Preocupaciones de una mamá lactante

Se acerca el otoño y con él las colonias del curso en el que este año, además, soy tutora. Hace un par de años ya hablaba de mi preocupación con este tema porque era la primera vez que me separaba de Biel, que tan solo tenía 16 meses. No sabía cómo lo sobrellevaría él ni cómo lo viviría yo. Pero al final resultó que fue todo bien y no supuso ningún trauma para ninguno. El tema de las colonias debería estar superado… ¡pero no! A dos días de irme vuelvo a compartir con vosotros mis miedos. Miedos, que por otra parte, llevo compartiendo hace días y que muchas de vosotras (esa tribu 2.0) me habéis ayudado y, aún así, siguen ahí.

Esta vez está relacionado con el tema de la lactancia. Cómo ya sabréis, con mi hija hemos conseguido una lactancia satisfactoria, llevamos casi 13 meses y no por ellos significa que vaya a menos, al contrario. El otro día, que tuve la reunión de padres de mi curso (que se hizo a las nueve de la noche), y estuve casi 17 horas sin dar el pecho, que es el tiempo que estuve fuera de casa. No me llevé el extractor, por lo que tampoco me pude sacar la leche durante la tarde (que podría haberlo hecho). El caso es que comprobé mis temores: si paso tanto tiempo sin extraer la leche los pechos se me llenan un montón y se endurecen una cosa bárbara, con dolor y todo, que solo me ocurría al principio del todo de la lactancia, cuando tenía la subida de la leche e incluso los primeros días de trabajo, al llegar la tarde, los tenía así de llenos si no me extraía la leche al mediodía (que sí lo hacía al principio). Ahí está el quid de la cuestión: durante estos días de colonias estaré muchas horas con los niños, A TODAS HORAS, por lo que extraerme la leche será casi misión imposible durante el día y tendré que reservarlo hasta entrada la noche, cuando estén todos durmiendo y reine la paz.

Pero visto lo visto tendré que buscar momentos durante el día para extraerme un poco para que no llegue la noche con los pechos tan endurecidos que sea imposible poder sacar nada (y el dolor añadido), así que tendré que hablar con mi compañera para que en momentos más tranquilos pueda hacerse cargo de los alumnos mientras yo dedico un ratito a tal faena…

Esto por una banda. La otra es cómo llevará la peque nuestra separación y cómo se enganchará luego a la teta, que espero que no sea el fin de nuestra lactancia.

En fin, ¿qué opináis? ¿Alguna de vosotras a pasado por alguna situación similar? Soy toda oídos.

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“Todo por el bien de la nena”

“Todo por el bien de la nena”, eso es lo que me repito cada vez que me tengo que enchufar el sacaleches… Y es que con la niña hemos conseguido una lactancia satisfactoria, llevaba casi cuatro meses con la lactancia totalmente a demanda, sin darle biberones ni nada. Pero tuve que ir entrenándola para mi vuelta al trabajo y le fuimos dando a probar diferentes tipos de biberones, pues la señorita parecía que las tetinas no las aceptaba.

Llevo una semana y poco trabajando y mañana la niña cumple los cuatro meses. En este tiempo no le hemos podido introducir ningún otro alimento que no fuera la leche y como no quería perder nuestra lactancia me compré un sacaleches para dejarle las tomas al día.

El caso es que es la primera vez que uso un sacaleches y aunque me vaya bien y consiga extraerme leche, no sé siempre qué cantidad va a salir ni si será suficiente para la niña o no. Esto lo resolveremos el próximo martes ya que tenemos revisión de los 4 meses, según como esté de peso. Lo malo es que el pediatra que nos atenderá es el “anti lactancia” que digo yo, el mismo que en una de las primeras visitas a mi hijo me soltó la frase “menos teta y más biberón”. Así que voy un poco temerosa de lo que nos dirá, pero yo estoy convencida que mi leche es lo mejor y no quiero perder para nada esos momentos en que le doy el pecho.

A lo que iba, el uso del sacaleches es práctico para mi caso ya que hay días que plego por la tarde, así que aprovecho el mediodía para extraerme leche, y esa que me extraigo o bien la congelo o la usamos para el día siguiente. También me extraigo de un pecho por la mañana ya que suele coincidir que sobre las cinco de la madrugada la niña se despierta y toma de un pecho ya que se duerme muy plácidamente. Así que un poquito antes de las siete me suena el despertador para recordarme que me levante y prepare todos los cachivaches para la extracción. Os puedo asegurar que ese momento es mortal, con lo dormilona que soy. Pero acabo diciéndome “todo por el bien de la niña”, para así evitar darle leche de fórmula.

Y bueno, así vamos estos días que me reincorporado al trabajo, cada día con el extractor arriba y abajo, con la neverita en el trabajo, con bolsitas de leche tomando posesión de la nevera y del congelador… Todo da como mucha pereza, pero ya dicen que sarna con gusto no pica. Así que haré lo que pueda para seguir disfrutando de nuestra lactancia, de la que tan feliz estoy.

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