Recuerdos de mi embarazo

Creé este blog cuando mi hijo tenía casi tres meses, así que no pude explicar mi experiencia en el embarazo. Como ya he contado alguna vez, la maternidad es la mejor experiencia que he vivido nunca, y que estoy viviendo, de hecho. Cada día surgen situaciones nuevas, nuevos aprendizajes con mi hijo, cada día vamos creciendo juntos. Pero esta aventura empezó en el mes de septiembre de 2010, cuando ya expliqué en uno de mis primeros posts, Dos rayitas, cuando descubrí que estaba embarazada.
A partir de aquel día todo giraba entorno al bebé que iba creciendo dentro de mí y de los cambios que iba experimentando, tanto físicamente como emocionalmente. Como ya os he contado, pasé un embarazo buenísimo. No tuve ninguna complicación (salvo un poco de anemia, que se fue al poco de parir) y pude realizar las actividades que me proponía sin problemas. Trabajé hasta el octavo mes (y porque ya tenía a la sustituta conmigo, que si no hubiera podido seguir un poco más), nadé, conducí hasta el último día… Iba yo con mi barriga super feliz.

Foto tomada por Marta Torné

Los niños del colegio en el que trabajo también estaban muy contentos con el embarazo y el bebé. Siempre me recibían con besitos en la barriga (los más pequeños) y querían tocarla y probar de sentir si notaban al bebé (que nunca lo notaron, por cierto). Hubo una niña de P5 que me dijo una frase super bonita, que me encantó oírla en su día y que aún la recuerdo:

Tu ja ets mama perquè tens un bebè a la panxa.  (Tú ya eres mamá porque tienes un bebé en la barriga).

Y tenía toda la razón del mundo. Mi hijo aún no había nacido y le quedaba tiempo para poder hacerlo, pero yo ya lo quería con locura. Era mi hijito pequeño, que llevaba siempre conmigo y que me encantaba sentir como se movía. Efectivamente, era mi hijo, y yo ya era mamá aunque él no hubiera nacido aún y en ningún papel constaba que yo lo fuera. 
Yo, últimos días con la barriga

En el último mes de embarazo ya me empecé a notar más pesada, y supongo que tuvo algo que ver el hecho que dejara de trabajar porque estaba menos activa. Las piernas se me hinchaban, me dolían mucho las lumbares, empecé a notar contracciones… Y no sé si fue tanto la relajación que tuve esos últimos días o qué que el niño no parecía querer salir. Yo salía de cuentas el 20 de mayo. El día 21 de mayo tuvimos que ir a una comunión y fuimos equipados con las bolsas del hospital y todo por si me ponía de parto. Pero no fue así. Tardé dos semanas en ponerme de parto (en la semana 42). Y de hecho, ni me puse de parto, me lo tuvieron que provocar. Así que el día 2 de junio, a las nueve de la noche, mi marido y yo cogimos las bolsas, el coche y nos dirijimos al hospital para que me ingresaran y empezara mi deseado parto… que este tema necesita un post entero para él… a ver cuando me atrevo a poner por escrito lo que sentí aquél día. 

Así que os puedo decir que mi embarazo fue genial, exceptuando las últimas semanas que ya estaba pesada y además nerviosa porque no me ponía de parto. Aún así, tengo muy buen recuerdo y me encantaría poder repetir la experiencia!
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Resumen de los avances del "petit Biel"

Tomando el solecito en la terraza 

La semana que viene Biel cumplirá 10 meses. Sí. Se dice así de rápido.
En este tiempo ha ido aprendiendo a su ritmo todo lo que debe hacer un niño de su edad. Hay cosas que las hizo antes de tiempo y otras que después, pero el caso es que va haciendo. Y lo más importante es que él parece feliz. Así lo demuestran sus sonrisas, sus mimitos y su tranquilidad.

Hace un tiempo dije que Biel no quería gatear. Pues bien, ya hace unas tres semanas, más o menos, que empezó a gatear. Lo hace de una manera muy graciosa, eso sí: se impulsa con una pierna, como si andara, y la otra pierna la deja doblada cerca de su cuerpo para hacer de apoyo e irse arrastrando. Así gatea des del principio, pero ahora poco a poco va aprendiendo a apoyarse con las dos rodillas. Así que al final ha aprendido a gatear.

