6 meses

Así, como quien no quiere la cosa, ya hemos llegado al medio año. 6 meses desde que nació Aina, y con ello su revisión.

En cuanto a talla mide 68cm y pesa 7,340kg. Siempre vamos diciendo que ella abulta más que Biel a su edad, pero mirando la libreta que tengo de él, en la que voy anotando sus cositas, resulta que en el mismo tiempo medía 67cm y pesaba más que ella (7,500kg). Así que más o menos van igual… claro, que teniendo en cuenta que uno es un niño y la otra una niña pues ella de percentil está más alta.

Pero esto es lo de menos, son datos que hacen gracia saber pero luego lo que importa, al fin y al cabo, es que estén bien de salud. Pues bien, con Aina vamos aún un poco a la deriva desde que empecé a trabajar. Hasta los 4 meses hicimos lactancia materna exclusiva. Luego introducimos la fruta, a los cinco meses los cereales sin gluten y también alguna toma de biberón (con leche de fórmula). Con esto último es con lo que estamos un poco dudosos ya que cada vez que hacía una toma de biberón (o cereales) que contenía leche de fórmula, Aina la vomitaba toda. Hemos ido un par de veces al médico por este tema, por miedo a que sea algún tipo de alergia o intolerancia, y de momento solo hemos conseguido que nos digan que vayamos probando diferentes leches hasta dar con la que le siente bien. Ahora, después de haber probado una AR (anti-regurgitación) nos han dicho que probemos la hidrolizada. Tenemos que darle esta leche durante la tomasde los cereales y algun biberón cuando yo no esté y observar qué tal le sienta. Estos dos días parece que bien, no la vomita… pero bueno, espero que el día 2 de abril, que tenemos la visita de seguimiento, le puedan hacer alguna prueba de alergia o algo para salir de dudas.

Y nada, también hemos empezado con la verdura. Así que ya estamos ampliando su alimentación.

De todas formas, me apena que haya pediatras que crean que a partir de los 6 meses ya la lactancia materna tenga que ir dejándose y que de gracias que haya tenido leche como para darle este tiempo. No saben el daño que me hizo ese comentario.

Al igual que decirme que lo natural es ir ya introduciendo más alimentos (que no lo pongo en duda) y que es normal que le den fruta, y verduras y leche de fórmula. Ahí me callé y aguanté las lágrimas hasta que la infermera dio en el clavo de mi silencio. Lo natural dice el pediatra. Cuando se sabe de sobras que se recomienda LME los seis primeros meses, no sé a que viene este pediatra a decirme que si le dan la fruta antes es porque la fibra va bien y que así su estómago se acostumbra ya que le da más nutrientes que con la leche materna sola no se tienen.

La infermera sabe que yo quería una LME y que aunque haya dado pecho no ha sido exclusiva por culpa del trabajo, por horas que estás fuera de casa, por trabajo que tienes y por tiempo que necesitas para hacerlo. Sabía que me aguantaba las lágrimas pues para mí, lo natural hubiera estado estos 6 meses dedicada a mi hija en exclusiva; y más, pero ya con estos seis que recomiendan de exclusiva ya me hubiera conformado. Sabía que estaba cansada y que me preocupaba esta posible intolerancia a la leche de vaca de mi hija. Pero al señor pediatra no le importa lo que la madre pueda sentir pues para él lo natural es otra cosa.

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En fin, que ayer salí de la consulta dolida por el comentario del pediatra, recordando la lactancia fustrada de Biel que me fastidió él al hacer mixta y no guiarme a conseguir una buena lactancia (para qué hacerlo si puede recomendarme una leche de fórmula), preocupada por la salud de la niña ya que se ha estancado de peso, con posible intolerancia a la leche… y cansada de tener siempre esta lucha interna de prioridades.

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Revisión 4 meses y más

Aina ya ha cumplido los 4 meses y fuimos al pediatra para su revisión. Va bien de medida y peso, le pusieron sus vacunas y ya nos explicaron qué alimentos le podemos ir introduciendo.

