Primeros días

Ya comenté el otro día que empecé a trabajar. La verdad es que la vuelta en sí fue mejor de lo que pensaba, pero aún así, no saca que me sienta un poco desanimada, y se juntan varias cosas para eso.
Ayer fue un día de pena. Así de claro. Me doy cuenta que a estas alturas de trimestre, los niños estan muy cansados y yo, que debería estar fresca como una rosa, no lo estoy. Estoy muy descolocada, intentando hacer todo lo mejor que sé y estar por todo aquello que es realmente importante. Pero claro, se junta el final de trimestre y esto significa: informes, fiesta de Navidad (que implica un trabajo manual importante), preparar álbumes… y sobre todo volver a tener el control de la clase y volver a tener autoridad sobre ellos. En general, los niños han reaccionado bien, contentos y aceptando que vuelva a estar con ellos… pero hay un grupo en concreto que me está costando. Y fue la gota que colmó el vaso para que ayer fuera un día nefasto.
Otra cosa que me preocupa es poder realizar mis horas laborales y no sentirme mal por haber pedido la reducción de jornada. ¿Por qué lo digo? En principio hoy tenía una excursión y ayer me entero (sí, ayer) que tenía que estar en la escuela una hora antes de lo habitual y volvíamos a la tarde (los martes y jueves plego al mediodía). ¡Esto implicaba que no se cumplía mi horario! ¿Y qué debía hacer yo? ¿Quejarme? ¿Aceptarlo sin más? Al final decidí aceptarlo sin más, pero antes quise hablar con mi jefa, y va y me suelta que no, que no iba a la excursión. Desconcertada me quedé. Por dos motivos: ¿por qué se me dice en un primer momento que voy, que prepare las actividades previas al taller que iban a realizar? Y si hoy me hubiera presentado a la escuela a las 7:45, ¿qué cara se me habría quedado al enterarme que no iba? ¿Cuesta tanto organizar las cosas y dejar claro quién hace qué?
Sé que son quejas concretas de mi trabajo, y que habrá cosas por las que tendré que pasar por el aro… pero me hace sentir realmente mal.
Por si fuera poco, mañana tengo cursillo y llegaré a casa a las 9 de la noche. Así que solo podré ver a mi peque para bañarle y darle la cena. 
En fin, que todo es volver a situarse y dejar claro qué estoy dispuesta a hacer y qué no. 
Ayer llegué tan mal a casa que solo me salía llorar, y mi pobre peque me miraba con carita de qué me pasaba… por suerte, es un sol de niño y siempre me arranca una sonrisa. 

Ya estoy de vuelta

Pues sí, ya ha llegado el día. Esta mañana he tenido que madrugar y salir sobre las 8 de la mañana, para poder llegar bien de tiempo a mi lugar de trabajo.
La verdad es que el día ha ido bien. Mucho, mucho, muchísimo trabajo, pero en general bien. La mañana se me ha pasado volando y cuando he podido parar ya era la una del mediodía, la hora que los jueves plego de mi jornada laboral. Bueno, esto de plegar es en realidad: la una es la hora que me voy a casa y ya desde allí continuo con mi trabajo.
Es tanto el trabajo que hay, que esto de conciliar es casi imposible. Como mínimo me han reducido la jornada, por lo que algunos días podré llegar antes a casa (como hoy) y poder disfrutar del peque y del marido antes de ponerme a preparar las clases, corregir deberes, etc. Mañana, en cambio, llegaré a casa sobre las seis de la tarde, por lo que veré menos al peque.
La suerte, que mañana es viernes y llega el finde. Tendré que plantear alguna salida o actividad que podamos hacer los tres y que no me haga pensar en mis otros niños.

