28 semanas

Así, como quien no quiere la cosa, ya estoy a punto de entrar en la 28a semana de embarazo y hoy he tenido visita con la comadrona para que me diera los resultados de la analítica de azúcar, de sangre y para que me pusiera la vacuna del RH-. Además del control de peso y todo eso.

Para empezar, de peso sigo estancada. Según la báscula de la consulta no he engordado ni un solo quilo desde que empezamos las visitas de seguimiento del embarazo. Aunque yo sé que al principio del embarazo perdí cuatro quilos y de esos cuatro he recuperado dos. Así que sí que estoy por debajo del peso inicial del embarazo pero al menos he subido un par de quilos. Pero esto lo controlo desde mi báscula, porque como digo en la de la consulta estoy en los 60 quilos y no hay quien me mueva de ahí. He estado mirando la cartilla del embarazo de Biel y en la misma semana ya me había engordado seis quilos! Así que no me extraña que la mujer esté un poco horrorizada de que no suba de peso, pero yo mientras la barriga vaya creciendo y la niña esté bien, que los quilos no suban más que luego cuestan de bajar!

De la analítica me ha dicho que tengo un poco de anemia, con lo cual me ha dado hierro, y de azúcar estoy bien.

Luego hemos escuchado el corazón de Aina y me han medido la altura del útero, que está perfecta para la semana que estoy, 28 cm justos.

Me han puesto la vacuna por tener el RH- y debo hacer notar aquí en el blog por si alguna vez (que lo dudo)  me tuvieran que volver a poner la vacuna, recordarme que esta vacuna ¡duele! En la farmacia, hablando con la farmacéutica que tenemos confianza (nos conocemos desde mi primer embarazo), la chica me preguntó si dolía la vacuna y yo (sin acordarme de lo que fue en su día) le dije que no, que era un pinchacito y ya está. Ilusa de mí… que rápido se olvida el dolor. Encima la comadrona me ha preguntado si quería que fuera rápida o lenta poniendo el líquido de la vacuna y yo, tonta de mí, pensando que pasaría antes le he dicho que rápido… que dolor… y luego durante la tarde, para más inri, me olvidaba de la vacuna y apoyaba la mano justo donde estaba el pinchazo… ouch, vuelta al dolor. En fin, aquí queda escrito para que lo recuerde en la posteridad: DUELE.

Esta era yo… pero con la aguja allí donde la espalda pierde su nombre

La diferencia con el embarazo del Biel es que la comadrona esta vez nos ha sugerido si queríamos un plan de parto, al que le he dicho que sí. Así que ahora tendremos que meditar bien el tipo de parto que quiero y ponerlo por escrito y entregarlo al hospital. 
Por lo demás pues vamos haciendo. Me siento muy pesada aunque no tenga mucha barriga, me cuesta ya moverme con normalidad cuando estoy tumbada. La niña se mueve poquito y esto hace que me coma un poco la cabeza y a veces me entre la negatividad de que algo le habrá pasado a la niña, que si los nervios de los últimos días, los esfuerzos hechos en el cole por separar a niños de pelearse, etc… Pero no, parece ser que está bien (deberemos esperar a la ecografía para confirmarlo del todo). Por otra parte, tengo las molestias típicas como el ardor de estómago (horroroso) y las rampas en las piernas por la noche (horribles).
Pero por lo demás un embarazo que sigue su curso y bien.

Ahora a esperar para la próxima visita, que primero será la ecografía del tercer trimestre y visita al hospital y luego el control de la comadrona de nuevo.

El verano ya llegó…

Y con él más tiempo para hacer las cosas que durante el curso no tienes tiempo de hacer. Véase por ejemplo: leer. 
El verano pasado ya os expliqué uno de los libros que leí, y fuera de éste, el resto de libros que me he ido leyendo son sobre temas de maternidad o educación. De novelas no he tenido tiempo de leerme ninguna y es de lo que tengo ganas de leer este verano, a parte de uno de Montessori que tengo pendiente.
Así que aquí os dejo mi lista de libros pendientes (y solo una selección de ellos)… ¿Cuántos me leeré?
En primer lugar: Canción de Hielo y Fuego 4. Festín de Cuervos.
Lo tengo pendiente des del año pasado, y la tercera temporada de la serie ya ha acabado así que tocará leerse el libro para no sufrir de spoilers!
En segundo y tercer lugar la segunda y tercera parte de Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol, que me leí el verano pasado. Ellos son: El vals lento de las tortugas y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes.
Si son como la primera parte, son lecturas ligeras así que tienen muchos puntos de ser leídos.