Una de las primeras preguntas que nos hizo la infermera fue que qué marca de leche habíamos comprado para Aina (pues sabía que había empezado ya a trabajar). Cuando le dije que ninguna me miró sorprendida y ella misma me dijo que qué bien que pudiera darle aún de mi propia leche. Cuando llegó el momento de la revisión por parte del pediatra, la infermera le hizo notar que la niña estaba hermosa y perfecta de peso para el tiempo que tiene y va y le dice en tono como “burleta” (hacia él, pues es un poco anti-lactancia materna… o más bien pro-leche de fórmula) que la niña está así de bien alimentada con lactancia materna exclusiva; espero unos segundos para decirle y hacerle notar que “y además, la madre ha empezado a trabajar y han seguido con la lactancia”. Lo dijo en plan logro triunfante para tirarle por tierra sus creencias anti LM. Me hizo gracia la respuesta del pediatra pues no podía negarse a la evidencia y solo acertó a decir que si me sale suficiente leche pues que sigamos así.

Luego fuimos comentando los alimentos que se pueden introducir a partir de los cuatro meses, y hemos empezado con las frutas, tal como hicimos con Biel. La primera con la que hemos empezado ha sido la naranja (en forma de zumo) y al cabo de tres días le introducimos la pera (con Biel fue el plátano, curioso como de pediatra a pediatra cambian el orden de las frutas). De momento va bien, a ver qué tal con la manzana y el plátano que serán las siguientes. Nos dijo que los cereales en todo caso los empecemos a los cinco meses, ya que ve que está bien de peso y aguanta lo suficiente por la noche.

El caso es que desde hace unos días (dos-tres días) que la niña ya no me duerme tan seguido por la noche. Lo máximo que aguanta son cuatro horitas. Y este fin de semana me he pasado la noche levantándome a buscarla a la cuna y pasándomela de teta en teta pues ha tenido despertares frecuentes. No sé que le debe pasar que de repente ya no duerma tanto… ¡ya no puedo presumir de dormilona! 😉

Y nada, el miércoles será un día duro pues tengo cursillo y llegaré hacia las ocho-ocho y media de la noche. Estaré doce horas fuera de casa… doce horas sin mis peques. A ver como paso yo el día, pues por la tarde no podré sacarme leche (al mediodía sí).  En fin. Que parece que los cambios nos van afectando a todos, incluso a la peque. Ya os iré contando.

Y seguimos…

Y seguimos igual. Estoy ya de 39+3 y aún seguimos aquí. El viernes hicimos la ecografía para control de peso de la niña y resulta que ya pesa 3,500kg. ¿Cuando piensa salir? Así no me extraña que esté yo me duela todo el cuerpo. Y es que toda yo soy barriga. En este segundo embarazo he tenido suerte con los quilos que he cogido y parece ser que todo lo ha ido engordando Aina, porque yo solo me he engordado 4-5kg.
Y des del viernes por la tarde me duele mucho la ingle izquierda, parece que tenga la cabecita de mi niña apretando para allá… pero resulta que esa tarde me dediqué a andar y andar (fuimos paseando mi peque y yo) y luego tuve que subir tres pisos a pie (no tenemos ascensor) y no sé si del esfuerzo o qué, desde ese día me duele la ingle. Si ya era un suplicio el levantarme y/o moverme ahora lo es más. En fin. Con ganas de que nazca ya la “petita” Aina.
Mi barriguita de 39 semanas

Además, estos días mi pequeño parece que esté de nuevo incubando algo. Lleva un par de días con décimas, y ayer le salió una granizada tipo como la que le salió en julio (el famoso “no-sarampión”) pero con granitos más aislados. Lo llevamos de urgencias ya que hacía un par de días le pusimos la segunda dosis de la vacuna Varivax [Nota: estamos a la espera de unas pruebas de alergia: a principios de este mes hizo una reacción alérgica al amoxicilina, pero con otro cuadro (se le hinchó el labio superior)] y pensamos que también podría haberle hecho reacción alérgica. O eso o a algún alimento y no sepamos cuál. Después de mirárselo dijeron que podría ser a algún alimento, aunque no es seguro. Que aprovechemos el día que nos hagan la prueba para que también le miren este tipo de alergia, a parte de control con la pediatra. Total, que ahora además tenemos la preocupación de qué puede estar pasando a Biel para que le salgan tantas cositas en tan poco tiempo.
Ya os seguiré informando y espero que pronto os de la noticia de que la pequeña ha nacido!

