¡Adiós 2011!

Ya viene a ser una tradición que cada final de diciembre haga un balance de como ha ido el año. Este año 2011 es sin duda el que más me ha cambiado la vida. Hasta ahora el 2007 y 2008 fueron los que más me habían marcado, por unos motivos u otros, pero el presente año ha dejado el mejor regalo que podría darme la vida: mi hijo.
Empecé el año sabiendo el sexo de mi hijo. El día cinco de enero de 2011 teníamos la famosa ecografía de las veinte semanas, la que suelen decir si es niño o niña. Ahí estábamos los dos, mi marido y yo, esperando saber qué era. He de confesar que yo quería niña, pero cuando el médico nos preguntó si queríamos conocer el sexo del bebé y dijimos que sí, empezó a buscar y allí ya me imaginé lo que diría a continuación. Efectivamente soltó un “he aquí su pito!” que nos hizo mucha gracia y nos indicaba que venía un Biel en camino.
Foto realizada por Marta Torné de Palacio del Bebé

Foto realizada por Marta Torné de Palacio del Bebé

La barriga empezó a crecer y crecer y puedo decir que he vivido un embarazo muy bueno. He podido trabajar hasta casi el último momento (que por motivos de contratación y tal cogí la baja el octavo mes; que mira, me vino bien porque pude descansar y hacer cosas para mí). El embarazo ha sido una experiencia genial, que espero volver a vivir. Sentir sus patadas, como se movía por dentro, sentir cuando tenía hipo… sentir su vida dentro de mí me hacía súmamente feliz. Así que otro aspecto destacable de este 2011 es sin duda la experiencia del embarazo, con sus dudas y miedos, pero con sus alegrías también.
Y ya como sabéis, en junio del 2011 llegó el gran vencedor de experiencias de este año: Biel. Según las cuentas, tenía que nacer el 20 de mayo, pero mi niño no quería salir. Así que el dos de junio por la noche me ingresaron para provocar el parto. Tras veintidós horas nació él: pequeñito y precioso. Era mi pequeño Biel.
A partir de ese día, el 3 de junio, todo gira alrededor de él.
Ha sido un año de experiencias con él. Sus primeros días, las dudas de una mamá primeriza, la angústia de querer hacerlo bien… Vivir sus primeros balbuceos, sus primeras carcajadas, la primera vez que se sienta solo sin apoyarse, la salida de sus primeros dientes, sus primeras papillas, sus primeras fiebres… Todo es nuevo para él y para mí y su papá.
Mi casa poco a poco se va transformando a las necesidades del peque. En la cocina ya hay un espacio para sus biberones, leche de fórmula, cereales, potitos, babycook… todo lo necesario para él. El cuarto de baño está siendo invadido por una serie de animalitos marinos, que le acompañan en la hora del baño. En mi mesita de noche no faltan los chupetes o el babero. La tumbona y la trona ya son asíduas en nuestro comedor. Los juguetes empiezan a hacer acto de presencia por el suelo, a antojo del peque.
En noviembre volví al trabajo, tras seis meses entre la baja y el permiso de maternidad (contando con el último mes de embarazo). Allí sigue todo igual: más y más trabajo. Como bien decimos: nosotros sumamos trabajo, no restamos nunca. Así que intento compaginar el mogollón de trabajo que tengo con mi casa, mi familia…
En conclusión, este 2011 se podría resumir en una palabra: BIEL.
Sólo deseo que el próximo 2012 seamos felices, viviendo nuevas y apasionantes experiencias con nuestro pequeño gran amor. Que sigamos pudiendo compaginar el trabajo con nuestra vida familiar, y si no fuera pedir mucho pudiendo llevar menos faena a casa.
En definitiva: ¡que tengáis una feliz entrada del año 2012 y vuestros deseos se puedan hacer realidad! 
 
 
¡FELIZ AÑO NUEVO!
 
 

¡Ya se acerca la Navidad!

