¡Primer día de yoga y niños!

Hace un año empecé yoga con mi hijo. Por aquél entonces Biel tenía casi cuatro meses y simplemente me acompañaba en los ejercicios que yo iba haciendo y también se beneficiaba de masajes de relajación. Ahora, un año después, hemos vuelto a clase en el mismo centro que el curso pasado. Esta vez, la profesora es diferente y el tipo de clase también. Ya no es yoga de mamás y bebés si no de mamá y niños (de 1 a 3 años) ya que éstos ya andan solitos y a las clases del año pasado les interesaba más investigar que otra cosa (anda que no gateaban por la sala). Así que ahora el grupo ya está pensado para realizar actividades más “movidas” y hacer partícipes a los niños en las diferentes posturas y ejercicios que realizamos.
Postura de la montaña

Hoy solo hemos sido dos mamás con nuestros respectivos hijos (que ya nos conocíamos del grupo de bebés). Hemos hecho una actividad de presentación y luego ha empezado la clase. Ésta se basaba en una historia y a partir de esta historia que se iba explicando íbamos introduciendo distintas posturas de yoga: el gatovaca, la montaña, la barca… Ha sido divertido. Hemos gateado, hecho la croqueta, los niños poco a poco se iban sumando con nosotras en alguna actividad como por ejemplo pasar por debajo de nosotras cuando estábamos en la postura de la montaña (en la que quedamos como si fuera un túnel). Pero en este caso ha sido que solo pasaban por debajo de su respectiva madre, no se atrevían a cruzar todo el túnel. También nos seguían al andar, intentaban imitarnos cuando movíamos los brazos al aire… E incluso el otro peque del grupo ha hecho la postura de la montaña él solito, imitándonos. Súper gracioso. Al final de la clase hemos hecho la relajación, como solíamos hacer el año pasado también. Hoy también nos ha puesto la canción de Ma, que ya colgué en otra entrada cuando hablaba de las clases.

Ha sido una sesión bonita y entretenida. Como ya pasaba el año pasado, este tipo de ejercicio me va muy bien para desconectar de mi día a día, de mis preocupaciones y es un rato en que SOLO estoy pendiente de las posturas, de la respiración y de comunicarme con mi pequeño y con las otras mamás y niños de la sala. Aunque no sea una actividad barata (porque no lo es) para mí en estos momentos me está siendo realmente necesario tener este espacio y que además me sirve para poner a tono mi cuerpo (¡que buena falta le hace!).
Os dejo las entradas que escribí sobre yoga para mamás y bebés:
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Revisión de los 15 meses y demás