¡Sarampión!

Todo empezó el miércoles pasado, mi primer día de vacaciones. El niño empezó con fiebre por la tarde y estuvo el jueves y viernes igual. Lo llevé el viernes al pediatra (que nos atendió su primer pediatra, el que nos cambiamos… y cada vez estoy más contenta de haberlo hecho… menuda manera de tratar y hablar a un niño pequeño, ¡por favor!) y éste nos dijo que no sabía a que se debía la fiebre. Que sería un virus. Y ahí quedó la cosa.
El sábado teníamos una boda (mi hermana) y el niño estaba mejor. Pero por la noche, al ducharlo, vimos que tenía granitos por el cuerpo. Pensamos que era por el calor, pero cogimos hora para el lunes la pediatra por si acaso. 
Pasó el fin de semana y el lunes vamos al médico y… ¡sorpresa! La pediatra lo examina y sale de la consulta sin decir nada en busca del otro pediatra (el mismo del viernes, es decir, su anterior pediatra) y entre los dos llegan a la conclusión de que podía ser sarampión. Llamaron a epidemiología y dieron aviso de que podían tener un caso, aunque mi hijo NO tenía todos los síntomas. Nos hicieron estar un rato en otra consulta, a la espera de que hiciera un pis para que lo pudieran enviar a analizar y también tomaron muestra de la saliva. Luego, preocupada, pregunté si a mí me podía afectar ya que estaba embarazada y me dijeron que si ya la había pasado o estaba vacunada pues que no me pasaba nada.
Con la granizada que tenía el lunes
Nos fuimos a casa y me llamaron los de epidemiología para preguntar con quién habíamos estado en contacto, para poner en alerta a la gente que no estuviera vacunada… ¡Así que imaginaros cuando dije que habíamos ido a una boda el sábado! Suerte que mi hijo no es muy social y se relacionó con poca gente, y de la poca gente que se relacionó la mayoría ya estaba vacunada o la había pasado. Los que no la habían pasado o no estaban vacunados, han tenido que ir a ponerse la vacuna o estan esperando a ponérsela según los resultados de las pruebas.
El día siguiente fui a hacerme una analítica ya que me dijeron que así nos quedábamos todos tranquilos, por el tema embarazo. 
Todo esto fue entre el lunes y el martes… Pues hoy, jueves, solo me han llamado para dar mis resultados (estoy bien, inmune al virus) pero aún no nos han dicho nada de mi hijo… ¿A qué esperan? El pobre ya no tiene las ronchas, por lo que todo hace pensar que al final no era sarampión, pero no nos atrevemos a sacarlo por si acaso… Y encima el lunes nos vamos de vacaciones en barco… y estamos en vilo pensando si podremos ir o no al final.
Así estamos… si es que lo que no nos pase a nosotros…

Los 2 años ya están aquí… con lo bueno y lo "malo"