Luego vendrían estos:
La trilogía de Nueva York de Paul Auster. Lo tengo empezado desde hace un tiempo y lo voy leyendo a ratos..
Otro que he empezado hace poco por gusto y por ilusión de haber encontrado uno de Jeanette Winterson (¡que me cuestan de encontrar!) es Sexing the Cherry. Lo tengo en la mesita de noche y lo voy leyendo a ratitos también. 
El último de Murakami (Baila, baila, baila) me lo descargué en versión ebook, así que no ocupa espacio. Murakami es de mis autores preferidos pero éste no está de los primeros de la lista para leer… A ver de si aquí a diciembre (que es de tiempo que estaré por baja por maternidad) me da tiempo de leer.

Y tengo muchísimos más de Isabel Allende pendientes de leer, que según como me de tal vez suban algun puesto y lo lea antes que estos que he nombrado antes. Los títulos que tengo en lista de Allende son: La isla bajo el mar, El cuaderno de Maya, La casa de los espíritus, Retrato en sepia e Hija de la Fortuna.

¿Habéis leído alguno de éstos? ¿Tenéis ya vuestra lista para el verano o algún libro preparado para ser leído? La mía es larguísima y no me la leeré ni de buen trozo, pero quién sabe… tal vez Biel me deje tiempo para leer un poquito, ni que sea un par de ellos 😉

Viernes dando la nota (11): T’estimo molt (Maite Zaitut) (Lax’n’ Busto)

El otro día hablando con mi hermana mayor, que se casa en julio, me dijo que posiblemente incluiría esta canción como final de la ceremonia y pensé que era preciosa. Así que dedico esta canción a mi familia y amigos porque “fins a la lluna i tornar (us) estimo jo!”
Espero que paséis un buen fin de semana, una feliz verbena de San Juan y que esta canción nos contagie de felicidad y buen rollo.