Ya mañana es Nochebuena, y por la noche llega Papá Noel con los regalitos! Esta será una Navidad especial porque es la primera que vivimos con Biel, y yo estoy muy ilusionada. También es verdad que ahora mismo es ajeno a todo lo que pasa, no sabe que mañana Papá Noel le dejará regalitos y cuando los vea tal vez ni sienta emoción… pero aún así, a mí me hace ilusión. Mañana por la noche vestiremos la mesa de gala y haremos nuestra cena de Nochebuena (mi marido, yo y a partir de este año el peque –si aguanta despierto). Luego, el día 25 iremos a casa los abuelos maternos (mis padres) a celebrar la Navidad. Allí nos juntamos mucha familia, pero solo con padres, hermanos, novios, e hijos ya somos catorce personas. Además, hay un niño de cinco años, mi sobrino, que vive con ilusión la llegada de Papá Noel, así que a parte del pequeño Biel, hay otro niño con el que vivir la magia de este día.
Por la tarde iremos a casa de la abuela de mi marido, que es donde celebra la Navidad la otra parte de mi familia. Allí también hay niños, así que cagaremos el tió, y ellos cantaran el aguinaldo. 
A todo esto, yo ya estoy de vacaciones, así que puedo estar más tiempo con mi peque, que parece mentida pero se echa un montón de menos. Hoy los tres, mi marido, mi hijo y yo, hemos disfrutado la mañana de paseo y compras. Este sí que es un buen regalo de Navidad.

FELICES FIESTAS



Revisión de los 6 meses e inicio de la verdura

El viernes Biel tuvo la revisión de los 6 meses. Primero le visitó la infermera, como siempre, pesándole, midiéndole y haciendo preguntas sobre lo que come y diciéndonos que alimentos le debemos empezar a dar. Luego vino su pediatra y le hizo una (mini) revisión y haciendo algún que otro comentario repitiendo lo que anteriormente me había dicho la infermera.
De peso y medida nos dijo que estaba bien (7,5kg y 67cm). Nos dijo que empezáramos con la verdura, y nos dijo cuáles teníamos que darle primero e irle añadiendo, como hicimos con la fruta. Cuando preguntó por la lactancia materna dije que tomaba pecho por la noche, cuando se despertaba, y el tema quedó ahí. Cuando el pediatra preguntó lo mismo y le contesté lo mismo, su respuesta fue: “¿y si la acabamos?” Mi cara no le debió gustar mucho, porque seguidamente dijo: “bueno, hacemos como ahora: le das por la noche, pero como si fuera un chupito, nada más”. Me quedé un poco chascada. Ya sé que mi lactancia no ha sido buena, pero estos momentos que por la noche, o alguna tarde cuando llego a casa, le doy el pecho, aún me siento bien con mi pequeño, y él conmigo. También es verdad que ahora hay días que le tengo que decir a Biel que vaya con cuidado porque pega unos mordiscos que no veas, y eso que solo tiene dos dientes… El caso es que a mi me da pena cortar del todo con el tema de la lactancia. 
Este pediatra no me acaba de gustar mucho porque, a parte de no ser pro-lactancia materna, no suele mirarse mucho al niño. Se lo miró como si fuera un pollo y acabó por dejarlo en la camilla con poca suavidad, que pobrecito mío se puso a llorar todo desesperado. 
Para acabar la visita, mi hijo volvió a estar en manos de las enfermeras que le pusieron las vacunas pertinentes del mes (más una de las que no entran en la seguridad social). Aquí sí que se pegó un buen berrinche. Estuvo cinco minutos, como mínimo, llorando a grito, temblando y sollozando. No podía parar. A mí se me encogía el corazón. Solo podía abrazarle (y él a mí) e irle calmando poquito a poco. 
Con todo esto, hemos empezado con la verdura. Hoy ha probado el puré de patata por primera vez y ha sido un total FRACASO. No le ha gustado nada. Otra vez, solo hacía que llorar e iba sacando lo poco le que dabas de puré. Le hemos dado un poco, pero en vistas que llevábamos un cuarto de hora batallando e invéntandonos cualquier cosa para que comiera y no lo conseguíamos, lo hemos dejado estar y le hemos dado un bibe. Mañana lo volveremos a probar.
Sentado en su trona, antes de probar el puré

A todo esto, voy a empezar a leer el libro Mi niño no me come de Carlos González… Yo que me lo compré como lectura para complementar conocimientos y ampliar el tema de la alimentación infantil, veo que tal vez si que tenga que usar esta frase de “mi niño no me come”.