Empiezo ya a desaparecer del blog y esto no me gusta nada. Me tengo que organizar para poder encontrar algún momento y escribir en él, pero ya me temía yo que en cuanto empezara a trabajar el ritmo iría decayendo poco a poco. Y es que ya llevamos casi tres semanas de curso y el tema de preavaluaciones, correcciones, reuniones de ciclo de primaria con sus respectivos deberes, todo esto empieza a coger forma y una tiene que ir ocupando sus horas en todas estas cosas porque en horario escolar no se puede. En fin, que la excusa está en el montón de trabajo que tengo y luego los ratitos que tengo libres, lógicamente se los dedico a mi peque.
A lo que iba. Hace una semana fuimos a la revisión de los 15 meses de Biel (que por poco le pilla ya en los 16). Todo fue bien, solo era revisión con la infermera y no nos dijo nada en especial. Su peso es de 9,220kg y su talla de 76 cm. Sigue siendo pequeñito, pero bueno, esta vez no nos ha dicho nada… A ver en la revisión de los 18 meses, en que estará la pediatra, a ver que dice respecto al peso, ya que en los 12 nos dijo que iba subiendo demasiado poco de peso. También se le puso un par de vacunas, entre ellas la de la varicela, que no entra por la seguridad social y se tiene que pagar a parte. ¡Cuestan un riñón! Así que espero que si tiene que pasar la varicela le sea muy flojita porque esto querrá decir que la vacuna ha hecho su efecto jeje. La infermera nos dijo que esta vacuna en realidad no hacía falta ponérsela a los niños que no van a la guardería (ya que no tienen riesgo de contagio) pero como su mami (o sea yo) trabaja en un cole con niños pequeños y que suele contagiarle de varios virus que corren por ahi, pues no estaba de más ponérsela. Era decisión nuestra. 
En cuanto a la comida sigue comiendo a trocitos pero también purés y cremas. Le chiflan las patatas fritas: ¡una pasada! Está comiendo tan tranquilo y ve una patata frita y ya puedes olvidarte de lo que estaba comiendo él… Hasta que no ha devorado como mínimo un par de ellas. 
Sigue siendo súper cariñoso y nos colma de besos y abrazos. Sinceramente: el mejor regalo que hay. También tiene su carácter y se sigue fustrando en cuando le dices que “no” a alguna cosa o cuando tiene que dejar de hacer algo en que está muy entretenido. Suele montar pollos bastante importantes, pero en cuanto le distraes con algo se le pasa. De su carácter también cabe destacar que es bastante tímido. Le cuesta abrirse a los desconocidos y se esconde entre nuestras piernas para no tener que enfrentarse al desconocido en cuestión (esto me pasaba a mí también de pequeña… ¡siempre entre las piernas de mi madre!)
En el tema del dormir hemos avanzado bastante ya que muchas noches ya se las pasa en su cuna, pero aún así hay noches que las pasa con nosotros. Yo sigo encantada de dormir con él aunque también es verdad que ahora ocupa mucho más en la cama y se mueve muchísimo! No es estraño verle enganchadísimo a uno de nosotros dos y de repente separarse y tirarse de cabeza hacia el otro. Se pega unos golpes con el cabezal de la cama que sufro en que pueda quedarse tonto jeje.
Por lo que se refiere al habla, no dice muchas palabras con significado. Solo se le entiende papa, mama, yaya… ni tan siquiera dice agua. Debe tener un cacao en la cabeza entre el catalán, el castellano y el inglés…  Un día repitiéndo lo que yo decía llegó a decir bye bye, pero ya nunca más lo dijo. En fin, espero que en estos meses su lengua se vaya desenvolviendo y diga alguna palabra más!
Y ahora quería compartiros la angustía que estoy pasando estos días de pensar en que queda tan poco para irme de colonias con mi curso. Pasaré dos noches fuera y solo de pensarlo me entra una pena tremenda. Serán las dos primeras noches en 16 meses que no duerma con mi niño. Siempre surgen los miedos (y tonterías) de pensar si se olvidará de mí durante esos días, si me echará de menos, si se alegrará en cuanto me vea al volver… En fin, ¡tengo una gran pena!
Y nada, por hoy creo que ya es bastante. ¡Muchas gracias por leerme todos los que estáis por aquí! Hasta la próxima.

Dormir y dormir (II)