Sobre el control de esfínteres

Hace unos días os hablé de nuestra intención de empezar la operación pañal con mi hijo este verano. Bien es cierto que tal vez aún no esté preparado, así que dejaremos pasar unos meses (cuando volvamos de vacaciones) a ver si en agosto nos podemos poner a ello. 
Pues bien, como yo sigo con mis múltiples temas en mente y este es uno de ellos, vi que la tienda La Mamavaca ofrecía una charla sobre el tema del control de esfínteres, a cargo de la madre y doula Vanessa Brocard. No lo dudé dos veces y me apunté a la charla, invitando a mi marido a asistir conmigo para así estar los dos bien enterados del tema. La pena es que Biel en la charla se cansó y quiso salir fuera, tras un gran episodio de rabietas suyas… en fin. La suerte es que mi marido estuvo en toda la charla y se enteró muy bien del tema, escuchando tanto las recomendaciones y consejos de la doula como de los demás padres que fueron a la charla. 
Así que recogiendo un poco las ideas que se dijeron os diré qué otras cosas aprendí en la charla además de lo que ya había leído del tema. Cosa que, una vez más, muestra cuántas vertientes diferentes hay sobre el mismo tema. 
Lo que queda claro es que el control de esfínteres es un proceso madurativo, tanto fisiológico como neurológico. ¿Qué quiere decir esto? Que el niño debe estar preparado físicamente y neurológicamente para empezar lo que nosotros llamamos “operación pañal” o “la retirada del pañal”. Este tema suele surgir cuando el niño cumple dos año, y más cuando se acerca el buen tiempo. Entonces es cuando los padres sentimos esa presión social de quitar ya el pañal al niño, de empezar a usar el orinal, muchas veces sin tener en cuenta si realmente está preparado o no. Vanesa nos comentó que según unos estudios se considera normal que haya escapes de caca hasta los cuatro años y de pipí hasta los cinco, pues el niño estará suficiente maduro hasta los 3-4 años. Así que es muy normal que antes de esa edad se produzcan los famosos escapes. Muchas veces la presión social viene desde las escuelas pues la gran mayoría de ellas no aceptan a los niños en P3 con pañal. Así que nos dijo que si no tenemos esa presión (véase nuestro caso porque el niño no va a la guardería y no empezará el cole hasta el curso 2014) mejor que dejemos que el niño siga su proceso madurativo, sin avergonzarnos de si usa pañal o no. Es lo normal.
Nos dijo que no teníamos que confundir el tema de retirar el pañal con que el niño haya adquirido esa maduración. Se podían dar dos casos:
  • Sacar el pañal y que el niño no controle ni identifique cuando tiene que hacer pipí o caca, por lo tanto tenemos los constantes escapes.
  • Sacar el pañal y que el niño sí que controle los esfínteres pero no quiera hacer sus necesidades en el orinal o en el retrete porque se siente más seguro haciéndolas en el pañal, por lo tanto no quiere hacer nada fuera de éste. Observó que el uso del pañal no deja de ser una prenda impuesta, por comodidad nuestra, y que los niños relacionan como una parte más de su cuerpo. 
Si de todas maneras decidimos por el motivo que sea que queremos sacar el pañal, podemos probar de retirárselo (tal cuál, sin más) y estar preparados con la fregona y la lavadora porque habrán numerosos escapes. Ella, a diferencia de lo que dije el otro día, recomienda no forzar al niño ha hacer pipí en determinadas horas, porque no sería seguir un proceso natural. Al igual que nosotros vamos cuando queremos, ellos también deberían hacerlo. 
¿Cuándo saber si el niño está realmente preparado, es decir, es consciente de la necesidad de hacer sus necesidades? Primero avisará una vez se haya hecho el pipí encima, después cuando ya lo esté haciendo y luego será capaz de anticiparse pero sin llegar a tiempo al orinal y finalmente sí que llegará a tiempo. Otra diferencia de lo que nos dijo a lo que ya había leído es que ella dice que podemos tener más de un orinal por casa, no necesariamente en el lavabo. 
Dice que también podemos decidir volver a ponerle el pañal si vemos que hay algún día que no hay manera de que controle las necesidades. Siempre explicándole al niño el porque se lo vuelves a poner, y siempre y cuando él quiera. Dice que no hay ningún tipo de retroceso ni nos debemos sentir mal o sentir que hemos fracasado. No deja de ser un proceso madurativo.
Nunca, bajo ninún concepto, se debe reñir al niño por hacer pipí encima. No lo hace por voluntad propia. De la misma manera dice que no tiene sentido recompensar el que haya hecho un pipí en el orinal ya que para él simplemente ha sido una necesidad fisiológica. No lo ha hecho a propósito. 
En definitiva, nos dio muchos conceptos que ya nos sonaban pero bajo otro punto de vista. Ahora es cuando nosotros, como padres, debemos buscar la forma de recoger estas ideas, estos consejos y acompañar a nuestro hijo en el proceso de la retirada del pañal. Si vemos que no está maduro para ello esperaremos, además que se acerca un gran cambio para él y debemos ser conscientes de que tal vez necesite su tiempo para entender estos cambios.
De nuevo, ya os iré contando como y cuando decidiremos empezar con el tema. De momento tenemos un par de meses antes no volvamos de las vacaciones y tengamos tiempo para observar a Biel por si muestra señales de madurez. Como he dicho antes, creo que hoy por hoy aún no lo está.

Espero un hermanito

Una intenta buscar la manera de acercar la realidad a los niños, y más si se trata de tu propio hijo. Creo que una buena manera de acercar esta realidad, a veces tan compleja, a los pequeños, es mediante libros y cuentos.
Estuve buscando por librerías cuentos que hablasen del tema de la llegada de un hermanito a casa y no encontraba ninguno que me convenciera. Un día hablando con una compañera de trabajo me recomendó dos cuentos que usó cuando estaba embarazada de su segunda hija y me dijo que le fueron bien. Así que fui de nuevo en busca y captura de los cuentos recomendados y encontré solo uno de ellos: Espero un hermanito de Marianne Vilcoq.
Es un libro pequeño, rectangular y en su interior explica la evolución del embarazo de la madre y la reacción de la niña ante la llegada del hermanito (negativa al principio, positiva al final). Lo bonito de este cuento es que en una de las planas siempre aparece la niña, acompañada de su osito, expresando sus emociones, junto con un pequeño texto; en la otra plana aparece la madre, o la barriga, y puedes desplegar la página y se ve el interior de la barriga de mamá: al bebé dentro.
Es bonito porque es una buena manera de hacer más entendedor al niño de porqué la barriga de mamá va creciendo, y es que dentro hay un bebé, lo cual por mucho que se lo digamos ellos no pueden imaginar lo que realmente es. Así que explicado de esta manera y con el desplegable ayudamos al niño a entenderlo mejor.
A mi hijo le gusta mucho este cuento. De hecho se lo enseñé en la misma librería, y así como con otros libros me soltaba su famoso “No” (en respuesta que no quería verlos) éste le llamó la atención y lo cogió con mucho cuidado. Le fui enseñando las páginas una a una, y desplegando la plana en que se muestra el interior de la barriga de la madre, él solo iba haciendo “oh”.
El cuento está en una estantería de su habitación, fuera de su alcance, donde guardo los cuentos más especiales o que son para cuando sea más mayor. Esta estantería queda  justo en la pared de enfrente donde le cambiamos y vestimos así que él lo ve y lo señala a menudo pidiendo el “conte a mama” (el cuento de la mama) y le encanta que lo leamos juntos (también con su padre). Me hace gracia además cuando lo leen ellos dos y me observan y mi marido le dice a mi hijo: “¿Ves la barriga de mamá? Es tan grande como la del cuento. Dentro está Aina”. Y mi hijo me mira y sonríe, y compara observando la ilustración del libro.
Así que si vais a ser papás por segunda vez y buscais un cuento para ir contando al peque que enseguida pasará a hermano/a mayor os recomiendo este cuento porque es muy bonito y es muy claro para el niño.
Os dejo algunas fotos que he hecho del interior para que lo veais:
Mi hijo señalando la barriga de mamá
Mi hijo observando qué hay dentro de la barriga