Piscina para bebés

Buenas noches!
Por fin encuentro un momento para sentarme y ponerme a escribir algo en el blog… lo tengo super abandonado. Bueno, de hecho casi todo lo tengo abandonado. Estoy absorbida por el trabajo, tanto mentalmente como físicamente. Pero bueno, ya dediqué un par de entradas y debería dedicar unas cuantas más para hablar exclusivamente de esto. Pero hoy no será. Hoy quiero hablaros de la nueva actividad que realizo con mi hijo: piscina.
De hecho, hoy ha sido nuestro primer día. Yo no sabía muy bien como iba a ir, así que también iba bastante “asustada”. La experiencia ha sido grata, teniendo en cuenta que es su primer día, pero bueno, hay cosas que me gustaría que se cambiaran (por pedir que no quede ;)).
Bañador de mi peque
Biel hoy a estrenado su bañador de tela, que le compré especialmente para el cursillo este, y la verdad es que iba graciocísimo, pero se ha hecho pipí antes de empezar, así que ya os podréis imaginar la que ha montado (que solo me he enterado yo, pero bueno… jejeje). También ha estrenado su gorrito de natación. Al principio se sentía raro, y ya del todo cuando me ha visto con el gorrito puesto. Su cara era un poema. Pero parecía tranquilo. Más bien, expectante.
Cuando ya estábamos preparados para entrar en la piscina, me he dirigido hacia la pequeña, donde estaba el monitor y otras mamás con sus niños y niñas. El más pequeño, el mío. Hemos entrado en el agua y estaba tranquilo, me miraba serio pero ya está. Lo “divertido” ha llegado cuando hemos empezado con el primer ejercicio, que consistía en cogerle por las axilas y, de cara a mí, acompañarle en el agua como si estuviera nadando. ¡Menudas lágrimas! ¡Cómo ha llorado! Iba alargando sus manos hacia mí para que lo cogiera en brazos, al principio lo he hecho un par o tres de veces, le daba besos, le intentaba calmar (que lo hacía en el instante en que me sentía a su lado) pero el monitor me ha aconsejado que lo dejara llorar un pelín más porque enseguida se acostumbraban, aunque era normal que estuviera así. Efectivamente, ha dejado de llorar, pero tampoco es que pusiera cara de pasión por el tema de moverse en el agua. Solo hacia el final de la clase, cuando pasábamos por debajo de un tunel y ha descubierto sus manos en el agua, parecía que ya se distraía y no necesitaba tan imperiosamente que me lo enganchara. 
Así que la clase ha durado una media hora en total, entre actividades de aguantarles en el agua (en movimiento), en algunos casos veían a las madres y en otros no (hoy Biel ha estado en contacto visual conmigo todo el rato porque al ser su primer día se le veía bastante asustadillo y había ejercicios que el profe ha preferido que no hiciera para que no se asustara; ha habido también una actividad de relajación, en que se tumbaban o sentaban encima de unas colchonetas; y por último jugar con juguetes de allí.
La experiencia ha estado bien, pero lo que yo mejoraría ya sería qüestión del centro al que voy: solo hay un cambiador en toda la piscina. ¿Cómo es posible esto si hay una actividad con bebés? En fin, ya me informaré de si piensan poner más o qué…
Al ir yo con la manduca he casi  monopolizado el cambiador, porque las otras madres iban con carritos o una iba incluso andando (tendría unos dos años); pero claro, tampoco es plan que yo esté siempre en el cambiador, porque para secar y vestir a los niños hacerlo en un cochecito no es muy cómodo… Y además, he tenido la suerte de que hoy habían faltado la mitad (por lo que han dicho), así que otro día tendré que plantearme ir con el cochecito o inventarme algo…
En conclusión, a mi me ha gustado aunque al principio lo he pasado mal al ver a mi peque llorando, pero al ver que se le ha pasado y que incluso al final de la clase empezaba a entretenerse, me da la impresión de que a la larga le gustará.
Ya os contaré qué tal nos va en esta nueva aventura.

