Y ya somos cuatro

Tras semanas y semanas deseando tener a mi niña en brazos y ser cuatro en casa, ya puedo decir que des del 25 de setiembre ya es una realidad. Ya pasada de cuentas, para variar, pero sin llegar a la semana 41, me puse de parto el día de mi santo. Todo el mundo hacía bromas de que pariría ese día, que se esperaría para es fecha, pues así fue, aunque nació la madrugada del 25 finalmente.
El día 24 me levanté con dolores de parto y además sangraba más abundante de lo que iba haciendo durante esa semana, des del tacto que me hicieron en monitores, y decidimos ir de urgencias. Nerviosa. Histérica. Sabía lo que me esperaba, pero aún así me llené otra vez de miedos y de “no podré” y “no sabré”. Llegamos a urgencias y me pasaron a un box. Me pusieron los monitores y me tactaron. Me dijeron que no estaba aún para quedarme, que faltaba un tiempo para acabar de dilatar y que me enviaban a casa. En el momento que me lo dijeron me volví a hundir… pero ¿cuando iba a ponerme yo de parto? Luego vino otra comadrona y me dijo que me enviaban a casa pero con la seguridad de que volvería a lo largo del día porque había empezado el parto. A cuadros me quedé. Me enviaban a casa porque era verdad que faltaba por dilatar y que estaría mucho mejor en casa, pudiendo darme duchas calientes o dando paseos para facilitar la dilatación. Así que volvimos a casa pero con el nervio en el cuerpo de que el parto ya estaba cerca.
Me pasé todo el día de mi santo pendiente de si tenía contracciones regulares (que iban y venían y me iba desanimando cada vez que paraban), dimos paseos, me duché, descansé… hasta que a las nueve de la noche volvieron los dolores. Estuve dos horas contando contracciones cada cinco minutos, y las últimas ya eran muy dolorosas. No podía ni aguantarme de pie. Dije a mi marido que llevara al niño a casa mi suegra (vivimos cerca) y que fuéramos corriendo al hospital. 
Llegamos y me volvieron a poner en el box. Me tactaron y me dijeron que estaba dilatada de 3cm. Yo estaba que me retorcía de dolor y me preguntaron si quería epidural a lo que casi la supliqué… Definitivamente soporto muy mal el dolor. La anestesista tardó una hora en llegar y yo pensaba que moría cada vez que tenía una contracción. Se nota que con Biel me pusieron la anestesia pronto y no tuve esos dolores. A las doce de la noche me pasaron a quirófano, ya que todas las salas de parto estaban ocupadas (¡¡menuda noche de partos aquella!!) y allí estuve esperando a la anestesista. A y media me la pusieron por fin… me tumbaron en la camilla y estuve esperando con mi marido. Vino la ginecóloga que llevaría el parto, me tactó y ya estaba de 9. En una hora había dilatado casi todo. Me dijo que en media horita volvería porque al ser el segundo salen más deprisa. Y así fue. A las 2 de la madrugada volvió, con una marabunta de gente (¿qué hacía tanta gente a esa hora?) y empezamos a ponernos a la faena. Cuatro empujones y ya tenía a mi niña fuera. Solo cinco minutos para expulsarla. Que diferencia con el parto de Biel que tardé tres cuartos de hora!! A las 02:05 llegó al mundo, con tres vueltas de cordón, la más preciosa de las niñas. Allí estaba mi niña. Me la pusieron enseguida encima, como hicieron con Biel. Y estuve con ella todo el rato que estuvieron para poder expulsar la placenta (una cosa más rara que pasó… se ve que se cerró el canal de parto y se quedó dentro…). Luego se la llevaron para pesar y vestir y me volvieron a poner en el box (en una cama esta vez) para ponérmela al pecho y estar una horita piel con piel. Después me pasaron a la habitación y a “descansar”.
Tengo que decir que el equipo médico de esta vez ha sido mucho mejor que en mi primer parto. Imagino que al ir ya de parto y al ser más rápido facilitó la faena. Aunque también es verdad que todas han sido infinitamente más amables y delicadas. La ginecóloga, comadronas e infermeras del parto geniales, intentando en todo momento que me sintiera a gusto y que sonriera, para disfrutar del momento. 
A punto de salir del hospital… enganchada, como no 😉

En casa ya
Y nada, más adelante ya os contaré qué tal lo llevamos en casa, qué tal Biel y qué tal nosotros. Y aunque me note un poco mejor que con Biel, la verdad es que no deja de ser un posparto y hay algún momento en que flojeo de ánimos, pero son muy pocos por suerte. En fin, ya os contaré. 
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