Los 2 años ya están aquí… con lo bueno y lo "malo"

Antes de todo, tengo que decir que el tiempo no da para más (como ya habréis podido comprobar por mi gran continuidad de publicación en el blog) y eso que me gustaría compartir cosillas y tengo entradas pendientes de escribir (otra sobre el tema de la “operación pañal”) pero como es tarde y hay tantas cosas por decir y compartir me decido por hablar sobre mi niño…. como no. Él es el protagonista de este blog.
El día 3 de junio mi pequeño mi cumplió 2 años. Así, como si nada, ya han pasado dos años de ese día tan especial, como expliqué el otro día. 2 años llenos de vivencias, dudas, alegrías, penas, ilusiones… 
Hace unas semanas fuimos a la revisión de los dos años, hicieron el control de peso, talla, etc. Está en el percentil 3, así que muy bajito pero la doctora ya no nos dice nada porque ve que el niño está bien y que es pequeñito y ya está. Pesa 10,300kg y mide 83 cm. No va a la guardería, como ya sabéis, y el único comentario que tuvimos al respecto fue el de la infermera que nos dijo lo de siempre: que si le iría bien para socializar, ser más abierto y relacionarse con otros niños y personas que no solo seamos los de casa. Pero nada, comentario y punto. No dijimos nada más ni ella tampoco. Por suerte no nos preguntó sobre como dormíamos porque suficiente tuvimos con lo que nos dijo de que era antihigiénico colechar. Si nos hubiera preguntado tal vez le hubiéramos mentido para no escucharla de nuevo (aunque hoy el peque ha dormido toda la noche entera en su cama — se nota que empieza el calor). Por lo demás todo ok. 
Con dos años ya puede comer de todo, salvo los frutos secos como tal (por riesgo de asfixia), así que ya le estamos empezando a introducir las frutas rojas y también empezaremos con el pescado azul (que somos de comer poco, nosotros, pero ya se sabe que por los hijos uno va adaptando la dieta jeje). De momento las frutas nuevas que le hemos dado le gustan y parece que le han sentado bien, así que descartamos alergias. 
Habitación de Biel 🙂
En cuanto al lenguaje poco a poco va expresándose más. Habla mucho y se le entiende poco (tiene un idioma propio) aunque hay veces que sí que te dice cosas claras e incluso elabora alguna frase cortita (de dos/tres palabras). Sigue instrucciones sencillas de una orden. Me tiene fascinada con su aprendizaje con los números: le llaman mucho la atención y en cuanto ve números los nombra sin parar… ¡y los identifica sin error! Conoce el uno, el dos, el tres y ahora va ampliando al resto. Hay letras que también sabe ya cuáles son: la A, la B (que le llama Bi, imagino que de Biel ya que en la pared de su habitación tiene su nombre dibujado e identifica las letras de su nombre)… No sé, tampoco quisiera hacer un informe exhaustivo del niño pero de momento yo creo que él en entender y hacerse entender no tiene problemas; bien es verdad que está en su mundo idioma, pero imagino que con la mezcla de lenguas que tiene debe ser lo normal. Ya arrancará a hablar con claridad.
Y nada, hasta aquí su parte médico y novedades varias. Ahora viene mi gran preocupación estos días. Hace un año escribí sobre “el terrible 1 año” pero no era nada comparado con ahora. Parece ser que mi pequeño, tranquilo y feliz, va sacando su genio. Ahora sí que son rabietas. Puede que sea también que al hacerse más mayor yo las vea también más exageradas, porque ahora sí que tiene fuerza y hay veces que ya no sabes ni como actuar. Cada día tenemos mínimo un pataleo por algo que le digamos “no” o porque él no pueda salirse con la suya. Hay veces que te estira de los pelos, otras que te da patadas si lo coges en brazos, y gritos los que quieras y más. Claro, en tal estado no puedes razonar con él y por mucho que vayas con buenas maneras del palo “estás haciendo daño a mamá”, “sé que te enfadas por X motivo”… es decir, cuando estás en plan comprensiva, yo veo que mi hijo no reacciona a estas palabras. No escucha. Rehuye de lo que le digas. Y desespera. Mucho. Entonces le das el grito y te sientes la peor madre del mundo por no saber estar tranquila y comprender a tu hijo en esos momentos. 
Es cuando le pegas el grito que te da por pensar qué es lo que puede estar pasando porque Biel esté tan susceptible y tan enrabiado a veces. Puede que sea que note tensión en casa ya que ya os he contado más de una vez que yo ando estresada con mis cosas y muchas veces llegue de mal humor a casa. Puede que sea porque note que algo pasa conmigo y no entienda el qué: mi barriga va creciendo y cada día le hablamos de la hermanita. Pero realmente él aún no es consciente de lo que realmente es (por mucho que miremos cuentos sobre el tema e incluso le encante uno en concreto que ya es el “conte de la mama” — ya os hablaré de él). 
Lo que más me preocupa del tema es que no tenga suficiente calma para entender que hay veces que las cosas son “no” y veo que hay ocasiones que solo hace lo que quiere. Está en fase explorador total. Pero esta fase me tiene agotada porque hay ocasiones que quieres que esté en un sitio por alguna cosa en concreto o explicarle algo y simplemente quieres que te escuche y no lo consigues, porque él en aquél momento tiene otra motivación. Así que me siento a veces un poco desalentada. Porque pienso que es bueno que él tenga sus motivaciones y mil cosas en la cabeza por explorar y aprender (es muy observador y todo lo engancha, de momento) pero hay esta parte que quiero como enseñarle a ser más paciente, a obedecer en ciertas ocasiones, de estarse más calmado y no hay manera. Ya digo que tal vez la culpa es que yo tampoco estoy calmada ni debo transmitir esa paciencia.

