¿Y cuándo toca vivir tranquilo?

Una vez más llega esa época del año que parece que haya un gran agujero en el que entras y parece imposible salir. Me ahogo al mínimo imprevisto o trabajo extra y me enrabio de pensar en el poco tiempo que tengo para hacer todo lo que se debería hacer.

Y es que, una vez más, llega mi conflicto interior, mis disputas conmigo misma, mi querer y no poder, mi querer y no querer, el deber que pesa, las responsabilidades fuera y dentro de casa…

El dilema de siempre. Priorizar. ¿Pero qué priorizo? Porque ahora mismo me da la sensación de no llegar a nada, de estar saturada, que no me entra nada más en la cabeza.

Me gustaría poder llegar a casa y no preocuparme de los mil y un proyectos que se deben hacer (programar, preparar materiales, etc, etc). Me gustaría poder llegar a casa y no discutir con nadie, que no hubieran nervios, ni gritos, ni tensión…

Me gustaría poder hacer cosas para mí. O con mi familia. Echo de menos esas tardes que las dedicaba a ir a yoga. Esos ratos de desconectar de todo, de reunirte con otras madres, de conectarte contigo y con tu bebé… Ya no se puede hacer. Vorágine de estrés y gritos. Ahora mismo me da esa sensación. Tal vez no. Pero llego tan saturada de todo lo que se debe hacer, de los plazos, de las exigencias, del querer ser más y más…

Y luego está la otra parte. El gusto por hacer aquello que te gusta, de querer probar cosas nuevas y querer dedicar tiempo a prepararlo, de leer nuevos libros o cuentos y querer compartirlos… De querer seguir escribiendo este blog, con mis cosas, mis recomendaciones… Aunque haya veces que piense que tal vez yo ya no aporte nada, que nadie me quiera leer… luego pienso que eso me da igual, escribo porque me gusta.

Como he empezado diciendo, estoy en esa época del año que toca cerrar temas, que toca acabar proyectos, que todo corre prisa, que todo es urgente, que todo es prioritario y tú lo único que piensas es en querer ir más lenta, en que no hayan tantas prisas, que no hayan tantas exigencias con todo. Poder respirar. Poder llegar y descansar. En definitiva, poder vivir más tranquila.

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La falta de tiempo

tiempo

Si hay algo que tengo por seguro es que me falta tiempo. Tiempo para hacer todo lo que me gustaría hacer y para poder disfrutar más de los peques.

Cuando era mamá de uno solo, tenía tiempo de buscar actividades para hacer los dos, íbamos y salíamos a todas bandas: que si yoga, que si piscina, que si a la biblioteca, que si a La Ludoteka… Trabajaba igual pero llegaba por la tarde y sabía que podía poner mi atención en él.

Ahora soy mamá de dos y debo estructurar mi tiempo de otra manera. A menudo pienso que es una pena no poder hacer actividades con Biel como hacía anteriormente, o poder hacer esas actividades con los dos. Ahora solo me da tiempo de ir a clase de Mamifit con Aina (y si lo logro pues ha habido semanas que me he saltado la clase por quedarme dormida) y el resto de días estoy tan agotada que llego a casa y enseguida es hora de baños, cenas y demás y no me apetece hacer mucho más. Dormir es lo que me pide el cuerpo.

Y es una pena pues he dejado de hacer cosas entresemana con los peques, que me encantaban, sobre todo con Biel, que otra vez tengo la sensación de que se está alejando de mí, y no me gusta. Durante la baja de maternidad, tras los dos primeros meses de caos, llegué a encontrar el equilibrio con los dos. Podía dedicarme a la niña y al niño. A la niña le daba el pecho, mimitos y demás y al niño también más jugar y leer cuentos. Ahora seguimos con la suscripción de My Little Book Box, que además de gustarme su filosofía de fomento de la lectura, fue un recurso que me ayudó a encontrar momentos solo para Biel y para mí, de hacer manuales juntos, de leer los cuentos, etc, pero el tiempo que le dedico es muy poco. No encuentro el momento de sentarnos con calma y hacer alguna actividad bien y tranquilos. Las hacemos pero enseguida quedan en el olvido. En cambio, las primeras cajitas que coincidieron con la baja de maternidad, las recuerdo con cariño, y el peque también (su tren de tips de almidón, su libro acordeón, los cuadraditos y redonditos…). Les dimos sentido a esas actividades, en cambio ahora me cuesta centrarme y darle el valor que tienen. Y a él, lógicamente, también le cuesta.

En fin, que siento que los días pasan rápido, enseguida acabará este segundo trimestre, ya hará tres meses que empecé a trabajar de nuevo… Y siento que todo va tan deprisa que no me da tiempo de saborear los momentos, de disfrutar de mis pequeños todo lo que debería. Es una pena, pero me siento así.