Hace ya un tiempo escribí sobre la rutina que llevábamos con nuestro hijo a la hora de dormir. Durante este año que ha pasado las rutinas no han cambiado mucho, aunque lógicamente ya no duerme en su moisés si no que lo hace en la cuna.
El mes de marzo decidimos hacer el cambio de moisés a cuna. Y es que teniendo un bebé tirando a pequeño, con nueve meses aún entraba en el moisés. Pero ya se iba haciendo más grande y necesitaba más espacio para dormir, así que decidimos hacerle dormir en su cuna. Esto no solo implicaba un cambio de cama sino que también un cambio de habitación. 
Preparamos su cuna, le hicimos la cama, le dejamos que estuviera dentro para que se fuera acostumbrando a ella… pero aún así nos costó que se amoldara al nuevo cambio. Así que tal y como hemos ido haciendo, nos hemos amoldado nosotros a él otra vez. Le dormíamos en nuestra cama y cuando ya estaba bien dormido lo trasladábamos a su cuna; dormía unas horas y cuando se despertaba a media noche porque no nos encontraba o por lo que fuera, lo íbamos a buscar y lo volvíamos a traer a la cama de matrimonio, donde ya se pasaba el resto de la noche.
Y así hasta esta semana. Empezó la semana como siempre, durmiendo en nuestra cama y lo trasladábamos, pero cuál fue mi sorpresa que cuando a mi marido le sonó el despertador para ir a trabajar (que justo ese día era el primer día después de vacaciones) mi hijo no estaba con nosotros en la cama. Había dormido toda la noche del tirón (unas nueve horas) en su cuna. Eso sí, se despertó justo cuando cerró la puerta y ya lo pasé a mi cama. El martes por la noche empezamos como siempre el ritual de sueño, pero estaba taaan cansado (habíamos ido ese día a la playa) que no podía coger el sueño. Así que empezó a ponerse nervioso: a pegar manotazos, intentar morderme, tirar el chupete… en fin, un tanto fiero. Yo, ya cansada, le dije que si continuaba de esa manera que lo sacaría de la cama y lo llevaría a la cuna. Me pegó un manotazo y directo que se fue a la cuna. Pensé que se pondría a llorar y yo ya estaba imáginandome que no aguantaría los lloros, pero cuál fue mi sorpresa que a los diez minutos se hizo el SILENCIO en casa. Me levanté, fui a su habitación y resulta que era la primera vez que se dormía solo en su cuna. Sentí una especie de alegría (por esta novedad) pero también pena porque ya se iba independizando de nosotros y de la cama. Durmió del tirón de nuevo toda la noche. Y hasta hoy ha dormido todas las noches enteras en su cuna, aunque sí que aún quiere dormirse abrazado a mi al principio. 
Y ante este cambio yo me siento rara. Tras casi quince meses durmiendo juntos los tres, noto que falta alguien en la cama. Y aunque es verdad que ahora, con el calor que hace, va bien que tengamos más espacio para nosotros y que, además, nos podamos mover con total libertad sin miedo de pisarle una manita, un pie, la cabeza, ahora la que no duerme del tirón soy yo porque me despierto cada dos por tres para comprovar que sigue durmiendo tranquilamente en su cuna.

Un viaje a San Sebastián

Vista de La Concha
Esta semana hemos ido a pasar unos días a Donostia-San Sebastián. Para nosotros ya era la quinta vez que íbamos, aunque con Biel era la primera. Y como es una ciudad que no nos cansamos de visitar ni de admirar, decidimos volver este año con él.
Al ser una ciudad cara, para que negarlo, siempre habíamos ido de pensiones (exceptuando la última vez) que salían más económicas y, además, suelen estar más céntricas. Pero esta vez, yendo con el niño, teníamos claro que debíamos ir a un hotel para más comodidad. Elegimos el hotel Barceló Costa Vasca. Lo bueno de este hotel es la tranquilidad de la zona, la amplitud de las habitaciones y los servicios que tienen. Aún así, al estar en plena cuesta de una calle, el acceso se hacía un poco pesado, sobre todo si volvías de cenar del Casco Viejo, que está a la otra punta de la ciudad. Pero bueno, lo compensaba todo lo demás.

La ciudad sigue siendo preciosa. A mí me tiene enamorada. La bahía de La Concha es espectacular tanto de día como de noche. Las callejuelas del Casco Viejo y sus bares de pinchos, siempre llenos, dan vida a esta ciudad. Además, estos días habían unas jornadas de Jazz en San Sebastián, y justo pillamos un concierto una noche en el Palacio de Miramar. Simplemente único. Además de las playas y del Casco Antiguo, también se puede visitar el Peine del Viento, impresionante escultura al pie del Monte Igeldo. También se puede pasear y perderse entre los bosques y caminos que llevan al castillo del Monte Urgull.

Mi hijo, que ya tiene 13 meses y que hace justo unas tres semanas empezó a andar, no ha parado quieto en todo el día. A menudo ya no quería sentarse en el cochecito ni ir colgado de la Manduca porque lo que él quería era andar y andar. Y sobre todo andar solo. Nada de cogerse de la manita de la mami o del papi. Menudo carácter está sacando el niño… Tozudo como él solo. Pero bueno, a ratos lo dejábamos que andara por las calles, o por los jardines del Palacio Miramar, o por el Paseo de La Concha… Un verdadero terremoto. Llamaba la atención a todos con los que se cruzaba ya que al ser tan pequeñín y con esa gracia andando más de uno se le paraba a decir cositas, ¡tanto en castellano como en vasco! Él simplemente les sonreía. Eso sí, tiene muy aprendido no irse con nadie… a tímido tampoco le gana nadie. Pero eso ya me gusta. No se deja coger ni se va con cualquiera. Ante la mínima duda viene corriendo a nosotros.
En el hotel, que tenía piscina, también fuimos para relajarnos y bañarnos un poquito. El agua de la piscina estaba helada pero aún así no pudimos resistirnos a pegarnos un baño. Al salir, él corría por todos lados, arrancando la hierba del jardín o jugando con las hamacas. Se lo ha pasado genial. 