Estrés

Como no… ¡la entrada del estrés! Y es que no sé como hacerlo para no agobiarme con las cosas que tengo por hacer. Todo se me hace montaña arriba. 
Ahora resulta que no tenía bastante con acabar los informes de final de curso, corregir las faenas varias que me quedan para archivar en los álbumes de los niños, que mañana tendré ya a mi sustituta del embarazo, para ver como se trabaja en la escuela, etc, etc. Esto significa tenerla todo el día conmigo, explicarle todo, etc… Y yo que estoy de final de curso y solo tengo ganas de coger las vacaciones y descansar solo me hacía falta saber que tengo que conocer a esta chica nueva, explicarle todo bien, no ponerme nerviosa cuando me esté observando en la clase… en fin. Que me agobio con nada pero es que no puedo evitarlo. 
Será que no puedo más este año.
Y es que se hace difícil explicar este curso. Lo mal que lo he pasado. Cada vez que digo que los niños de este curso son difíciles, que no sé como manejar sus actitudes, me dicen que no será para tanto. Algunos te dicen que mano dura, de no dejar pasar ni una. Pero… ¿y cuándo no notas apoyo? ¿Ya sea o bien por parte de la dirección de la escuela o por parte de los padres? Y es que este año me he encontrado dos veces con un alumno que me ha agredido, uno que a punto ha estado de hacerlo, malas contestaciones por doquier, desafíos… y nada. Todo queda en el aula. Hablar con los niños en cuestión, con las familias… pero, ¿se ha solucionado algo? No. Al menos yo no lo noto. O será que yo he llegado a tal nivel de estrés emocional que no puedo notarlo. Estoy agotada. Y ya no hablo del embarazo, que pueda sentirme más cansada físicamente. Me siento agotada emocionalmente con estos niños. Estoy irritable, sensible… Y lo traspaso a mi día a día, me llevo los problemas a casa. Lloro las penas cuando llego a casa. 
Por eso digo, que me agobio con una tontería tal como pensar en que mañana debo estar por esa chica, hacer las programaciones semanales, explicar el tipo de actividades que hago… No tiene culpa de nada. Soy yo que tengo ganas de acabar el curso.