Pero papá…

Hoy es el día del padre y como tal recomendaré un cuento en el que el protagonista es un papá muy simpático y un tanto despistado. Esos papás que nos hacen arrancar una sonrisa.

Pero papá…, de Mathieu Lavoie e ilustrado por Marianne Dubuc (Ed. Juventud).

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Marianne Dubuc es la ilustradora de esta simpática familia de monos. Es la hora de ir a dormir y papá les desea las buenas noches a sus dos hijos, pero es un tanto despistado y se olvida de todo: de los pijamas, de los muñecos, de los vasos de agua… ¡e incluso de la cama! Un sinfín de excusas por parte de los niños para no irse aún  a dormir… con las que nuestros peques se lo pasarán en grande e incluso se podrán sentir identificados… ¡Que levante la mano quién haya pedido un vaso de agua justamente en el momento de ir a dormir!

Es un cuento sumativo, a nivel visual; las ilustraciones se van completando a medida que los hijos le piden a papá alguna cosa nueva. Así que las primeras imágenes son de fondo blanco y se va llenando de los objetos que papá se va había olvidado.

 

 

Realmente es un cuento bonito y divertido para compartir con nuestros hijos. Le da un toque de humor a la rutina de la noche, y, además, es papá quién se encarga de ella… como en muchas casas.

Un libro con el que disfrutarán sobre todo los niños y niñas a partir de 3 años.

 

Si queréis conocer más libros en los que el padre es el protagonista, leed las siguientes propuestas o seguid el HT #leemosconpapa en twitter:

http://www.lamamafaelquepot.com/2015/03/Leemos-con-papa.html

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Revisión 4 meses y más

Aina ya ha cumplido los 4 meses y fuimos al pediatra para su revisión. Va bien de medida y peso, le pusieron sus vacunas y ya nos explicaron qué alimentos le podemos ir introduciendo.

Una de las primeras preguntas que nos hizo la infermera fue que qué marca de leche habíamos comprado para Aina (pues sabía que había empezado ya a trabajar). Cuando le dije que ninguna me miró sorprendida y ella misma me dijo que qué bien que pudiera darle aún de mi propia leche. Cuando llegó el momento de la revisión por parte del pediatra, la infermera le hizo notar que la niña estaba hermosa y perfecta de peso para el tiempo que tiene y va y le dice en tono como “burleta” (hacia él, pues es un poco anti-lactancia materna… o más bien pro-leche de fórmula) que la niña está así de bien alimentada con lactancia materna exclusiva; espero unos segundos para decirle y hacerle notar que “y además, la madre ha empezado a trabajar y han seguido con la lactancia”. Lo dijo en plan logro triunfante para tirarle por tierra sus creencias anti LM. Me hizo gracia la respuesta del pediatra pues no podía negarse a la evidencia y solo acertó a decir que si me sale suficiente leche pues que sigamos así.

Luego fuimos comentando los alimentos que se pueden introducir a partir de los cuatro meses, y hemos empezado con las frutas, tal como hicimos con Biel. La primera con la que hemos empezado ha sido la naranja (en forma de zumo) y al cabo de tres días le introducimos la pera (con Biel fue el plátano, curioso como de pediatra a pediatra cambian el orden de las frutas). De momento va bien, a ver qué tal con la manzana y el plátano que serán las siguientes. Nos dijo que los cereales en todo caso los empecemos a los cinco meses, ya que ve que está bien de peso y aguanta lo suficiente por la noche.

El caso es que desde hace unos días (dos-tres días) que la niña ya no me duerme tan seguido por la noche. Lo máximo que aguanta son cuatro horitas. Y este fin de semana me he pasado la noche levantándome a buscarla a la cuna y pasándomela de teta en teta pues ha tenido despertares frecuentes. No sé que le debe pasar que de repente ya no duerma tanto… ¡ya no puedo presumir de dormilona! 😉

Y nada, el miércoles será un día duro pues tengo cursillo y llegaré hacia las ocho-ocho y media de la noche. Estaré doce horas fuera de casa… doce horas sin mis peques. A ver como paso yo el día, pues por la tarde no podré sacarme leche (al mediodía sí).  En fin. Que parece que los cambios nos van afectando a todos, incluso a la peque. Ya os iré contando.

Y de nuevo… dormir

Antes me he parado a leer una de las entradas antiguas que explicaba las rutinas de sueño de mi hijo cuando era pequeño, y me he parado a sonreir de lo diferente que está siendo con mi hija… ¡Quién me lo iba a decir!

Hablaba yo de los métodos que se pueden encontrar por internet y de las rutinas que llevaba a cabo con mi niño, pero no hay nada como la experiencia; y es que cada niño es un mundo y yo tengo a dos casos bien distintos.

Biel siempre fue un niño más inquieto a la hora de dormir. Recuerdo la primera noche en casa que nos volvimos locos porque no me subía la leche y fue cuando le dimos el primer biberón. Nos aguantó unas dos horas seguidas durmiendo. ¡Fue un gran logro! Contando que era la primera noche, era normal, pecamos de los nervios de primerizos, pero Biel continuó siendo un niño de dormir más bien poco. Con la toma de biberón de la noche, que le dábamos después del baño, aguantaba un máximo de cinco horas, y desde que se despertaba lo pasábamos a la cama donde yo le iba dando el pecho cada vez que despertaba. Como mínimo se despertaba un par o tres de veces por la noche. Y así hasta más mayorcito que hicimos el intento de pasarlo a la cuna, que ya no tomaba pecho, y fuimos combinando cama y cuna… Luego ya es verdad que estuvo un año y algo durmiendo con nosotros y eventualmente en su cama. Así que colechábamos. Cuando lo hacíamos dormía del tirón. Ahora duerme ya en su cama, pero siempre tenemos que ir a dormir con él y a media noche nos lo encontramos que viene hacia nuestra cama donde ya se queda hasta la mañana, llegando a ser a veces ¡cuatro en la cama!

Aina, por el contrario, está demostrando ser una niña muy dormilona de noche. Durante el día le cuesta coger el sueño, sobre todo si estamos fuera de casa. Si estamos fuera como mucho aguanta media hora dormida. En cambio en casa puede hacerse una siesta de dos horas tranquilamente. La gran diferencia está en la noche. Le doy el pecho y cuando ya está dormida la paso a la cuna y allí se queda durmiendo hasta la mañana. ¡¡Me ha llegado a aguantar ocho horas seguidas de noche!! Hoy ha ido más allá y me ha demostrado que puede dormirse sola en la cuna. Le he dado el pecho en el sofá y se me ha desvelado, luego al intentarle dar el pecho en la cama me ha dicho que “nanai” así que la he dejado en su cuna (que está en nuestra habitación) con la musiquita de uno de los muñequitos que le trajo Papá Noel, y poco a poco ha ido cogiendo el sueño hasta dormirse del todo… Ahora a ver hasta cuando aguanta, pero si sigue como estas últimas semanas no espero menos que seis horas seguidas.

Imagen niño cama A la cama M. Ben-Arab

 

Así que ya veis, no hace falta hacer nada en especial. Cada niño es un mundo y cada niño tiene sus necesidades. Aina por ahora es así, se toma su teta y bien llenita y feliz se pone a dormir; en cambio Biel necesita más del calor de sus papis para poder dormirse. Conclusión: no hay que agobiarse e intentar acoplarse de la mejor manera para dormir.