Un libro: Los ojos amarillos de los cocodrilos, Katherine Pancol

“La vida pasa entre mis dedos. Nunca he conseguido encontrarle el sentido. No vivo, ando ciega. Odio a la gente que me muestra esa imagen de mí que no me gusta y me odio por no ser capaz de tener el valor de cambiar. Basta con obedecer una sola vez  las leyes de los demás, con vivir en conformidad con lo que piensan , para que nuestra alma se resquebraje y se rompa. Nos resumimos en una apariencia.”

(Los ojos amarillos de los cocodrilos. Katherine Pancol. Ed. La Esfera de los libros. P.170)
Ya hace días que vengo diciendo que hablaría de este libro. Y la verdad es que me cuesta decidirme hacia donde enforcarlo porque es un libro que me ha gustado pero, a la vez, hay aspectos que no me acaban de convencer. Cabe decir que es un libro ligero, aunque tenga más de seicientas páginas, es ágil de leer y no tiene mucha historia más allá que te haga reflexionar en profundidad. Tiene, eso sí, montones de citas y frases en las que pensar sobre la vida, sobre el amor hacia uno mismo, hacia la importancia de las cosas. Fragmentos que me gustaría compartir porque siempre ayudan para reconducir el día a día si hay  momentos en que una se siente mal por el motivo que sea.
Intentaré no hablar más allá del argumento para no chafar la historia a nadie por si os quereis leer el libro (o si lo estáis haciendo en este momento). La novela trata de Joséphine, una mujer fracasada ya que su matrimonio se rompe, su hija mayor no la respeta, su trabajo y estudios no son respetados y siempre es tratada con inferioridad, como alguien insignificante. Ella se siente, pues, fea, aburrida, poco interesante para los demás. Siempre ha estado a la sombra de su hermana Iris, que es todo lo contrario a ella: una mujer guapa, rica, triunfadora en aspecto social, la preferida de su madre. Aunque Joséphine tiene algo de que Iris cadece: sensibilidad, bondad, perseverencia en el trabajo y más cosas que ella misma irá descubriendo a lo largo de la historia.
Me ha gustado el valor de esta madre por tirar adelante, pese las dificultades, pero también me sacaba un poco de quicio que la pinten como tan “blandengue”; tampoco me ha gustado el tono que la autora ha usado cuando su hija Hortense se dirige a ella. Encuentro que es un poco cruel, pero también imagino que puede ser que haya casos que se den de hijas o hijos que traten así a sus madres, aunque para mí sea impensable. Hay detalles de la vida de los personajes que son un poco inverosímiles, pero de esto ya os daréis cuenta cuando leáis el libro. Pero pese a esto, que creo que es una premisa que debes aceptar una vez lees una novela (el creerte aquello que la autora presenta en la historia), la novela trata de mujeres, bien distintas, las que somos, las que algunas querríamos ser, las que algún día podremos ser o las que no. Es una novela que trata aspectos de la vida cotidiana y como tal podemos llegar a sentirnos identificadas con los diferentes personajes. Algunos más que otros.
A nivel narrativo, he dicho que es una novela ágil y rápida de leer. Lo que me sorprende, es el salto que hace de la primera a la tercera persona en el mismo párrafo, sin distinguir cuando empieza el pensamiento de un personaje o cuando acaba ni tampoco cuando el narrador en tercera persona nos presenta a éstos o los detalles de lo que están haciendo en aquél momento. Queda un poco raro, la verdad.

Aún así, os recomiendo la lectura del libro y que podamos compartir las opiniones de él, tanto buenas como malas. Y para acabar, os dejo otra cita del libro:

“La vida es una persona, una persona que hay que tomar por compañera. Entrar en su corriente, en sus remolinos, a veces te hace tragar agua y te crees que vas a morir, y después te agarra por el pelo y te deja más lejos. A veces te hace bailar, otras te pisa los pies.  Hay que entrar en la vida como se entra en un baile. No parar el movimiento llorando por uno, acusando a los demás, bebiendo, tomando pastillitas para amortiguar el golpe. Bailar, bailar, bailar.”

(Los ojos amarillos de los cocodrilos. Katherine Pancol. Ed. La Esfera de los libros. P.579-580) 