Antes de todo, tengo que decir que el tiempo no da para más (como ya habréis podido comprobar por mi gran continuidad de publicación en el blog) y eso que me gustaría compartir cosillas y tengo entradas pendientes de escribir (otra sobre el tema de la “operación pañal”) pero como es tarde y hay tantas cosas por decir y compartir me decido por hablar sobre mi niño…. como no. Él es el protagonista de este blog.
El día 3 de junio mi pequeño mi cumplió 2 años. Así, como si nada, ya han pasado dos años de ese día tan especial, como expliqué el otro día. 2 años llenos de vivencias, dudas, alegrías, penas, ilusiones… 
Hace unas semanas fuimos a la revisión de los dos años, hicieron el control de peso, talla, etc. Está en el percentil 3, así que muy bajito pero la doctora ya no nos dice nada porque ve que el niño está bien y que es pequeñito y ya está. Pesa 10,300kg y mide 83 cm. No va a la guardería, como ya sabéis, y el único comentario que tuvimos al respecto fue el de la infermera que nos dijo lo de siempre: que si le iría bien para socializar, ser más abierto y relacionarse con otros niños y personas que no solo seamos los de casa. Pero nada, comentario y punto. No dijimos nada más ni ella tampoco. Por suerte no nos preguntó sobre como dormíamos porque suficiente tuvimos con lo que nos dijo de que era antihigiénico colechar. Si nos hubiera preguntado tal vez le hubiéramos mentido para no escucharla de nuevo (aunque hoy el peque ha dormido toda la noche entera en su cama — se nota que empieza el calor). Por lo demás todo ok. 
Con dos años ya puede comer de todo, salvo los frutos secos como tal (por riesgo de asfixia), así que ya le estamos empezando a introducir las frutas rojas y también empezaremos con el pescado azul (que somos de comer poco, nosotros, pero ya se sabe que por los hijos uno va adaptando la dieta jeje). De momento las frutas nuevas que le hemos dado le gustan y parece que le han sentado bien, así que descartamos alergias. 
Habitación de Biel 🙂
En cuanto al lenguaje poco a poco va expresándose más. Habla mucho y se le entiende poco (tiene un idioma propio) aunque hay veces que sí que te dice cosas claras e incluso elabora alguna frase cortita (de dos/tres palabras). Sigue instrucciones sencillas de una orden. Me tiene fascinada con su aprendizaje con los números: le llaman mucho la atención y en cuanto ve números los nombra sin parar… ¡y los identifica sin error! Conoce el uno, el dos, el tres y ahora va ampliando al resto. Hay letras que también sabe ya cuáles son: la A, la B (que le llama Bi, imagino que de Biel ya que en la pared de su habitación tiene su nombre dibujado e identifica las letras de su nombre)… No sé, tampoco quisiera hacer un informe exhaustivo del niño pero de momento yo creo que él en entender y hacerse entender no tiene problemas; bien es verdad que está en su mundo idioma, pero imagino que con la mezcla de lenguas que tiene debe ser lo normal. Ya arrancará a hablar con claridad.
Y nada, hasta aquí su parte médico y novedades varias. Ahora viene mi gran preocupación estos días. Hace un año escribí sobre “el terrible 1 año” pero no era nada comparado con ahora. Parece ser que mi pequeño, tranquilo y feliz, va sacando su genio. Ahora sí que son rabietas. Puede que sea también que al hacerse más mayor yo las vea también más exageradas, porque ahora sí que tiene fuerza y hay veces que ya no sabes ni como actuar. Cada día tenemos mínimo un pataleo por algo que le digamos “no” o porque él no pueda salirse con la suya. Hay veces que te estira de los pelos, otras que te da patadas si lo coges en brazos, y gritos los que quieras y más. Claro, en tal estado no puedes razonar con él y por mucho que vayas con buenas maneras del palo “estás haciendo daño a mamá”, “sé que te enfadas por X motivo”… es decir, cuando estás en plan comprensiva, yo veo que mi hijo no reacciona a estas palabras. No escucha. Rehuye de lo que le digas. Y desespera. Mucho. Entonces le das el grito y te sientes la peor madre del mundo por no saber estar tranquila y comprender a tu hijo en esos momentos. 
Es cuando le pegas el grito que te da por pensar qué es lo que puede estar pasando porque Biel esté tan susceptible y tan enrabiado a veces. Puede que sea que note tensión en casa ya que ya os he contado más de una vez que yo ando estresada con mis cosas y muchas veces llegue de mal humor a casa. Puede que sea porque note que algo pasa conmigo y no entienda el qué: mi barriga va creciendo y cada día le hablamos de la hermanita. Pero realmente él aún no es consciente de lo que realmente es (por mucho que miremos cuentos sobre el tema e incluso le encante uno en concreto que ya es el “conte de la mama” — ya os hablaré de él). 
Lo que más me preocupa del tema es que no tenga suficiente calma para entender que hay veces que las cosas son “no” y veo que hay ocasiones que solo hace lo que quiere. Está en fase explorador total. Pero esta fase me tiene agotada porque hay ocasiones que quieres que esté en un sitio por alguna cosa en concreto o explicarle algo y simplemente quieres que te escuche y no lo consigues, porque él en aquél momento tiene otra motivación. Así que me siento a veces un poco desalentada. Porque pienso que es bueno que él tenga sus motivaciones y mil cosas en la cabeza por explorar y aprender (es muy observador y todo lo engancha, de momento) pero hay esta parte que quiero como enseñarle a ser más paciente, a obedecer en ciertas ocasiones, de estarse más calmado y no hay manera. Ya digo que tal vez la culpa es que yo tampoco estoy calmada ni debo transmitir esa paciencia.