Navidad, dulce Navidad

Ya estamos en diciembre. Ya queda poco más de un mes para acabar el año. Un año, por lo que supondréis, ha significado un gran cambio para mí. Lo que sigue igual, es la ilusión por esta festividad. Me encanta que Barcelona se llene de luces, me encanta escuchar canciones navideñas, me encanta decorar la casa y ver colores y brillos por toda ella.
Me encanta la Nochebuena, en la que preparo una cena buena y especial, ponemos la vajilla “de bonito” y Papá Noel pasa pasa por casa.
Me encantan las comidas familiares, donde nos juntamos, charlamos y reímos. Me encantan los canelones de Navidad de mi madre. Me gusta estar cerca de los míos estos días.
Me gustaría que mi hijo viviera con igual ilusión estas fechas, que las vea especiales, no sólo como el momento en que se reciben regalos sino el tiempo de compartir con los tuyos, de estar con ellos, de dejar las penas a un lado. Es el momento de reír, de jugar, de vivir con ilusión.
Simplemente me encantan estas fechas, en que el mundo parece diferente.

All I Want for Christmas is You, de Mariah Carey.

Mary’s Boy, de Boney M.

6 meses… ¡Medio año ya!

Ya está aquí el día. ¡Hoy mi hijo cumple 6 meses! Hace medio año, a estas horas, aún estaba dentro de mí, y ahora lo tenemos aquí aprendiendo cada día más cosas y divirtiéndonos con sus gestos, balbuceos y demás.
Ahora, con seis meses, aguanta perfectamente la espalda cuando está sentado. Puede estarse un buen rato jugando con sus muñequitos, cogiéndolos y dejándolos ir, estirándose un poco para recoger aquellos que estan más lejos. También es capaz de mirar hacia atrás, mientras está sentado, y no pierde el equilibrio. Le encanta encontrarse con su mamá o papá, que buenamente hacemos de cojín por si se cae.
Cuando lo cogemos en brazos e intentamos sentarle encima, lo primero que hace de manera instintiva es estirar las rodillas, aguantando su peso. Le hace mucha gracia ver que puede aguantarse tan recto. 
Con seis meses, ya tiene su primer diente. Muerde todo lo que encuentra en su camino, ya que esto le calma el dolor… pero eso sí, su mano ya no se la muerde. ¡No es listo ni ná! El daño para otros, no para él. 😉
Con seis meses ha vivido varias celebraciones, y conoce a mucha gente. Ha realizado dos viajes y varias excursiones. Siempre con la mochilita portabebés arriba y abajo. Se ha acostumbrado perfectamente a la “Manduca”, y le encanta quedarse dormidito escuchando el latido de mi corazón. A mi me encanta verle tan a gusto encima. 
Con seis meses, ya ha vivido la experiencia de que le cuiden otros que no sean sus padres. Gracias a los abuelos (y tía) por estar con él, jugar y mimarle. Ya me gustaría a mi aún poder despertar con él e ir a su ritmo. 
Con seis meses vivirá la primera Navidad. En casa ya hemos instaurado el inicio de ésta bailando el “All I want for Christmas is you” de Mariah Carey. Ahora solo falta decorar el hogar y hacer nuestras compras navideñas para preparar la cena de Nochebuena, que siempre celebrábamos mi marido y yo solos en casa, y este año tendremos al más importante de nuestras vidas. 
Ya han pasado seis meses y yo ya no he vuelto a ser la misma. No soy ni mejor ni peor, simplemente me he convertido en madre. Todo esto conlleva lo suyo. Mi cuerpo ya hace tiempo que no es el mío. Mejor dicho, si que es el mío, pero aún tengo que acostumbrarme a los cambios que ha realizado en él la maternidad. Poco a poco iré recuperando mi figura (eso espero, y más ahora con lo que me muevo trabajando). Ahora me explican o leo cualquier historia triste sobre un niño o una madre que lo esté pasando mal y se me pone un nudo en la gola. Ahora lo más importante para mí es que mi hijo esté bien y vigilo de que esto sea así. Me gusta darle mimos, me gusta verle sonreír, me gusta que me abrace, que apoye su cabeza en mi hombro. Ya no sabría vivir sin él.