¿Es o no es así?
¡Buena lectura!
Los ojos amarillos de los cocodrilos

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Y vuelta a la rutina

El verano está tocando a su fin. Agosto quedó atrás y hemos dado la bienvenida a septiembre. Mañana ya muchos de nosotros volveremos a nuestros puestos de trabajo y dejaremos atrás las vacaciones. Cada año que llegan estan fechas pienso igual: ¡qué rápido han pasado! De cogerlas con muchas ganas a mediados de julio y de hacer planes para este verano para que lleguen a su final y pienses que cómo puede ser que pasen de esta manera… Aunque bien es verdad que este año las he disfrutado mucho y han dado de sí. 
Es el primer año que apenas he tocado nada del trabajo (he ido haciendo cositas, como buscar canciones, mirar libros, etc, pero aquello de ponerme horas a trabajar, no). Esto puede ser bueno o malo, según lo mires: bueno porque he dedicado el máximo de tiempo a descansar, a estar con mi hijo, familia y amigos, a salir de paseo o de excursión, de leer… A hacer cosas que a partir de mañana no podré hacer con tanto sosiego y tranquilidad. Malo porque también hubiera estado bien adelantar algunas actividades que tenía en mente y que ahora tendré que hacer a contrareloj… pero bueno, como estaré también ya centrándome en el trabajo de este curso pues lo haré más rápido.
Este verano, hemos ido de vacaciones al País Vasco y al pueblo de toda la vida, donde tenemos un apartamento; hemos ido a la playa, Biel se ha bañado por primera vez en el mar; hemos estado juntos muchas horas y hemos aprendido cositas nuevas como poner un cubo dentro de otro, o hacer una torre con los cubos, o pasar cuidadosamente las hojas de un libro y tocar las texturas o los botoncitos que hay para que los animalitos emitan sonidos; hemos caminado mucho y Biel ha aprendido a coordinar su cuerpo para bajar de la cama (la nuestra) o para subir al sofá; hemos disfrutado de más tiempo en las comidas para enseñarle a comer a trocitos lo mismo que nosotros… Simplemente con estar con él el día a día y ver sus pequeños logros y la felicidad que le producen al hacerlas ya vale la pena.
Por mi parte, también he dedicado un poco más de tiempo al blog y de hecho ya sabéis que lo di a conocer en un programa de radio. He conocido a una de las mamás blogueras de la red en persona, a Paris, y a muchas más blogueras en la red a partir de aquel día porque me empezastéis a seguir por twitter o por el perfil de facebook y yo os empecé a leer. Me ha dado un punto más de seguridad y ganas de no dejar tanto el blog sin actualizar. También en estos meses de vacaciones me ha dado tiempo de leer ¡dos libros! Los dos son 1Q84 de Haruki Murakami (una trilogía dividida en dos volúmenes). Ahora estoy en plena lectura de Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol; llevo más de la mitad del libro pero no me dará tiempo de acabarlo antes de mañana, el cual era mi reto. Pero bueno, no lo dejaré pues como os dije en la anterior entrada es un libro que me está gustando mucho y de éste haré una reseña para que podamos opinar de él. 
En definitiva, llega la época de la vuelta al cole, el inicio de nuevos proyectos y, en un corto plazo, de vuelta a la rutina. ¡Que no sea dura!

Citas literarias (I)

Ya comenté hace unos días que una de mis pasiones era leer y que si me animaba os hablaría de libros también en el blog. Pues bien, más que hablar de un libro en concreto, en cuanto a trama y temas se refiere, os traigo una cita extraída del libro que ocupa ahora mismo mi mesita de noche: Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. 
Aún no he acabado de leerlo pero de momento me está gustando. No es un novelón en mayúsculas ni tiene muchas pretensiones, pero es ágil de leer y tiene ciertos pasajes que son bonitos y dignos de ser recordados. Además, habla de mujeres, de las relaciones entre ellas, con sus familias y amigos, y de la visión que tienen de ellas mismas. ¿Os lo habéis leído o tenéis intención de hacerlo?
Aquí va la cita:

A Joséphine le hubiese gustado detener el tiempo, quedarse con ese momento de felicidad y guardarlo en una botella. La felicidad, pensó, está hecha de pequeñas cosas. Siempre se la espera con mayúsculas, pero llega a nosotros de puntillas y puede pasar bajo nuestras narices sin darnos cuenta.

¿Qué os parece? Siempre esperamos el gran momento de felicidad pero ésta se encuentra en las pequeñas cosas que vivimos durante el día a día, y tenemos que saber disfrutar de estos pequeños momentos. Por ejemplo, al principio de este verano, en el mes de julio (¡qué lejos queda ya!) fuimos de vacaciones a San Sebastián. Allí vivimos momentos bonitos, momentos especiales, recorrimos la ciudad montones de veces, allí nuestro niño daba sus primeros pasitos por el mundo, empezaba a despuntar sus momentos de independencia. Unas vacaciones geniales, para qué negarlo. Pues bien, en sí no pasó nada del otro mundo pero precisamente por eso, que disfrutábamos de cada pequeño gesto, de cada sonrisa, de cada beso, hizo que la estancia en Donostia fuera excepcional. Y éste sería solo un ejemplo de estas vacaciones fuera, ¡pero hay miles de ejemplos!
Y vosotros, ¿ya buscáis la felicidad en las pequeñas cosas?
Besito en el peine del viento