En la playa, pero, no se lo ha pasado tan bien. Era la primera vez que íbamos con intención de bañarnos. Y no sé si es que estaba cansado o qué, pero fue llegar a la orilla del mar y ponerse a temblar y a llorar. No quería para nada acercarse al mar. Le mojamos los pies pero no quería que lo soltaramos para nada. En fin, lo dejaremos para otro día. 


En definitiva, que aunque la crisi nos ataca sin parar y que los recortes son más que notables en nuestra casa, decidimos disfrutar de estas vacaciones para desconectar. Y ahora podíamos permitirnos este viaje, otro año quién sabe… Nos lo hemos pasado muy bien y hemos estado muy a gusto. Yo, la verdad, ya lo hecho de menos.

Correteando

De paseo por Barcelona

Ahora que empieza el buen tiempo, apetece salir a pasear y hacer excursiones. Sobre todo porque no hace ni mucho calor ni frío; aunque empieza a apretar el calor, la verdad.
Hace unos días hubo un fin de semana largo, y decidimos aprovecharlo.
Uno de los días fuimos a descubrir un poco más nuestra ciudad, porque parece mentida pero hay sitios que aún desconocemos de ella. Uno de estos lugares era la carretera de las Aguas, en Collserola. Este paseo es una zona de rutas o bien para hacer senderismo, correr o bien ir en bicicleta. Es un recorrido de tierra de unos diez quilómetros de longitud. Nosotros no hicimos estos diez quilómetros ni mucho menos, pero voy a recomendaros que si vivís en Barcelona o cercanías, o si un día venís aquí y os gusta la montaña, éste será un paseo bonito, alejado del ruido, con unas vistas espectaculares de la ciudad y de sus alrededores.
Parte del camino
Nosotros llegamos en coche, subiendo por el barrio de Pedralbes y entrando por el municipio de Esplugues de Llobregat, y lo dejamos aparcado en una zona que hay cerca del inicio del recorrido. Pero también también se puede llegar en transporte público, como explican estas mamás que decidieron hacer la salida http://www.mammaproof.org/senderismo-carretera-aigues/.
El camino se puede hacer perfectamente con cochecito, aunque bien es verdad que hay algunos tramos de subida que se hacen un poco pesados… Hay espacios donde poder parar y observar la ciudad, sentarse, beber, y corretear un poco. Un lugar tranquilo donde dar el pecho, si aún le dais, o para darles de comer sentados en un banco o en su sillita. 
Observando Bcn
Paseando
Jugando

Un buen plan de fin de semana, sin duda, para desconectar de todo.

Mitad de vacaciones

Como dije en la entrada de inicio de vacaciones, Biel está malito con moquitos y tos… y ahora puedo añadir  con fiebre. Fuimos el martes al médico y resulta que tiene una bronquitis leve. Y llevamos desde ese día con el pequeñín de la casa enfermito. A ratos le baja la fiebre pero se pasa casi todo el día protestando y queriendo estar en brazos y dormir. 
Hoy ha pasado mejor día, de hecho la fiebre le ha subido ahora hace un ratito, y solo estaba a 37.4, así que poquito (en consideración de los pediatras). Mañana queríamos hacer una excursión (que la postpusimos del martes, que es cuando le empezó a subir la fiebre), a ver si la podemos hacer!
Además, esta madrugada ha nacido el primer hijo de unos amigos, Roc. Y aunque el parto fuera provocado unas semanas antes de lo previsto, el niño ha nacido bien. Tenemos muchas ganas de conocerle y ver a los papás.Cuando ayer me dijeron que le provocaban el parto y que ya estaba con el goteo puesto, me vino a la memoria un montón de recuerdos del día de mi parto, que justo expliqué el otro día. No pude evitar emocionarme y darme cuenta que las dificultades y dolores de los primeros días enseguida pasan e incluso llegan a borrarse con el tiempo. 
Así que si me lee por aquí la recién estrenada mamá, le deseo que disfrute de su bebé todo lo que pueda. Los primeros días (e incluso diría que el primer mes entero) serán los más difíciles y a veces se le hará todo montaña arriba. Pero lo más bonito es darse cuenta que este pequeñín que tiene poco tiempo de vida te reconoce, te busca, te reclama y que eres lo más importante para él, y esto hará que los dolores sean menores. A mí al menos esto es lo que me daba fuerzas: tumbarme con mi hijo, acariciarle, besarle… simplemente observarle y mimarle. 