Biel en su habitación

Esta semana le hemos trasladado a su habitación. Aún dormía en la nuestra, en su moisés y en nuestra cama. En el moisés ya casi no cabía (lógico), así que tocaba pasarle a la cuna. Sabíamos que el cambio no sería fácil. Él está acostumbrado a dormirse con nosotros, a sentirnos cerca o bien a su padre o a mí. Una vez se dormía, le pasábamos al moisés. Ahora intentamos dormirlo en su habitación, pero de momento solo lo hemos conseguido hacerlo en brazos y entonces tumbarlo. Si lo tumbamos en la cuna directamente, se levanta, nos grita para que lo cojamos. Y claro, ahí vamos nosotros. A media noche se despierta y lo paso a nuestra cama (estoy demasiado grogui a esas horas como para hacerle dormir de nuevo…).

En nuestras actividades deportivas (yoga y piscina) Biel ha avanzado también. En yoga Biel está que no para. Llevamos mucho tiempo yendo (desde finales de Septiembre) y claro, ya se conoce la sala, la profe, las canciones, las madres, los niños… todo. Por eso ha cogido confianzas, y ahora que sabe gatear, va paseándose por la clase visitando a unas y otras (especialmente a la profe y su ipod y/o crono). Ya hace pocos ejercicios conmigo y ¡lo echo de menos! Sé que es una fase y que tiene que experimentar, pero me encantaba tenerle cerquita en nuestros ejercicios y posturas, verle tumbado, sonriendo, relajado… Ahora él se relaja de otra manera, y yo tengo que aprender a hacerlo porque verle dar tantas vueltas y lejos de mí me da algo de reparo aún…
En piscina Biel ha hecho un gran cambio. Lleva unos días que se lo pasa de miedo en el agua. Tampoco se engancha tanto a mí, mueve las piernecitas como si quisiera nadar, hace los ejercicios que se proponen sin resistencia (bajarlo por el tobogan, inmersiones, chapotear con los pies, hacer “el dormidito” ( es “hacer el muerto”, pero al profe le da cosa usar esta expresión y prefiere llamarle “el dormidito” jeje)…). Así que ahora los dos vamos más a gusto. Además que con el buen tiempo que hace últimamente apetece más meterse en el agua y luego dar una vueltecita.

Y nada, así estamos, vamos haciendo. A ver si ahora con la Semana Santa podemos salir algún día y yo puedo acabar de relajarme y sentirme bien (aún sigo un poco baja de ánimos… y además ahora me encuentro floja de salud, para más inri). Pero bueno, intento disfrutar de los pequeños momentos con mi peque, de ver sus progresos, su nueva manera de sociabilizarse… de conocer al pequeño Biel de verdad.

Mi pequeño gran amor

Desanimada

Llevo mucho tiempo sin actualizar, pero es que he llegado a un punto en que el agobio general de la semana me  puede… Estoy muy estresada en el trabajo. Este año no lo llevo muy bien. Se me junta que echo de menos a mi niño, que hay un grupo en concreto que me lleva por el camino de la amargura, y que a veces me da la sensación que la palabra conciliación no existe. Sí, hago jornada reducida y tengo tiempo para estar con mi hijo, pero hay días y horas que debo estar en el trabajo porque así se requiere (sesiones de evaluación, actividades extras y fiestas en sábados y domingos…). En fin, que no estoy muy animada.
A parte, hay días en que me parece que me estoy perdiendo muchas cosas de mi peque, y me da rabia no poderlo vivir. Vuelvo a decir que tengo suerte que hay días que plego antes y puedo hacer cosas exclusivamente con él (yoga, piscina) pero es que incluso hay días en que me siento tan triste o desanimada con lo que me pasa en el trabajo que no hay ni ganas de hacer nada. Y es una bola que va creciendo, porque sé que yendo a estos sitios desconecto y son pequeños momentos de tranquilidad y felicidad, pero a veces me puede el desánimo. Me siento fatal. No disfruto ni del peque ni de mi marido ni de nadie. 
Incluso hay amigos o familiares que me piden de quedar y vernos y me da cierta pereza. Es como si me encerrara en mí misma. Y luego, como siempre, si quedo con gente pues desconecto de mis problemas porque me explican sus cosas, hablamos de mil temas, estamos con el niño… pero hasta que no doy el paso me da por estar sola. Y tengo miedo que este estar sola me haga perder muchas cosas; entre ellas, vivencias con mi hijo. 
Escribo para liberar el nudo que llevo dentro, a ver si expresando que me siento así de triste me ayuda a mí misma a animarme, a obligarme a hacer cosas, a no quedarme en casa liada con trabajo o simplemente tumbada en el sofá o en la cama.