En mi cama somos tres

Imagen de Sarai Llamas

Con esta frase queda claro que en mi casa se practica el colecho. Ahora bien, analicemos como hemos ido a parar a dormir los tres juntos y qué opinamos al respecto.

No sé si he contado alguna vez que antes de que naciera Biel yo tenía claro que él dormiría en su cuna, nosotros en nuestra cama, etc, etc… Pues bien, por lo mismo que pasó con la lactancia que hasta que no te encuentras en situación realmente no puedes saber qué tan fácil es seguir con tus premisas pre-maternidad, nos hemos encontrado que al final dormimos los tres en la misma cama y no es un drama. Al menos para nosotros. Al menos algunos días.
Cuando Biel nació llevamos el moisés a nuestra habitación, para que tuviera al niño más cerca cada vez que se despertara para pedir pecho. Se despertaba mucho por la noche. Cada hora y media, máximo dos, el peque se despertaba. Yo lo pasaba a la cama y le daba el pecho. El se cogía a él y comía un poquito. Enseguida se dormía en el pecho y yo, muchas de las veces, me dormía con él. Cuando no me dormía lo volvía a pasar a la mini cuna hasta que se despertaba de nuevo y volvíamos a repetir el proceso. 
La cosa se fue complicando cuando empecé a trabajar, hará un año y un mes. Aún le daba el pecho por las noches y yo iba MUY CANSADA entre la vuelta al trabajo y el dormir poco por las noches. Así que cuando se despertaba para tomar pecho ya lo dejaba durmiendo a mi lado, no lo volvía al moisés. Al cabo de un mes de empezar yo a trabajar, Biel dejó de pedir pecho por la noche. Es decir, se despertaba pero no quería comer. Solo quería dormir con nosotros. Así que dejamos que durmiera con nosotros ya que era lo que mejor nos iba para poder descansar. 
Y así hasta el verano. Durante el verano, ya expliqué en alguna entrada, Biel parecía que empezaba a independizarse de nosotros. Hubo unos días en que se dormía solo en su habitación e incluso dormía del tirón nueve horas seguidas o más… Ya no pedía volver a nuestra cama.
Fue empezar el nuevo curso y él querer volver a la cama con nosotros a media noche. Ahora directamente, lo dormimos con nosotros y ya no duerme en la cuna, que lo hace solo en contadas ocasiones y siempre despertándose a media noche. Para nosotros es mucho más cómodo dormir juntos porque así no sufrimos de los despertares nocturnos y podemos dormir del tirón. Ahora bien, es cierto que a medida que crece se va moviendo más y da más golpes. Mi marido, sobre todo, sufre de sus patadas.
Hasta aquí sería algo normal (bajo mi punto de vista). Ahora bien, parece ser que no lo es y para la gente que no lo es da su opinión y clama que nos está tomando el pelo. El comentario number 1, sin embargo, se lo lleva la infermera de la pediatra durante la revisión de los 18 meses. Al preguntarnos que como dormía le dijimos que bien, que lo hacía del tirón. Preguntó entonces si lo hacía en su cama y nosotros dijimos que dormía en nuestra habitación. Entonces ella ya empezaba a encenderse y volvió a preguntar si es que teníamos la cuna al lado de la cama y dijimos que no, que dormíamos en la misma cama. Entonces nos dijo que esto no podía ser, que teníamos que ponerle a dormir en su habitación, que tenía que aprender a dormir solo y que, aunque fuera muy bonito verle, olerle, notarle, etc, ERA ANTIHIGIÉNICO. Eso nos dijo. Mi marido y yo callamos como tumbas y solo le dijimos que vale, que ok, pero que para nosotros era lo más cómodo y que veíamos bien que durmiéramos juntos. Ella calló y vino la pediatra. Ella nos volvió a preguntar que cómo dormía y al decirle que bien no indagó más. Nosotros no especificamos más, claro. La infermera, al cabo de un rato dijo que qué opinaba la pediatra de qué durmiéramos juntos y al decirle nosotros que no se lo habíamos comentado nos miró con cara de “no habéis dicho nada para que no os abroncara” y pareció que iba a por ella, pero dio media vuelta y simplemente nos dijo un buenas tardes de despedida…
Cierto es que para nosotros es lo más cómodo, pero también entiendo que mucha gente no sea partidaria de compartir cama con el peque, por X motivos… pero si nosotros lo hacemos, ¿qué tiene de malo? ¿Acaso dormirá con nosotros cuando sea un adolescente?¡¡¡Espero que no!!! Como maestra entiendo la importancia del querer educarle el sueño, que tenga una serie de rutinas y espacios que identifique como suyos. Como madre, el dormir con él, además, me da la tranquilidad de tenerle, de palparle, de saber que está bien. En la práctica no es tan fácil enseñar a dormir a un peque en su cuna… si él reclama a la madre, ¿por qué negarle ahora? A lo mejor es una manera de pedir que estemos por él, de no dejarle solo… No sé… pero solo sé que no me siento mala madre por dormir juntos los tres.