Momentos que no pueden captar las cámaras

Seguro que muchas de nosotras tenemos miles de fotos de nuestros peques y algún que otro vídeo. El otro día, sin embargo, me pasó una cosa que pensé que era imposible de captar con una cámara fotográfica, e incluso con un video.
Efectivamente, estoy hablando de sentimientos, pequeños momentos de felicidad o bienestar. 

En el momento que deje escritos estos momentos especiales, tal vez no veáis ese elemento mágico, pero os puedo asegurar que en el momento en que lo estaba viviendo me sentía plenamente feliz, no necesitaba nada más.

Voy a compartir dos momentos, que justo los he vivido esta semana, de noche. No sé si la luz lo hacía especial, las miradas, los gestos… pero sé que por mucho que intente reproducirlos, no será posible vivirlos de la misma manera.
Una noche estrellada 😉

1. Jueves noche. Estábamos solos Biel y yo. Mi marido tenía una cena con unos amigos y nos quedamos los dos solos. Nosotros seguimos nuestras rutinas diarias: baño, biberón y dormir. Lo malo de aquél día era que Biel empezaba a estar malito (está con tos y mocos) y durante el día había tenido alguna decimilla. Así que estuve casi todo el día pegada a él, ya que solo quería estar en brazos. Cuando lo dejé en la cama para dormir tuve mi mini momento de “paz” de aquel día. Pensé que podría ver una serie por la tele que me gusta mucho, así que cerré las luces y puse la tele. Pero al cabo de poco tiempo, Biel se despertó llorando. Más bien, gritando. Fui a su cunita, y lo cogí. Intenté que volviera a dormir, pero no quería. Así que me lo llevé al salón conmigo. Me senté en el sofá y me lo puse encima mirándome a mí. Le hacía mucha gracia verme y me sonreía, intentaba coger mi nariz, darme sus besitos babosos… y en un momento me mira y empezamos a tener una conversación: él empieza con un “eh”, al que contesto yo con otro igual. Al ver que le respondo, él me sigue haciendo “ehs, ohs” y todo lo que se le ocurría, cada vez más fuertes y riendo cada vez que le contestaba. No cabe decir que aquél momento, para mí, fue super bonito y especial, ya que tenía a mi pequeñín hablándome, jugando, queriendo estar conmigo… Luego, acabo por dormirse encima mío mientras yo veía trocitos de la serie.

2. Madrugada del 1 de enero. Como ya he dicho, Biel está con moquitos y tos, lo que hace que no pueda dormir bien y se despierte a menudo llorando porque se ahoga o porque le entra un ataque de tos. Ayer llegamos a casa sobre las dos de la madrugada, tras las campanadas y estar un rato en familia. Biel durmió un ratito pero enseguida se despertó. No quería estar tumbado, pero tenía sueño. Se le caía la cabeza hacia mi hombro y me miraba con ojitos medio cerrados. Lo lleve al sofá y puse de fondo la tele, el canal de Babytv, que a esas horas básicamente hay musiquita suave e imágenes relajantes. Me acomodé en el sofá, con él encima, su cabeza en mi pecho. Empezó a dormir relajado, y yo poco a poco con él. Sentir que quiere dormir conmigo, sea de la forma que sea, hace que me sienta feliz también; y notar que poco a poco se iba relajando y respirando mejor, me tranquilizaba.

Han habido muchos otros momentos, y seguro que habrán mil más… por hoy os comparto estos. ¿Y vosotros, también habéis sentido estos momentos que no pueden captar las cámaras?