La cuenta atrás

Ahora sí que estoy en la cuenta atrás… el jueves empiezo a trabajar de nuevo.
Esto de empezar a medio trimestre me da cierto pavor… ¿cómo reaccionarán los niños cuando me vean? ¿Qué harán los que aún no me conocen? ¿Seré capaz de coger el ritmo? Y mis compañeros, ellos que estarán ya con la mente funcionando al 100%, y si no es así, muy cerquita de esta cifra,  ¿se alegrarán de verme otra vez? ¿Serán pacientes porque no esté yo al 100%?
Por suerte empiezo un jueves, que es cuando tengo la tarde libre (gracias a la reducción de jornada), así que será una entrada leve al mundo laboral.
Mi niño, ¿me echará de menos? ¿Se dará cuenta de que su mami se ha ido por unas horas?
Buf, no sé ni cómo expresar lo que siento: es una mezcla de sentimientos positivos y negativos… No quiero rallar mucho con el tema, es algo que tenía que llegar y aquí está ya.  Solo espero tener un buen recibimiento, sin malas caras, sin malos comentarios, con apoyo y comprensión.

Así estamos

No sabía como titular esta entrada… de hecho, no es más que un resumen de cómo va con el niño, cómo ha cambiado en estos cinco meses, y ya no sólo él sino toda la vida que nos rodea a él. 
La lactancia sigue siendo mixta, pero como ya dije en la entrada que escribí sobre la lactancia materna, el bibe le ha ido ganando al pecho. Pero aunque le de poco (por las noches y algún momento durante el día si noto que está irritado y necesita calmarse) aún puedo decir que no ha dejado la teta. No es exclusiva ni me sale una cantidad bárbara, pero allí estamos. Ya dejé de sentirme mal por darle más biberón que pecho, las cosas han ido así, y mientras mi hijo crezca bien y esté feliz, yo seré la madre más feliz del mundo. Además, hace un tiempo leí esta frase que dijo Carlos González (creo que fue él, ahora mismo no podría poner la mano en el fuego) y me encantó: 
He visto dar muchas tetas desde la distancia con frialdad y sensación de obligación y sacrificio e incluso dejadez, y eso resta la parte de alimentación emocional y afectiva que debería ser inherente al acto de alimentar a tu bebé.
Y por otro lado también he visto dar biberones de leche artificial con un amor que desborda, con los ojos enlazados y los cuerpos fusionados, que es como siempre debe alimentarse un bebé, al margen del envase, para que la alimentación sea plena y no solo nutritiva.

Empezamos con la introducción de la fruta, y le está gustando. De las cuatro frutas que ha probado, la naranja, el plátano, la pera y la manzana, la que parece que menos le guste es ésta última, ya que cuando se la pusimos en la papilla aquél día iba poniendo caras raras y no quiso acabársela. Pero bueno, hemos ido jugando a variarle las papillas, que no siempre sean las mismas, sino que dependiendo de si el peque está más o menos estreñido pues le ponemos una fruta u otra, o estamos unos días sin que coma la fruta que le estriña (el plátano).  A parte de darle la fruta en papilla, también le hemos dado a probar la pieza en sí: nosotros se la cogíamos y él succionaba, extrayendo el zumo o néctar. También ha probado la rejilla que es como un chupete, y aunque va bien porque sabes que no se atragantará, la verdad es que es un poco engorroso… ¡y para limpiarlo ya ni os cuento!
Le está saliendo su primer diente, el inferior derecho. Está super gracioso, pero claro, ahora está en la fase de morder todo y de quejarse porque le duele. Además, esta noche me ha pegado su primer bocado al querer comer… ¡qué daño! Pobrecito ha cogido un berrinche porque le he sacado de la teta…
Biel and me
También está empezando a sentarse. Aún no se aguanta mucho tiempo, pero en esas está: poniendo su espaldita recta e intentado aguantar el equilibrio. Lo que aún no ha superado o no le gusta mucho es estar boca abajo, es decir, que lo ponga para gatear. A veces se ha dado la vuelta pero ya ves que intenta volverse a poner como estaba, se agobia y empieza a lloriquear para que le ayudes.
Hemos encontrado el equilibrio para que se sienta tranquilo durante las noches y duerma mejor: empieza durmiendo en su moisés y cuando despierta se queda en nuestra cama. A veces le vuelvo a poner en su cuna, pero está comprobado que duerme mucho mejor cuando está con nosotros. Además, a mi me encanta verle allí cuando despierto. ¿Hay nada más dulce que su sonrisa de buenos días? Así que en el tema de los lloros nocturnos y las pocas horas de sueño también las hemos superado (no quiere decir que duerma del tirón, ni mucho menos, pero lo vivimos de diferente manera, como algo natural que tiene que pasar). 
Un día a la semana vamos a hacer yoga. A mi me encanta haber descubierto esta disciplina, porque, como ya he dicho en algún que otro momento, es un tiempo que estamos tranquilos, trabajando el cuerpo y mente. El niño también parece estar a gusto en la clase, así que los dos felices. 
Aún no he empezado a trabajar, de hecho lo hago la semana que viene, después de que la jefa me postpusiera la vuelta… Respecto a este tema estoy un poco mosca, porque no sé como tomarme ciertos comportamientos… Hay veces que me siento desplazada y otros en que no… Sé que todo son suposiciones mías, porque lógicamente nadie dice lo contrario, pero mi cabeza da vueltas y vueltas… No hay nada peor que montarse historias.
Porque hay días que me da por pensar que qué pasaria si no trabajara donde estoy ahora. ¿Saldríamos adelante? ¿Me atrevería a hacer otra cosa? ¿Lo superaría? Todo son quebraderos de cabeza… hay días que no sé qué pensar.
En definitiva, mi hijo ha hecho grandes avances, propios del tiempo que tiene. Se le ve grande y majo, además de contento y feliz. Apenas llora y ríe mucho. Simplemente le quiero con toda mi alma y es lo más bonito que nos ha podido pasar jamás.

