá quién se encarga de ella… como en muchas casas.

Un libro con el que disfrutarán sobre todo los niños y niñas a partir de 3 años.

 

Si queréis conocer más libros en los que el padre es el protagonista, leed las siguientes propuestas o seguid el HT #leemosconpapa en twitter:

http://www.lamamafaelquepot.com/2015/03/Leemos-con-papa.html

El niño nuevo

El niño nuevo, de Lauren Child, es una de las novedades de Ed. Juventud que hemos podido disfrutar gracias a boolino. Es un cuento ideal para tratar la emoción de los celos, además de la relación con los hermanos.

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Elmore, el protagonista, es un niño que disfruta de su vida como hijo único. Podía ver los dibujos animados que quería sin que nadie cambiara el canal de televisión; podía comer las gominolas que su tío le regalaba sin que nadie le pidiera ni una sola (sobre todo las naranjas, que eran sus favoritas); también disfrutaba de los halagos de sus padres, disfrutar de ser “el niño más divertido, más listo y más adorable del mundo”… En definitiva: era el centro de todo y él disfrutaba de ello.

Pero todo cambió: llegó ÉL.

Éste él es el hermanito pequeño, que acapara la atención de todos los mayores, que parece que todo el mundo lo prefiera más que a él… y esto, como entenderemos, puede hacer que el hermano hasta entonces centro de todas las atenciones se sienta celoso y rechace cualquier cosa que provenga del hermano pequeño.

Y es que leyendo el cuento he podido ver reflejados a mis dos pequeños, con frases que repetimos los padres y que muchas veces parece que no lleguemos a empatizar con los sentimientos del niño.

Por ejemplo:

Podía hacer filas con todas sus cosas favoritas en el suelo y nadie las movía de allí ni un milímetro.

Esta frase me hizo añorar de las horas en que mi hijo se pasaba disfrutando de hacer filas de coches… ahora es totalmente imposible porque hay una destroyer que todo lo derriba.

Pero todo el mundo decía que Elmore NO tenía que enfadarse, porque el otro pequeño era simplemente así: pequeño.

Esta frase creo haberla repetido mil veces: lo hace sin darse cuenta… es pequeña. Y el pobre mío me mira con una cara de “¿y qué culpa tengo yo?”. Y es que ahora tiene que compartir no solo los padres, sino también los juguetes, el espacio en casa… todo lo que antes era para él solo.

Como decía, el hermano rechaza cualquier cosa del pequeño hasta que una noche todo cambió. El pequeño le ayudó a superar una pesadilla, acurrucándose a su lado para ahuyentar el miedo y ésto, Elmore, lo agradeció mucho y se dio cuenta que tener alguien a su lado estaba muy bien. Poco a poco Elmore acompaña a su hermano pequeño en los juegos, porque comparten muchas cosas aunque él no lo viera.

Es un cuento tierno, ideal para niños que esperan un hermano, e incluso diría yo para aquellos que ya tienen el hermano, porque podrán entender a Elmore y compartir el cambio de actitud hacia su hermanito. No es un tema fácil pero la lectura de cuentos como éste hacen entender mejor a los más pequeños qué emociones sienten y cómo pueden gestionarlas. Como con todo, nosotros, los padres, somos los que debemos acompañarles en todo este proceso.

Está catalogado para niños entre 4 y 8 años

¿Y cuándo toca vivir tranquilo?

Una vez más llega esa época del año que parece que haya un gran agujero en el que entras y parece imposible salir. Me ahogo al mínimo imprevisto o trabajo extra y me enrabio de pensar en el poco tiempo que tengo para hacer todo lo que se debería hacer.

Y es que, una vez más, llega mi conflicto interior, mis disputas conmigo misma, mi querer y no poder, mi querer y no querer, el deber que pesa, las responsabilidades fuera y dentro de casa…

El dilema de siempre. Priorizar. ¿Pero qué priorizo? Porque ahora mismo me da la sensación de no llegar a nada, de estar saturada, que no me entra nada más en la cabeza.

Me gustaría poder llegar a casa y no preocuparme de los mil y un proyectos que se deben hacer (programar, preparar materiales, etc, etc). Me gustaría poder llegar a casa y no discutir con nadie, que no hubieran nervios, ni gritos, ni tensión…

Me gustaría poder hacer cosas para mí. O con mi familia. Echo de menos esas tardes que las dedicaba a ir a yoga. Esos ratos de desconectar de todo, de reunirte con otras madres, de conectarte contigo y con tu bebé… Ya no se puede hacer. Vorágine de estrés y gritos. Ahora mismo me da esa sensación. Tal vez no. Pero llego tan saturada de todo lo que se debe hacer, de los plazos, de las exigencias, del querer ser más y más…

Y luego está la otra parte. El gusto por hacer aquello que te gusta, de querer probar cosas nuevas y querer dedicar tiempo a prepararlo, de leer nuevos libros o cuentos y querer compartirlos… De querer seguir escribiendo este blog, con mis cosas, mis recomendaciones… Aunque haya veces que piense que tal vez yo ya no aporte nada, que nadie me quiera leer… luego pienso que eso me da igual, escribo porque me gusta.

Como he empezado diciendo, estoy en esa época del año que toca cerrar temas, que toca acabar proyectos, que todo corre prisa, que todo es urgente, que todo es prioritario y tú lo único que piensas es en querer ir más lenta, en que no hayan tantas prisas, que no hayan tantas exigencias con todo. Poder respirar. Poder llegar y descansar. En definitiva, poder vivir más tranquila.