Otra vez enfermos…

Esto es un no parar. Mi hijo vuelve a estar enfermo: amigdalitis esta vez. Los síntomas los de siempre: 
-Poca hambre.
-Malestar.
-Fiebre alta.
-Dolor de garganta.
-Mucosidad.
Parecía que ahora al ser verano, con el calorcito, no iba a ponerse malito y llevamos ya tres días con unas fiebres que me lo dejan al pobre hecho polvo. Empieza el día con fiebre pero no muy alta. A medida que va pasando el día la fiebre le va subiendo. Al mediodía tiene el pico más alto, entonces coincide que se duerme de lo cansado que está. Cuando despierta, después de haber pegado la sudada, parece más contento y la fiebre le baja. Pero luego, hacia la noche le vuelve a subir. Y así llevamos tres días.

Esta mañana hemos ido al pediatra porque en realidad no sabíamos que podía ser lo que tenía (porque lo del dolor de garganta nos lo imaginábamos porque no quería tragar casi nada, solo agua) pero no habíamos visto el cuello muy rojo ni nada. Pues resulta que tenía una bola bastante grande de pus en la amígdala. Cuando la he visto he pensado que pobrecito, normal que no quisiera comer nada. Y nada, nos ha recetado antibiótico para siete días. 

La pediatra me ha dejado un poco en shock porque nos dice el diagnóstico en plan palabras médicas y técnicas, que la verdad me han dejado un poco igual. Hasta que no le he preguntado claramente que qué es lo que tiene (después de su larga explicación) y me ha dicho amigdalitis he pensado que qué le costaba decirlo antes así de claro. Pues no, ahí liándose la mujer. Y luego, para recetar la dosis de antibiótico me pide el peso del niño y yo no lo sabía seguro (desde la revisión de los 12 meses que no le he pesado de nuevo) y la mujer pidiéndome que se lo diga aproximado. Y digo yo, ¿le costaba mucho coger al niño y pesarlo? No, si es que de verdad… 
Mi marido dice que no le pasaba ni una y que ya había entrado nerviosa a la consulta. Pero imaginaros la situación: mi hijo gritando y llorando a grito pelado en la sala de espera, mujer mayor que me pregunta que qué le pasa (pues no lo sé señora, para eso vengo al médico… será que se encuentra mal, ¿no?), toda la sala  mirándonos con cara de “no lo puede calmar” y yo cada vez poniéndome más frenética de ver que el niño no dejaba de gritar y la gente no dejaba de incordiar. Encima entro en la consulta y la pediatra me va de mega profesional que se va hacia el ordenador dando el diagnóstico cual disco que le ponen el play y tú en la camilla vistiendo al niño, calmándole y que no te enteras de la mitad de lo que te habla. En fin, un show.
Y nada, volvemos a estar malitos, coincidiendo con época de vacaciones. Suerte que esta vez ya estamos en casa tranquilitos y sin ninguna salida programada.
Ya os iré contando qué tal avanza mi niño.