Una canción para el domingo

Os dejo con una canción de la cantante Vega, que a mi particularmente me encanta. 
Esta canción es de mis preferidas y me recuerda cuando se la cantaba a mi peque los primeros días de haber nacido él. 
No sé si es porque la escuché mucho durante mi embarazo (y antes y después… la verdad es que es una de las cantantes que escucharía horas sin cansarme jeje) pero cuando pongo sus canciones el peque se calma. Ésta en concreto se la canté flojito, casi en susurros, y se me durmió en los brazos… Yo no pude acabar de cantarla porque eché a llorar… sí, las hormonas, la emoción, un bebé hermoso y mío… 😛
Espero que os guste, y si no la conocíais (a Vega) os invito a escuchar sus canciones. ¡Realmente genial!

¿Qué es bello?

Esta mañana estaba leyendo uno de los tantos blogs que sigo y me he encontrado con una grata entrada, con una reflexión hermosa: en el blog de Sandra, ¡Anda, si es mamá!, se ha escrito sobre el amor maternal, como muchas de nosotras hacemos. Y es que haber parido a un bebé nos ha cambiado la vida sin dudar, y el amor que sentimos hacia nuestros pequeños es casi imposible de explicar. Ella ha querido compartir con nosotros una cita de Safo, que dice así:
Bello es lo que se ama.
Reflexiona que para ella sus hijos “son la BELLEZA en mayúsculas. El AMOR en mayúsculas.” Para mí, mi pequeño también lo es. Para cualquier madre, creo, su hijo o hija es lo más bonito del mundo, el más guapo, pues para los ojos de una madre no sólo existe el físico de su hijo, sino que ve el amor que tiene hacía él. Se ama tanto a un hijo que todo lo que hace o deja de hacer es bello. 
Cuando lo tengo en brazos, a punto de dormirse, lo observo. Cuando juega y descubre algo, lo observo igual. No puedo dejar de mirarle. Y ya cuando me sonríe, su carita tan bonita se ilumina, hace que se me ilumine la mía devolviéndole la sonrisa. Es tanto lo que sentimos hacia nuestros pequeños, que es lo que hace que sea bello, es agradable para nosotros, porque lo amamos.

5 meses con Biel

Os dejo con un video que he creado seleccionando algunas fotos nuestras de estos cinco meses con nuestro hijo. 
La primera foto está hecha la noche que me ingresaron para inducir el parto, es decir, que era la última vez que Biel estaba en casa dentro de mi “barriguita” 😉
Hay videos muy especiales, como el de la primera vez que mi hijo reía a carcajadas, que podéis ver en otra entrada.
La canción es la que a menudo escuchamos para la relajación de la clase de yoga.
¡Espero que os guste!